Muerte de la Luz de George R.R. Martin

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Antes de empezar quiero hacerte una confesión: me ha costado mucho hacer esta reseña.

Han pasado ya cinco meses desde que leí Muerte de la Luz y, desde entonces, he leído otras novelas que están a la espera de su reseña correspondiente. Pero soy un poco maniática y, si no sigo el orden de lectura, siento que el planeta puede replegarse sobre sí mismo y desaparecer.

En fin, te preguntarás el motivo por el que me ha costado tanto ponerme con esta reseña, y, si no te lo preguntas, ya habrás adivinado que te lo voy a contar igual. La cuestión es que George R.R. Martin es mi autor fetiche, mi autor de cabecera, aquel en quien me fijo a la hora de construir mis historias. Y, claro, reseñar una de sus obras me parece de una responsabilidad paralizante.

Pero como dicen eso de que “mejor hecho que perfecto” (sigo luchando internamente contra mi opinión al respecto de esta afirmación), no me enrollo más y voy a hablarte de Muerte de la Luz.

🔎 Ficha técnica

Título: Muerte de la luz (Título original: Dying of the Light)
Autor: George R.R. Martin
Ilustraciones de cubierta: Estudio Fénix
Traducción: Carlos Gardini
Número de páginas: 295
Año de publicación:
1977
Editorial: Ediciones Gigamesh
Enlace de compra: En papel

📜 Sinopsis de la editorial

La novela más romántica y cautivadora que ha dado la ciencia ficción. Una historia de amor con las estrellas como telón de fondo.

Worlorn, durante su esplendor, albergó el fastuoso Festival de los Mundos Exteriores; ahora es un planeta moribundo que se aleja irremediablemente de la Rueda de Fuego para sumirse en una noche sin fin. A él viaja Dirk t’Larien con la esperanza de reencontrar el amor de Gwen Delvano y expiar errores del pasado; pero en su lugar hallará a Gwen unida por jade-y-plata a Jann Vikary y a su teyn, Garse Janacek, en un vínculo incomprensible de amor y de odio, tan terrible y a la vez tan grandioso como el fin inevitable de Worlorn.

Muerte de la luz es una de las historias de amor más hermosas jamás contadas. Su protagonista se debate entre el amor egoísta, que reclama el ser querido para sí, y la lealtad a un grupo, ese otro tipo de amor que es a la vez instinto de supervivencia en un entorno hostil como el de Worlorn. Martin, con su prosa delicada y sincera, hechiza al lector y lo conduce a través de ciudades y paisajes de ensueño hasta lo más profundo del alma humana.

Te lo resumo

Esta historia, narrada en tercera persona equisciente, nos sitúa en un escenario futuro muy lejano en el que los habitantes de la Tierra (la vieja Tierra) se han expandido por el universo dando paso a nuevas civilizaciones y culturas.

La acción de la novela tiene lugar en Worlorn, un planeta errante englobado dentro del Universo de los Mil Mundos creado por GRRM, que agoniza porque su órbita se aleja irremediablemente de los soles que lo mantienen vivo.

Tiempo atrás, cuando el planeta errante vivía su apogeo y su período de máxima cercanía a los soles, se decidió celebrar en Worlorn el Festival del Confín, una especie de Exposición Universal de dimensiones cósmicas en la que catorce mundos construyeron catorce ciudades a imagen de sus planetas, con su tecnología, su fauna, su gastronomía y sus costumbres.

Ahora Worlorn está muriendo y la mayoría de aquellas grandes ciudades no son más que esqueletos grises y abandonados.

Con este telón de fondo, Dirk T’Larien, nuestro protagonista, recibe la llamada de un antiguo amor al que no ha podido olvidar: Gwen Delvano. Aunque tiempo atrás Dirk ya había intentado contactar con Gwen y no había recibido respuesta, no duda ni un segundo en acudir a su llamada, con la esperanza de poder recuperar aquello que los unió una vez.

Dirk llegará a Worlorn en busca de su viejo amor y se encontrará con un escenario muy distinto al esperado. Tendrá que lidiar con culturas y costumbres muy distintas a las suyas, lo que le llevará a plantearse sus propias creencias, lealtades y prioridades.

Gwen es ecóloga y se encuentra en Worlorn en una misión de estudio junto a Jaan Vikary y a Garse Janacek, a quienes está unida por jade-y-plata, una especie de matrimonio o relación de pertenencia que no dejará al lector indiferente… ni a Dirk.

