Tú, aquí. Solita

A grandes rasgos, estoy contenta con la guardería a la que acude mi hija cuatro horas cada mañana. Es una guardería bastante respetuosa aunque es inevitable que, a veces, la educación que intentamos transmitir a nuestros hijos choque con la educación en la que “creen” los centros reglados.

Por supuesto, hay factores logísticos que cambiaría sin pestañear como pueden ser: la cantidad excesiva de niños por maestra, la “norma” de que los niños que se quedan todo el día “tienen” que dormir a determinada hora –y que, afortunadamente, mi hija no tiene que acatar- aunque si quieren dormir en otro momento no se lo impiden , la limitación del espacio por año de nacimiento (creo que de vez en cuando sería enriquecedor que les dejaran elegir con qué grupo quieren estar) y alguna otra cosa que ahora no recuerdo.

Sin embargo, me consta que respetan bastante sus ritmos con la comida, que intentan “ayudar” a dormir a aquellos niños a quienes les cuesta conciliar el sueño dentro de las posibilidades que te deja el tener que dormir a unos ocho o diez niños a la vez (cuando no más), que intentan seguir las peticiones de los padres en cuanto a sueño y comida, que no fuerzan a los niños a dejar el chupete (aunque, por lo que he visto, se les presiona de otras formas más sutiles y menos directas), que no precipitan la retirada de los pañales (aunque, en este caso, también he visto verter comentarios hacia los pequeños a modo de “incentivo” que no me parecen nada respetuosos) y que dan mucho cariño a los niños (buena prueba de ello es que mi hija adora a sus maestras).

Pero, siempre hay un pero.

Tú, aquí. Solito

Mi hija es una niña feliz. Mi hija es una niña segura. Mi hija es una niña respetada. Mi hija es una niña que llora poco y, siempre que podemos, lo hace acompañada, nunca sola. Mi hija es una niña a la que no se le dice <<no llores>> sino que se le pregunta <<¿por qué lloras?>>; no se le dice <<las princesas/niñas bonitas/buenas no lloran>> (¡detesto que se le digan esas cosas a los niños!) sino <<explícame qué te pasa>>; no se le dice <<¡qué fea te pones cuando lloras!>> (¡?) sino <<desahógate y habla, si no me explicas qué te pasa, mamá/papá no puede ayudarte>>.

Así es mi hija y por ello puedes verla interactuar con sus muñecos con un <<¿qué te pasa, eh?>> o con un <<oh, estás llorando. Plica, habla>>.

Pero, después de haberla visto tratar así a sus muñecos un domingo, el martes siguiente me sorprendió agarrando por el brazo a uno de ellos, con gesto enfadado y diciéndole con un tono de voz elevado y nada agradable <<¡muy mal! Tú, aquí, solito. ¿Vale? Solito>> y lo dejó en un rincón. Mi hija sólo tiene dos años. Se me encendieron todas las alarmas y, al ver que repetía la misma actitud varias veces más, le expliqué que eso de dejar a alguien solito no estaba bien, que tenía que explicarle por qué lo que había hecho estaba mal y que igual que a ella no le gusta que la dejen solita, a los demás tampoco nos gusta. Por supuesto, cuando se lo conté a su padre, se preocupó mucho y corrió a explicarle lo mismo que le había explicado yo.

Yo entiendo que trece niños para una sola maestra no te da mucho margen ni mucho tiempo para dedicarte a “corregir” al que ha actuado “mal” y que es más fácil y más rápido apartarlo hasta que se tranquilice y no paralizar la actividad de los demás niños. Sé de esa teoría que dice que no se debe premiar al “malo” con tu atención porque penalizas al resto que se queda sin su actividad; pero estoy profundamente convencida de que para cualquier persona, tenga la edad que tenga y más cuando SÓLO tienen dos años, es mucho más enriquecedor y útil recibir una lección de control de emociones y solución de conflictos que seguir pintando un Mondrian o un Miró que puede terminar en cualquier otro momento de cualquier otro día de cualquier otra semana de cualquier otro mes de cualquier otro año.

