La operación pañal que no fue

Cuando alguien nombra la “operación pañal”, lo primero que se me ocurre es que unos adultos han decidido (previa valoración de que el niño está preparado o sin ella) retirar el pañal a su hijo/a, lo haya pedido éste/a o no, y a ver qué pasa. De hecho, los grupos sobre crianza están repletos de consultas sobre cómo quitar el pañal (respetuosamente o no, unilateralmente o no); es evidente que es un tema que preocupa a muchos aunque a mí nunca me ha quitado el sueño.

Si habéis llegado hasta aquí en busca de tips o consejos, lo siento, hoy vuelvo a decepcionaros porque no los encontraréis en mi post. Aunque, si queréis seguir leyendo, quizá salgáis de aquí con algo parecido a una sensación de alivio y/o tranquilidad.

En mi caso, no sabía muy bien cómo me iba a enfrentar a esta etapa cuando llegara y, sinceramente, jamás me planteé estrategia alguna porque lo único que tenía claro es que iba a seguir el ritmo de mi hija: cuando ella quisiera, sin prisas, sin chantajes, sin engaños, sin presiones, sin conveniencias, sin premios, sin castigos, sin enfados, sin circos… con normalidad.

No nacemos para llevar pañales

A cualquier persona que haya intentado colocar o cambiar un pañal a un recién nacido, ya le habrá quedado sobradamente claro que no nacemos predispuestos a llevar pañales. No los necesitamos, no los queremos, nos molestan (mucho) pero hacen la vida del adulto más fácil. Con lo difícil que es acomodar la vida a la llegada de un bebé recién nacido, sólo nos faltaría dejarlos a calzón quitao’ para terminar de desbordarnos y enloquecer (si alguien lo hace, vaya mi más profunda admiración).

Salvo algunos tiempos (cortos) intermedios de tregua, mi hija estuvo quejándose en cada cambio de pañal prácticamente desde el primero hasta el último. Creo que está claro que llevar pañal es molesto.

Teniendo presente que, que te pongan un pañal no es el colmo de la comodidad y que ponerlo es una “tirita” que colocamos a nuestra conveniencia (de los adultos), tendremos que comprender que haya niños a quienes les cueste más dejarlos cuando a nosotros nos interesa. Tendremos que comprender que, aunque creamos que están preparados y aunque tengamos la certeza de que son capaces de controlar esfínteres, es lo más normal del mundo y no tiene nada de malo que se sientan seguros con ellos y les cueste abandonar esa zona de confort. Aunque les molesten. Aunque les den calor. Aunque nos suenen a dinero que podríamos ahorrarnos.

Dicho esto, y ahora que creo que ya puedo considerarlo “a toro pasado”, voy a contaros un poco como ha sido nuestra experiencia con el control de esfínteres.

La operación pañal que no fue

Tengo anotado en la agenda el primer pipi que mi hija hizo en el WC. Y la primera caca. Y el primer día que salió a la calle sin pañal. Y el primer día que fue definitivamente sin pañal, incluso a la guardería.

Lo anoté como algo anecdótico y no lo he vuelto a mirar desde entonces, así que no sé si eso pasó hace mucho o poco. No sé si ha pasado un mes, dos o cinco desde su primer pipi en el váter y no sé cuánto tiempo pasó desde ese momento hasta que abandonó definitivamente el pañal. Y no lo sé porque me da absolutamente igual, porque no reviste la más mínima importancia si lo ha conseguido en menos o más tiempo, porque lo habría conseguido de todas formas tanto si lo hubiera anotado como si no y porque si no lo hubiera conseguido y hubiera querido regresar a los pañales sería tan simple como posponer este post y escribirlo más adelante relatando una experiencia más larga.

Lo apunté como algo curioso para recordar, del mismo modo que guardo mis pruebas de embarazo positivas o las pulseras del hospital; sólo un recuerdo más para ella que quedará también para mi consuelo en esas noches solitarias en las que haya volado de mi cama, de mi pecho, de mi regazo, de mis alas y de mi nido (que sí, que sí, que eso pasará a pesar del monstruo del apego).