Nuestro protagonista, un idealista soñador y bastante inmaduro, se ve sumido en una total falta de capacidad para comprender lo que le cuenta su antigua pareja. No es capaz de asimilar  ni de aceptar la relación de sometimiento que percibe que Gwen mantiene con Jaan y Garse. Por esta razón, el principal objetivo de Dirk será liberar a su Jenny (Gwen) de esa relación y convencerla de que escape con él.

En su intento de llevarse a Gwen lejos de Worlorn, de Jaan Vikary y de las costumbres kavalares, Dirk se verá envuelto en una cacería humana en la que la prioridad será sobrevivir. Su percepción de cómo deberían ser el mundo y las relaciones se irá modificando y desdibujando hasta que tanto él como el lector dudarán de lo que está bien y lo que está mal.

Y, como estamos hablando de una obra de George R.R. Martin, voy a permitirme el lujo de

citar al despreciable Ramsay Bolton de la serie Juego de Tronos, y te diré que “si crees que esto tendrá un final feliz, es que no has estado prestando atención”.

👉 Mi Muerte de la Luz

A estas alturas de la película, ya no es ningún misterio que mi autor favorito de todos los tiempos es George R.R. Martin. Lo que me atrapa del autor es su forma de escribir. Martin encuentra siempre la metáfora perfecta para ofrecer la imagen más vívida. Leer un libro suyo es lo más parecido a estar viendo una película… de chorrocientas mil horas, eso sí.

En fin, como George es el espejo en el que intento mirarme a la hora de forjar mi propio estilo y como disfruto como una niña leyendo sus novelas, no dudé ni un instante en comprar sus primeras obras cuando me enteré de que Gigamesh tenía una sección de Outlet en la que prácticamente regalaba los libros de Martin que no tenían que ver con Canción de Hielo y Fuego.

Y así es como llegué a mi Muerte de la Luz.

❓ ¿Qué me ha parecido?

Si eres fan de Martin, sabrás que le encanta meter en sus novelas referencias y homenajes a todo tipo de cosas: desde otras obras literarias hasta nombres de jugadores de fútbol americano o de personajes de Barrio Sésamo.

En el caso de Muerte de la Luz, la referencia más evidente es aquella que tiene que ver con el mito Artúrico:

-la coprotagonista de la historia es Gwen, a quien Dirk llama en varias ocasiones “mi Jenny“. Tanto Gwenhwyvar, como Guinevere, como Jennifer son variantes del nombre Ginebra, la esposa y reina del Rey Arturo

-en un momento del relato, se hace referencia a la historia entre Lanzarote y Ginebra

uno de los planetas que se nombran en la novela y en otras obras de Martin situadas en el Universo de los Mil Mundos es Avalón. Este planeta recibe el mismo nombre que el lugar donde reposa Arturo a la espera del momento en que sea necesario su regreso

Y, aunque evidentemente no se trata de referencias a Canción de Hielo y Fuego, porque esta obra está escrita casi veinte años antes del primer tomo de la saga, como fanática enfermiza de CDHYF encontré algunos pasajes en los que me pareció ver el germen de ideas futuras:

-la ciudad de Larteyn me recordó a la idea de Roca Casterly que aparece en los libros: “Lo que ves es solo la punta del iceberg. La ciudad está en las entrañas de la roca”, “Una profunda fortaleza tallada en la roca”

-los arcianos debían rondar por la mente de Martin desde hacía mucho, porque describe un árbol que me resultó familiar: “arrancó una hoja de un arce de fuego, y vio que las nervaduras rojas y delgadas se habían ennegrecido. Y los maderaplatas ya eran de un gris polvoriento”

-podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que la obsidiana es el mineraloide favorito de Martin, a juzgar por la cantidad de veces que aparece en sus obras. Y Muerte de la Luz no es una excepción: “Volvió con tres copas de licor negras como la obsidiana”

-encontré también pasajes que me recordaron de algún modo a los Dothrakis y a su Dosh khaleen, pero podrían deberse a la influencia de CDHYF a la hora de enfrentar la lectura

Por supuesto, todas estas referencias obedecen a la percepción personal de alguien que ha releído varias veces las novelas que tienen que ver con el Mundo de Hielo y Fuego. Puedo estar completamente equivocada y aun así disfruto mucho haciendo mis propias conjeturas. Supongo que al final se trata de eso: de disfrutar leyendo. Así que misión cumplida.

Pero vamos a lo realmente importante, que es saber qué me ha parecido Muerte de la Luz.

Lo primero que me gustaría destacar es que se trata de la primera novela de Martin y, aunque su estilo es claramente reconocible, esta obra es notablemente más lenta que sus últimas creaciones.

Canción de Hielo y Fuego destaca por tener un ritmo casi cinematográfico. A pesar de tener pasajes muy descriptivos o de introducción al mundo, siempre está pasando algo y todo lo que aparece en las novelas hace avanzar la trama de algún modo.

