Cosas que no quiero enseñarte

Si hay algo en lo que creo es en la libertad individual. De ahí que nunca haya tenido la más mínima intención de dirigir a mi hija o de hacerle actuar a mi conveniencia, aunque a veces sea del todo inevitable ya sea porque lo que quiere hacer va contra su seguridad o su salubridad (o contra la de otro) o porque llevamos un bagaje intelectual que nos hace actuar de un modo determinado, cosa que no va reñida con el hecho de que al ser conscientes de ello intentemos cambiarlo.

Una vez dicho esto, también creo que es importante ofrecerle unas pautas de comportamiento para relacionarse con los demás y ahí es donde, para mí, radica la dificultad. En nuestra casa creemos, ante todo, en la igualdad y el respeto al otro por muy distinto a nosotros que éste sea, pero como es algo que forma parte de nuestro carácter no sé muy bien cómo enfocarlo a la hora de transmitírselo a mi hija. Básicamente, pienso que todos nacemos sin prejuicios y creo que sería absurdo estar “enseñándole” que todos somos iguales cuando ella no entiende lo contrario. Sin embargo, no estamos solos en este mundo (afortunadamente) y nuestra hija recibe información de otras personas a parte de sus padres: abuelos, tíos, maestras, amigos/as nuestros, sus amigos/as y sus respectivos madres y padres, etcétera… Y esa información muchas veces (infinitamente más de las que me gustaría) entra en serio conflicto con lo que nosotros queremos para nuestra hija.

Por esa razón, hoy traigo una lista con algunas de esas cosas que jamás querría tener que enseñarle, una lista de cosas que preferiría que siguieran intactas en mi hija sin interferencias externas que puedan apartarla de su naturalidad intrínseca infantil.

Cosas que no quiero enseñarte

Todos los animales merecen una vida sin violencia: si no vas a acercarte a un animal (como a cualquier otro ser vivo) para tratarlo bien, déjalo en paz. Él no tiene la culpa de que tú seas insensible a su dolor. Sé que hay gente que inflige dolor a los animales por placer pero es tan cruel como suena y sólo espero que sepas ponerte por un momento en el lugar de la víctima.

Sí, ya sé que comemos carne y que, desgraciadamente, las condiciones en las que viven –y mueren- esos animales no son las más adecuadas ni las más respetuosas pero también sé que eso puede cambiarse y creo que es importante poner un granito de arena siempre que sea posible aunque sólo sea tomando conciencia de ello.

Las cosas materiales son eso: materiales. Sí, mi amor, tu cocinita de Frozen puede romperse o puede que se pierdan todas sus piezas pero todo lo material es reemplazable y nada que se compre con dinero puede ser tan importante como para hacerte infeliz perderlo. Sí, mi amor, puede que si empujas la tele y se rompe, Papá y yo nos enfademos –y se nos pase enseguida- , pero siempre será después de comprobar que tú estás a salvo porque eso es lo único que importa. Sí, mi amor, puede que tu amiga tenga toda la colección completa de Princesas Disney y que si tú no las tienes no quiera jugar contigo… espero que puedas discernir que ésa no es tu amiga. Sí, mi amor, puede que nosotros no tengamos una enorme casa con jardín pero tus padres intentan que pasees por los jardines más hermosos del planeta por lo menos una vez al año.

El amor NO duele y quien bien te quiere NO te hará llorar: no, mi vida, olvídalo. Quien pretenda que creas eso es que quiere hacerte daño y salir indemne, o bien es que no sabe querer.

Todas las personas somos iguales, merecemos igual respeto y tenemos los mismos derechos: no, mi vida, no es cierto eso que puede que hayas escuchado alguna vez (demasiadas) de que hay gente que no debería votar, o eso de que “primero los de casa”, o eso de que “si no les gusta que se vuelvan a su país”, o eso de que “¿por qué tienen que llevar el velo si yo en su país tengo que taparme?”. No, mi vida, no hay gente de segunda o de tercera, lo que hay es gente de cuarta que pretende ser más que los demás vete tú a saber por qué extraño complejo de inferioridad o miedo injustificado.

NO hay cosas de chicos y cosas de chicas: no, no dejes que te vuelvan a decir nunca más que Fulanito no lleva pulseras porque es un chico y los chicos no llevan pulseras. No, no dejes que te confundan con un argumento tan patético, simplista y falso: eres pequeña, no estúpida.

No dejes que nunca te digan que no puedes hacer algo porque son “cosas de chicos” o que tienes que hacer algo concreto porque son “cosas de chicas”, o que te digan que está muy feo que una “señorita” haga “eso”. Si te hace feliz y no perjudicas con ello a un tercero: haz lo que sientas, siempre.