Ya hacía tiempo que mi hija se quejaba más de lo habitual en cada cambio de pañal, incluso se lo había quitado ella sola varias veces (incluso cargado con cacas que salían volando). Se había convertido en algo verdaderamente engorroso para ella y para nosotros, por qué no decirlo. Fuera de casa ni se acordaba de que lo llevaba (aunque no le hacía mucha gracia tener que cambiárselo) pero, en casa, cada cambio era una historia interminable (por no decir que soy de las que cambia el pañal cada, como muchísimo, tres o cuatro horas aunque esté limpio; si llevar una compresa ya crea un ambiente genital bastante desagradable no quiero ni imaginar cómo es llevar un pañal).

Así que, coincidiendo que, tras mucho tiempo sentándose -por petición propia- en el váter sin hacer nada, empezó a hacer pis en él; que muchos de los pañales que cambiábamos estaban secos; que empezó a hacer buen tiempo; que yo tengo tiempo para estar con ella y atender sus señales y necesidades; y que la niña no quería tantos pañales, empezamos –cuando estábamos en casa- a preguntarle antes de cada cambio de pañal si quería ponerse otro o ponerse unas braguitas. Y así fue como paulatinamente nuestra pequeña no los quiso ni los necesitó para llevarlos ni en casa, ni en la guardería, ni en la calle.

No hay camino llano

Por supuesto, el camino hacia abandonar el pañal, como hacia cualquier otro hito de crecimiento, no es una línea recta y hemos pasado por distintas fases (considero fases también aquellos casos que se han dado una sola vez). Desde pedir el pis o la caca cuando ya se lo había hecho o se lo estaba haciendo (en el pañal), hasta pedir el pañal para hacer pis o caca y el resto del tiempo andar sin él, o tener dominadísimo el control de esfínteres pero olvidarse de que tiene pis mientras está entretenida, o entretenerse demasiado para subir al WC (<<yo sola, tú no me ayudas>>) y que el chorrillo salga descontrolado antes de tocar la taza con el culo, o sentarse en el váter con las piernas demasiado levantadas y que el chorrillo salga fuera del inodoro como una fuente, o decir <<mama, yo sola caca al váter>> y que no le dé tiempo a subir… Todos estos accidentes o piedras en el camino han sido -y son- gestionados sin una riña o bronca, sin una sola ridiculización o humillación (<<¡tan grande y te haces pis encima!>>, <<no sabes hacer pis en el WC, te tendremos que poner pañal como a un bebé>>, estos comentarios NO, por favor, NUNCA), con mucha comprensión y mimos. Aún así, ella los ha vivido (en alguna ocasión) con llantos de impotencia y frustración que hemos intentado atajar con la mayor de las ternuras; más motivo aún para no reprender sus descuidos y que sepa que no pasa absolutamente nada y que lo que le ha pasado es lo más normal del mundo y parte del camino.

La cuestión es que ella sola ha ido quemando etapas. Ella ha propuesto y nosotros hemos dispuesto. Nos hemos limitado a explicarle, a preguntarle cuando está muy entretenida y vemos que se echa mano a la entrepierna, y a acompañarla. Y sentimos que todo ha ido fantásticamente bien porque así lo hemos vivido.

Ahora, nuestra hija, sólo usa el pañal para dormir y, aunque el noventa y cinco por ciento de las noches se levanta seca (en la siesta no lo lleva desde el primer momento en que decidió dejar de usar pañal durante el día), creo que por el momento ni se plantea el dejarlo y, de hecho, ella misma lo pide (cosa que, teniendo en cuenta que colechamos, se agradece). Pero, en cuanto diga <<no lo quiero más>>, ahí estaremos nosotros para no ponerlo más y para sudar en la cama con el protector para el colchón 😛 .

Factores externos que he intentado evitar

Puesto que el control de esfínteres es algo a lo que llegamos de forma natural (salvo desajuste psico-motor) y no tiene nada de excepcional, no quería que se convirtiera en un circo.

Por supuesto que es magnífico decir a los niños las cosas que hacen bien pero creo que, para que algo sea normal, además tiene que parecerlo. Por ello, ya hacía bastante tiempo que mi hija utilizaba el WC en casa o en lugares públicos cuando lo empezó a usar en casa de los familiares, y supieron que no llevaba pañal cuando la vieron sin él y ya llevaba sin usarlo unos días (eso de entrar en casa de los abuelos al grito de <<¡¿Sabéis quién no lleva pañal?! O ¡¿Sabéis quién hace pis en el WC?!>> no va conmigo y además me parece de muy mal gusto). Del mismo modo que cuando empezó a ir sin pañal a la guardería, ya tenía el hábito más que consolidado en casa. Sin  anuncios rimbombantes, sin fiestas, sin espectáculos. Con absoluta normalidad.