Prefiero que mi hija vuelva a casa habiendo aprendido que una “mala conducta” tiene un porqué desencadenante; habiendo aprendido que no hay emociones malas sino de difícil gestión y de difícil aceptación para los demás; habiendo aprendido que cuando haga algo “malo” le preguntarán por qué lo ha hecho y por qué cree que al otro le ha molestado; habiendo aprendido que no tiene que hacerlo todo bien para que la quieran o la tengan en cuenta; habiendo aprendido que incluso cuando tenga un mal día seguirá contando para los demás; habiendo aprendido que el grupo puede ayudarla a solucionar sus conflictos; habiendo aprendido que no se es malo por hacer algo que moleste a los demás; habiendo aprendido que no se es malo sino que se hacen cosas malas; incluso, habiendo aprendido que, a veces, algo que a otra persona le parece algo malo puede no serlo porque la intención era buena (un abrazo demasiado fuerte que hace caer a otro niño, correr detrás de alguien y no saber frenar haciéndole caer, querer acariciar a alguien y arañarle sin querer, querer dar una palmada en la espalda y no medir las fuerzas… las posibilidades son infinitas y más a estas edades). Sí, prefiero que mi hija aprenda todo eso y ése día se quede sin hacer un maravilloso cuadro grupal de Miró con gomets, a que pegue gomets mientras aprende que hay que ignorar al que se sale de la norma o que hay alguien malo en clase.

Puede que sea algo alarmista y se trate de un caso puntual. Puede que algo así sólo ocurriera una vez y los niños se quedan con todo. Puede que la maestra –humana- tuviera un mal día y se viera sobrepasada por trece almas diversas y alocadas. Puede que la tónica habitual sea tratar los conflictos en grupo, acompañando y no segregando. Puede que normalmente se evite el señalar o etiquetar a los niños por una conducta puntual desafortunada (en ese momento) y que lo corriente sea trabajar esa emoción desencadenante para que aprendan a reconocer y gestionar sus emociones. Puede que las docentes que tratan con mi hija estén en las antípodas de “la silla de pensar” y estén más cerca de “la silla de los abrazos” (ojalá). Puede que la realidad sea ésta y que mi alarma interna se haya precipitado, pero nosotros seguiremos insistiéndole a mi hija en la necesidad de acompañar; en lo vital que es no segregar o apartar; en lo difícil y a la vez fructífero que es el aplicar eso de “quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”; en definitiva, seguiremos insistiéndole en la importancia del contacto, del interés por el otro, del respeto y del amor.

¿Os ha pasado algo parecido con vuestros pequeños?¿Les habéis visto reproducir comportamientos o acciones que os han hecho llevaros las manos a la cabeza?¿Habéis visto peligrar los valores que intentáis transmitirles por alguna conducta aprehendida en la guardería o en la escuela? ¿Nos lo contáis?

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8 pensamientos sobre “Tú, aquí. Solita”

  1. Hola Laura,
    Nosotros hemos vivido una situación muy similar. Educamos a nuestra hija de forma similar a la tuya con frases como las que mencionas de preguntarle los motivos por que llora, explicando sobre cuando se hace algo mal, etc.
    Pero empezó con dos años en la guardería y hacía lo que tu mencionas de disciplinar a los muñecos, gritandoles y dejandolos solos. Hablamos con la profesora un par de veces, pero la cosa no mejoro. Llegaba de muy mal humer de la guarde y gritando a los muñecos e incluso a mí. La sacamos de la guardería un par de meses antes de que acabase el curso, y me arrepiento mucho de no haberla sacado antes.
    Ahora con 3 años está en el colegio, la situación es mejor que en la guardería, no aisla a los muñecos, aunque sigue llegando algo alterada por todo lo q ve en el colegio y no concuerda con lo que le enseñamos en casa. Es una tarea díficil. Si viviesemos cerca de una escuela libre o activa la apuntaría. Es un tema que me preocupa y estoy viendo como mejorarlo. Un abrazo. Raquel

    1. Hola Raquel,

      Gracias por compartir tu experiencia, ciertamente es muy complicado.

      Afortunadamente, como digo en el post, mi hija es muy feliz en esta guardería y sus maestras son unos soles (todo el cuerpo docente) y confío en que esto ha sido algo puntual y fortuito.