Todas las fes son respetables aunque no todas las religiones sean respetuosas y aunque sus instituciones oficiales resulten arcaicas y despreciables: levanta tu voz contra todo aquello que consideres injusto, sobre todo si viene de una institución religiosa que es la que tiene que dar ejemplo a sus fieles, pero nunca ataques la fe de un individuo porque la fe es tan íntima y personal como el olor corporal.

No esperes que yo te hable de dioses porque no creo en ellos, pero si mañana decides profesar tu fe yo te respetaré profundamente. Sin embargo, no ataques nunca la religión de otro para defender a la tuya porque es un absurdo en el que llevamos sumidos miles de años y que no nos lleva más que a la autodestrucción. Si hay algo que no se nos puede recriminar a los ateos son cruzadas asesinas para demostrar que nuestra verdad es La Única Verdad (quizá porque Dios vive empeñado en demostrar su no-existencia y nos lo pone muy fácil).

No hay gente de mierda, ni gitanos, ni moros, ni homosexuales, ni judíos, ni negros, ni… : o mejor dicho, sí hay gente de mierda: la gente que usa esos términos para referirse a otra persona absolutamente igual que él/ella.

Hay quien se preocupa mucho de no decir palabrotas delante de los niños. Yo me preocupo de librarte todo lo que puedo de palabras malsonantes (y eso que yo soy una gran puteadora, como dirían en Latinoamérica) pero créeme que me dan más miedo ciertos comentarios y discursos discriminatorios que se dicen laxamente delante de los niños y que corres el peligro de repetir, que el hecho de que te cagues en la hostia, así sin anestesia y sin maldad ninguna.

No hay mujeres a las que “les va la marcha” porque vayan de maltratador en maltratador: basta ya de culpabilizar siempre a la mujer. Hay mujeres que no saben lo que es el amor o que creen que el amor es algo que nada tiene que ver con lo que debería ser realmente. Si a una mujer (niño, animal, anciano, bebé, hombre…) le pegan, la culpa es del agresor: SIEMPRE.

No se es más inteligente por tener más títulos: nada me molesta más que esa gente que mide las capacidades del otro y el interés por las opiniones de éste a razón de cuántos títulos universitarios tiene. Si te pierdes en los resultados académicos de una persona corres el riesgo de perderte lo mejor que ésta puede ofrecerte: su esencia.

No necesitas un papel que te acredite para hacer lo que deseas: puede que lo tengas más difícil que otro pero si realmente amas lo que haces y trabajas duro en ello, no necesitas que el Rey te firme un papel. Ser autodidacta es tan bello y gratificante que nadie puede pararte.

No todo está en los libros: leer es un placer, es un aprendizaje constante, puede ser un refuerzo a tus propias teorías o la introducción a teorías nuevas pero NUNCA tiene que ser dogma de fe. Si todo estuviera en los libros y en mis manos hubiera caído el libro equivocado, tendrías que dormir sola desde el primer día a costa de tus lágrimas y de las nuestras, y eso, jamás.

Seguir tu instinto no es malo, es vital: durante tu vida te encontrarás en multitud de situaciones y con multitud de personas ante las que algo dentro de ti te enviará una señal de alarma o hará que se apodere de ti una positividad y una alegría incomprensibles. Eso es tu instinto, no tengas miedo de seguirlo, puede equivocarse pero no en vano nos ha traído hasta hoy a través de miles de años.

El amor es bueno, el afecto es parte de nosotros: no hagas caso a aquellos que dicen que amar demasiado es malo, porque es imposible amar demasiado (¿quién mide cuándo es suficiente?). El amor puede transmitirse de muchas formas: ayudando a cruzar la calle a alguien con dificultades; llevando la bolsa de la compra a alguien que va muy cargado; haciéndole saber a alguien que te estás acordando de él/ella; luchando por cambiar una situación injusta; enviando una canción hermosa a alguien a quien quieres mucho; saludando al conductor del autobús todos los días con una sonrisa; dándole los buenos días a aquel chico que pide en la puerta del banco y que sabes que está esperando que pases para que alguien lo tenga en cuenta y un inacabable etcétera. No dejes que nadie te diga que te lastimarán por dar tanto ya que cuando uno da porque lo siente nunca es demasiado.

No tienes que ser perfecta: o sí porque en nuestra imperfección radica la más absoluta de las perfecciones.

No hay emociones malas, hay mala gestión de las emociones: no, mi vida, no es malo que te enfades, que te frustres, que sientas ira, que tengas miedo, que te dé vergüenza, sentir pena… Nada de eso es malo, lo malo es que te sientas mal por ello. Lo malo es entrar en una espiral de la que no sepas salir. Lo malo es que los demás no estamos educados en las emociones y nos violentamos cuando las emociones de otros se nos escapan de las manos.