En cambio, Muerte de la Luz tiene diálogos larguísimos, sin apenas acotaciones y con muchísimas explicaciones, que hacen que la lectura se ralentice y se haga un poco cuesta arriba en muchos momentos. De hecho, la acción de la novela empieza en la página 120, que tratándose de un libro de 295 páginas (glosario incluido) puede ser tarde. Es fácil abandonar la lectura si no tienes un gusto especial por la narrativa de Martin.

Otro punto fuerte del autor suele ser la construcción de personajes, pero en esta historia, aunque son interesantes y complejos, están a años luz de los que ha creado George en las últimas décadas. Esto es especialmente notable en el personaje de Arkin Ruark cuyo papel en la trama resulta ser definitorio, pero que no está suficientemente construido o bien presentado, y deja en el lector la sensación de que le han hecho trampa.

Sin embargo, el estilo de Martin sigue siendo reconocible y cumple con otra de sus grandes virtudes como escritor: la maestría a la hora de construir sus mundos. Si bien el mundo de Worlorn roza más lo onírico que lo fantástico o cienciaficcionesco (permíteme el palabro), está construido magistralmente y con el nivel de complejidad acostumbrado por Martin: mitología, historia, evolución, tradiciones, costumbres, comercio… En fin, hay tantos hilos de los que tirar que podría construir otra saga.

Como ejemplos de la construcción de este mundo, podría destacar muchos pasajes o detalles como las tablas voladoras (antes de que salieran en Regreso al Futuro); Kryme Lamiya, una ciudad sirena cuyos edificios están construidos de tal manera que cuando el viento pasa a través de ellos canta una melodía trágica que induce al suicidio; joyas que susurran emociones y sentimientos que han dejado impregnados sus propietarios; trajes de tela de camaleón que cambian de color, etcétera. Personalmente, me quedo con la construcción de la religión y las costumbres de los kavalares, aunque para saber más tendrás que leer el libro o esta reseña no terminará jamás.

Volviendo a los personajes, el más interesante termina siendo Jaan Vikary por estar inmerso en un intento de reforma de su sociedad; y el mejor (a mi parecer) termina siendo Garse Janacek, que empieza siendo un misterio y alguien a quien odias, pero que se va ganando un lugar en tu corazón.

Por otro lado, he leído por ahí que el personaje de Gwen es odioso y vacío, pero no estoy de acuerdo. Lo que creo es que Gwen se aleja de lo que los personajes femeninos de ficción suelen hacer en cuestiones amorosas. Gwen no lo deja todo por amor, porque sabe que el amor es un constructo y, por sí solo, no es suficiente. La tachan de fría cuando la realidad es que busca la estabilidad social, sentimental y emocional. Y quién no. Además, el personaje de Gwen y su relación con Dirk nos dejan una reflexión muy interesante: ¿amamos a nuestra pareja por quien es o por quien nosotros creemos que es?

Antes de terminar, quiero destacar el papel de Worlorn en la novela. El planeta moribundo es un personaje de peso en la historia y podemos reconocer en él una metáfora del recorrido vital de nuestro protagonita o, incluso, una metáfora de la relación entre Dirk y Gwen.

En fin, nos encontramos ante una historia de desesperanza preñada de melancolía, que ya se adivina en la dedicatoria de la novela a un amor perdido: “A Rachel, que una vez me amó”.

Es la historia de un mundo que se muere y del reencuentro con un amor del pasado en el que ninguno de los dos es la misma persona. Una historia de amor, sacrificio, lealtad, choque de culturas, supervivencia y necesidad de pertenencia. Una historia que nos muestra los peligros del fanatismo, la necesidad de respetar y comprender al otro, y la importancia de tomar partido.

Muerte de la Luz es una crítica al racismo, a las teorías supremacistas, al clasismo y al machismo disfrazada de historia de amor espacial. Una historia en la que Martin hace gala de su gusto por los finales agridulces que nos rompen el corazón.

¿Que si me ha gustado? Mucho. La he disfrutado palabra por palabra y me ha ayudado a superar durante un tiempo la amarga espera de Vientos de Invierno.

¿Que si la recomiendo? Si te gusta la narrativa y el estilo de Martin, sí. Disfrútala, llénala de post-its y relee pasajes que son pura orfebrería. Si eres de los que leen a Martin por las tramas, pero te saltas los párrafos descriptivos o lees en diagonal cuando se adentra en la meta-historia de Poniente, entonces esta novela quizá no es para ti.

Nota: ⭐⭐⭐ / 5

Disfrútalo y cuéntame en los comentarios qué te ha parecido.

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