      Un abrazo 🙂

  2. Hola! Yo no soy mamá, hablo desde el otro lado, el de los educadores infantiles que se ven desbordados por 13 niños de 1 a 2 años o 20 si son de 2 a 3. Es una locura… pero aunque por ahora no tuve la ocasión estoy segura de que pese a todo es totalmente posible -y mucho más efectivo- cambiar «silla de pensar» por «silla de los abrazos». Por desgracia la mayoría de directores de escuelas infantiles(lo de » guardería» no me gusta NADA; no hace sino perpetuar con el lenguaje la idea de «lugar donde apsrcar a los peques para que los guarden») están mucho más cerca de la » silla de pensar», el «tú ahí solito hasta que te calmes» y el «si te portas mal no te querré». Por suerte poco a poco van aumentando las escuelas libres, mamás de día… Pero es difícil, es complicado plantearte emprender algo que supondría a los padres un esfuerzo económico muy grande(especialmente cuando vives en una ciudad pequeña. Ya sé que la mayoría daríais lo que fuera por que vuestros peques crezcan en un ambiente respetuoso pero no todo el mundo puede, ni tiene consciencia de que esto sea mejor para los peques. Aún así seguiré buscando la forma de hacerme Mamá de Día porque estoy convencida de que otra educación es posible.

    1. Hola Natalia,

      Soy consciente de que encargarse respetuosamente de 13 o 20 niños es muy muy difícil y por ello hay cosas que los padres pasamos por alto, aceptamos o nos resignamos a aceptar; pero también sé que no sólo la tendencia en la educación familiar está cambiando sino que también está cambiando la tendencia en las nuevas maestras y centros. Queda mucho por hacer y por ello creo que es clave que educadores y padres vayamos de la mano.
      La escuela infantil (a mí tampoco me gusta lo de guardería pero el lenguaje es traicionero) a la que acude mi hija es muy respetuosa y tanto mi peque como yo somos felices en ella,aunque eso no quita que haya cosas con las que no esté de acuerdo.

      Lamentablemente, no te falta razón: acceder a una educación diferente no está al alcance de todos y las opciones son escasas.

      Gracias por tu opinión y suerte en tus proyectos,
      Un abrazo 🙂

  3. Dos cosas con todo el respeto del mundo:
    – A veces los niños hacen juego no refleja conductas observadas ni vividas. O puede haberlo visto a un compañero.
    – Hablar con tu hija es genial, pero la comunicación con la profe es fundamental ¿qué te ha dicho?

    Mi experiencia particular es que una vez fui a ver una escuela infantil y vi como una profe le decía a una niña de 2 años que se quedaba castigada en el recreo, sentada al lado de la maestra y sin jugar; hasta ahí bien, pero lo que me hizo salir por patas fue cuando le dijo «hasta que yo lo diga», nada de hasta que arregles el daño o pidas perdón, sino hasta que a la buena mujer le pareciese…

    1. Hola Mavaca,

      Tienes toda la razón del mundo y también había contemplado la posibilidad de que ese comportamiento lo haya visto en algún compañero. Quizá debería editar el post, lo pensaré.
      De todas formas, me gustaría que si ese comportamiento se da en clase se trabaje en él, venga de dónde venga.

      Por desgracia, coincido poco con la maestra de mi hija por lo que no he podido hablarlo con ella (por no hablar de que esto pasó justo antes de las vacaciones de Semana Santa). Y, de nuevo, tienes razón, tengo pendiente esa conversación con la maestra aunque he preferido dejar pasar algo de tiempo y ver si se repite esa situación que, de momento, no se ha repetido. Este no es un post de denuncia sino de desahogo y experiencia personal. Reitero que mi hija es feliz en la guardería y adora a sus maestras, y que confío en el centro y en su línea educativa porque, de lo contrario, ya hubiera buscado otro centro.

      La experiencia que compartes es terrible y, desafortunadamente, es moneda corriente.

      Un abrazo 🙂

  4. A veces las conductas q tienen los niños con sus juguetes no reflejan la realidad vivida. Antes q suenen todas las alarmas habla con la educadora.
    Mi hija tubo una época que pegaba y golpeaba a los muñecos pq «se portaban mal». Y jamas ha visto eso ni en casa ni en la escuela.

    1. Hola Alba,

      Gracias por tu comentario. Estoy dejando pasar el tiempo y observando mucho. De momento ese comportamiento no se ha repetido, en caso de volver a aparecer, hablaré con la maestra sin falta.

      Un abrazo 🙂

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