Quería evitar esas comidas con todo el mundo preguntándole a mi hija cada cinco minutos si tiene pis o caca. Quería evitar que en la guardería utilizaran algún método poco respetuoso que, aunque sé que no es el estilo del centro, nunca sabes cómo puede reaccionar otra persona que está al cuidado de varios niños a la vez (por cierto, nunca han tenido que cambiarle la ropa, lo que es buena señal, sin duda). Quería evitar los corrillos de maestras haciendo la ola porque ha hecho pis en el váter. Quería evitar los <<muy mal, el pis se hace en el WC>>. Quería evitar que para mi hija se convirtiera en un juego o en algo que hacer para llamar la atención cuando puede llamarla de cualquier otro modo que no interfiera en su aprendizaje de hábitos y costumbres.

Del mismo modo que atajé cualquier atisbo de espectáculo cuando empezó a compartir mesa con el resto de la familia extensa, quise atajar cualquier atisbo de espectáculo a costa del control de esfínteres. Ambas cosas son logros puramente biológicos que hacemos varias veces al día durante toda nuestra vida y que no tienen más importancia que descartar cualquier posible desajuste psicomotor, que no es poco, claro.

No me malentendáis, yo soy la primera que ha exclamado un <<¡muy bien ese pipi!>> frente al inodoro, y soy la primera que le transmito a mi pequeña lo importante de sus logros, pero me resisto a convertir su crecimiento en un espectáculo y que se convierta en tema único en la mesa. Los niños son personas, no monos de feria.

Además, tened en cuenta, que en muchas ocasiones y sin mala intención alguna, los mismos que alaban de forma desmedida y que montan escenas bíblicas de felicitación exagerada son los que después recurren al <<¿qué eres, un bebé pequeño que te has hecho pis encima?>> o <<¡¿tan grande y te haces pis encima?!… por aquello de seguir contribuyendo al espectáculo.

Es una etapa más. Que deje huella, no pisadas

Vuestros hijos son especiales y maravillosos porque lo son, no porque caminen antes, hablen antes o dejen el pañal antes.

Incluso niños que tienen superadísimo el control de esfínteres pueden orinarse o hacerse caca encima alguna vez y, no, no pasa nada, ni son malos, ni son tontos, ni tienen un problema, ni nos ponen a prueba. ¿Nunca se os escapó nada a una edad que podáis recordar? ¿Nunca os sentisteis asquerosamente mal cuando, a punto de salir de clase, no pudisteis aguantar más y el pis os corrió patas abajo? Yo sí. Y, en ese momento, ¿qué habríais preferido? ¿Qué vuestro cuidador os recibiera con una reprimenda o con un mimo? Yo lo tengo claro y, afortunadamente, a mí me estaba esperando un mimo.

Pues si a mí (o a ti), que me pasó a una edad que puedo recordar, hubiera preferido un mimo, imagínate a tu hijo/a que es mucho más pequeño de lo que yo era en ese momento.

De cómo acompañéis a vuestros pequeños en esta fase dependerá una parte de cómo os sienten ellos de cercanos. No dejéis que una etapa tan bonita como ésta se convierta en una etapa de pérdida de confianza y naturalidad de vuestros hijos. Sería una auténtica pena. Son fantásticos, capaces, maravillosos, sabiduría en estado puro; transmitídselo, creéoslo, disfrutadlo.

Dejad en ellos huellas de besos y abrazos, no pisadas.


Os dejo un fragmento de Bésame Mucho porque Carlos González se explica mejor que yo y goza de más credibilidad 😉 :

<<Todos los niños sanos (y buena parte de los enfermos) controlan perfectamente el pipí (de día) y la caca a los cuatro años o bastante antes. Por lo tanto, la pregunta no es «¿qué tengo que hacer para que mi hijo aprenda a usar el retrete?», pues haga usted lo que haga, tanto si lo hace todo «bien» como si lo hace todo «mal», o incluso aunque no haga nada de nada, su hijo aprenderá. La pregunta es «¿qué puedo hacer para que mi hijo no sufra mientras aprende a usar el retrete?» Y la respuesta es «más vale que no haga nada». O que haga lo menos posible.
Cuando los padres hacen algo, cuando sientan al niño a ciertas horas en el orinal, cuando le obligan a estar sentado hasta que hace algo, cuando le riñen si se lo hace encima, a la larga el niño aprenderá también a ir al retrete, pero será desgraciado en el proceso (y sus padres también).>>