Es importante que aprendas desde muy temprano que las emociones son las que son y son buenas, digan lo que digan los demás: las emociones de cada uno pertenecen a cada cual y cada cual debe gestionarlas lo más satisfactoriamente posible.

No se puede ser tonta por ser buena: la frasecita “de tan buena es tonta” juega tan en contra de las relaciones sociales tan necesarias para el ser humano que no debería existir. Ser bueno es bueno, punto.

 

Podría seguir con esta lista durante días y es que estamos tan contaminados que para los que llegáis frescos y sanos a esta vida somos un auténtico peligro. Por mi parte, creo que lo mejor que puedo hacer cuando estas afirmaciones aparezcan en conversaciones en las que tú estés presente es hacer un inciso para decirte que “Mamá no está de acuerdo con lo que acaba de decir Fulanito” y explicarte el por qué. Al final, puede que lo importante es que tengas a tu alcance todas las opciones para que seas tú quien pueda elegir con cuál se queda, por muy mala que me parezca la otra opción.

Y vosotros/as, ¿hay algo que no querríais tener que enseñarle a vuestros/as hijos/as? ¿Me lo contáis?

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9 pensamientos sobre “Cosas que no quiero enseñarte”

  1. Amé este post. Qué acertado..me permito guardarlo para compartiro con mi hija, claro adaptado a nuestra situación. .recién descubro tu blog, seguramente te leeré frecuentemente saludos

  2. Creo q nuestros hijos son nuestro fiel reflejo. Si tenemos presente nuestros propios valores creo q vamos bien encaminados. Un abrazo guapi!!

    1. ¡Hola Karina!

      Sólo espero que no adopte actitudes que le transmiten fuera de casa porque considero que son seriamente dañinas para su desarrollo en una sociedad plural y abierta a la que, creo, que todos aspiramos.

      Un abrazo 🙂

  3. Hola Laura! Me gusta mucho leerte, me siento tan en sintonía con lo que escribes que es un alivio que lo compartas y así sentirnos menos «a contracorriente», lo que seguro sabrás de sobra, termina siendo agotador en muchas ocasiones.
    Mi peque anda ahora por los 20 meses, y aunque todo el mundo alrededor insiste en el «pero si aún no se entera» yo desde siempre he tratado de ser muy cuidadosa con lo que le trasmito, verbal y no verbalmente. Suscribo una a una tus palabras, y probablemente me encuentre en el mismo punto que tu dentro de unos meses. A la temible afirmación del «¿Y qué quieres, criarle en una burbuja?, me armo de paciencia y trato de seguir guiándome por lo que me dice mi instinto, y en dar importancia a aquello que creo que la tiene, y que la mayor parte de las veces es justo lo contrario a lo que los demás se la dan. Tantos y tantos los frentes, pero una suerte poder compartirlos con otras personas y hoy más fácil aún con las redes sociales. La fuerza de la tribu!.
    Un abrazo grande, te sigo leyendo 😉

    1. Hola Helena,

      Qué bonito lo que me dices. Cosas cómo éstas son las que me empujan a seguir «compartiéndome».

      Alguien me dijo, hace poco, que no podemos evitar que nuestros hijos escuchen y vean cosas y conductas indeseadas. Tiene la más absoluta de las razones. Si es un trabajo titánico luchar contra actitudes y mensajes dañinos cuando estamos delante, qué no se nos pasará por alto cuando no estamos.

      Sin embargo, yo no me desanimo. Sigo fuerte en mi empeño de no intoxicar y no dejar que intoxiquen a mi hija. Y cuando detecto que le ha llegado algún mensaje indeseado, le doy la otra versión e insisto en promoverla. El peligro está en que la línea entre evitar que los demás condicionen a nuestros hijos y acabar condicionándolos nosotros mismos es muy delgada… y resbaladiza.

      ¡Qué reto ser padres! ¡Qué maravilloso reto!

      Un abrazo 🙂

      1. Exactamente Laura, es evidente que viviendo en esta sociedad, que dicho sea de paso parece estar «inventada» para promover muchas de las cualidades más indeseables en el ser humano, pues viviendo aquí es inevitable que le lleguen esas cosas de las que hablamos, desde innumerables frentes, pero como bien dices, lo positivo es que les vemos crecer, somos observadoras de cada uno de sus cambios, y por lo tanto, seguimos siendo el mayor de sus referentes. Solo siendo el ejemplo vivo de lo que queremos podemos minimizar el efecto negativo de esas ‘otras cosas’.

        Cierto, que gran reto este que vivimos, pero que inigualable oportunidad para crecer 😀

        Un abrazo,

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