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6 pensamientos sobre “La operación pañal que no fue”

  1. Qué bueno el post. Me hab gustado mucho algunas frases, como la del hito de crecimiento. Hay que vivirlo así, como un paso más pero sin darle toda la importancia del mundo para evitar frustraciones. Me ha gustado vuestra manera de vivirlo. Nos queda poco más de un mes para empezar el colegio y mi hijo sigue con pañal, ni lo hemos intentado. Está verde, verde, así que esperaremos, a pesar de que en el cole nos dicen que empiece sin él. Probaremos en agosto, por si acaso. Con calma y tranquilidad, pero sin presiones. Y ai en septiembre empezamos con pañal, genial. No puedo entender que este tema se exija cuando los niños tienen un desarrollo tan diferente unos a otros. Y más los de diciembre y prematuros… En fin…

    1. ¡Hola Idoia!

      Me alegro de que te guste el post. La verdad es que a veces se crea una presión externa sobre cosas tan simples como éstas que las acaban haciendo complicadas. Una pena.

      Te sigo y sé de tu angustia por el inminente comienzo de nuevo curso en el cole de «mayores». Parece que por cambiar de edificio los pequeños tengan que cumplir unos parámetros establecidos como si fueran robots. Cada uno tiene su ritmo y es muy frustrante (sobre todo para el niño) que pretendan equiparar el desarrollo de un niño de enero con el de un niño de diciembre sólo por el hecho de que en el DNI tienen el mismo año de nacimiento. Espero que al final todo transcurra de una forma que os haga feliz a todos.

      Un abrazo 🙂

  2. Me ha encantado el post! Yo estoy como el comentario anterior de Y, admás, mamá. Mi pequeña va a empezar el colegio y lleva pañal. Le preguntamos en cada cambio si quiere ir, la mayoria de veces no quiere. Cuando dice que si no hace nada, creo que solo ha hecho una vez pipi y otra vez caca, solo una vez de cada.
    Si en el colegio me piden que la lleve sin pañal no la voy a llevar; que prisa tienen? Yo tengo que mirar lo mejor para ella y no creo que sea meterle prisa…

    1. Hola Mei,

      Supongo que será cuestión de hablarlo seriamente con el centro. Todos podemos entender que tener una clase con veinticinco niños que llevan pañal puede llegar a ser «un problema» que quita tiempo de hacer otras muchas cosas pero todos sabemos también que, precisamente por la presión social, son pocos los niños que llegan al cole llevando pañales. Por eso mismo, deberían ser más flexibles con este tema. Espero que todo fluya y sea un proceso feliz para todos, sobre todo para vuestra pequeña.

      Un abrazo 🙂

  3. Que bonito escribes Laura Blanch. Soy de Guatemala y estoy en ese proceso con mi primer hija de 3 añitos, al nacer su hermanito (ya tiene1 año) ella imitaba al bebe, asi que ni me preocupe para que dejara el pañal, ademas apenas tenia año diez meses, pero hace unos 6 meses mis papas me han montado la perseguidora con eso y han rebasado mi forma de crianza (que es ir al sus ritmos), que he optado por alejarme de mi familia, es algo que me pone triste pero mi prioridad son mis hijos. Y que bonita tu experiencia. Yo te quisiera preguntar de tu experiencia en otro tema, pero nose donde lo puedo hacer jeje

    1. Hola Tatiana,

      En primer lugar gracias por leerme y por tu comentario.

      Me apena mucho que hayas sentido la necesidad de alejarte de tus familiares para preservar que se respete la forma en que eliges criar a tus hijos. Debería bastar con que entendieran que la mamá eres tú y que tú decides.

      Sobre cómo contactar conmigo, puedes hacerlo directamente rellenando el formulario que encontrarás aquí en la página en la sección «Contacto» o bien enviándome un e-mail a info@laurablanch.com. Espero poder ayudarte.

      Un abrazo 🙂

Responder a Laura Blanch

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