¡Vaya tos!

Si hay algo que nos preocupa como padres es la salud de nuestros hijos (no digo que es lo que más nos preocupa porque creo que, aún más importante que que estén sanos, es que sean felices). De hecho, tanto nos preocupa que parece que cuando no están al 100% de su salud lo vivimos casi como una ofensa, un fracaso, se convierte en una cruzada contra un enemigo invisible y seguramente mucho más poderoso que nosotros. A veces, pecamos de exagerados y buscamos la perfección para nuestros niños sanos sin tener en cuenta que para crear defensas e inmunizarse también es necesario enfermar de vez en cuando.

Por supuesto, cuando hablo de nuestra histeria paternal no me refiero a casos graves, enfermedades crónicas o cualquier circunstancia que requiera hospitalización; creo que somos unos exagerados cuando tenemos que enfrentarnos a simples resfriados o procesos gripales.

Todos estaremos de acuerdo si digo que ver a nuestro/a hijo/a de 3, 5, 17, 22, 34 o 120 meses con una tos de perro y con los mocos colgando o atascados en la garganta puede llegar a ser muy angustiante (paradójicamente cuanto más pequeño es el bebé, más grande la angustia). Si, además, esa tos se vuelve feroz al caer la noche, ya no sólo es angustiante sino que se vuelve desesperante.

Mi hija lleva prácticamente un mes con mocos y tos (lo pilla, lo deja, lo pilla, lo deja) y parece que nunca llega a estar completamente recuperada. A mí, sinceramente no me tiene muy preocupada. Soy consciente de que estamos en una época del año complicada con muchos cambios de temperatura bruscos de un día a otro e incluso durante un mismo día. Si a eso le sumamos que va a la guardería, que en su clase son trece niños, que suelen juntar a las dos clases del mismo curso por lo que acaban juntándose veintiséis y que cada cierto tiempo reúnen a todos los niños de la guardería para hacer actividades en convivencia apiñando a casi ochenta niños… lo raro sería que nunca estuviera resfriada. Pero mi tranquilidad no siempre ha sido tal.

Bronquitis o bronquiolitis, la sombra que planea

Como digo, no siempre he estado tan tranquila o poco preocupada con los resfriados de mi hija. El único bebé que yo había tenido cerca antes de tener a mi pequeña era mi sobrino. Mi sobrino, mientras fue un bebé, sufrió frecuentemente y de manera casi recurrente de bronquitis; llegó a estar hospitalizado por una de ellas con casi dos años y casi pasa las navidades en el hospital. De hecho, con casi cuatro años, cualquier resfriado se le complica fácilmente y termina con nebulizaciones e historias que le ponen como una moto.

Por esta escasa y nefasta experiencia con niños y resfriados, los primeros catarros de nuestra hija nos ponían rápidamente en alerta (aunque afortunadamente podría contar con los dedos de una mano las veces que estuvo acatarrada antes de ir a la guardería con siete meses y medio). A mí, la frase «se le han bajado los mocos al pecho» que tantas veces había oído con mi sobrino, me sonaba a maldición bíblica y llevaba a mi bebé al pediatra, y me auto-cito textualmente, «sólo para asegurarnos de que no le han bajado los moquitos al pecho» o lo que hoy podría traduciros como «básicamente porque estoy cagada y espero que no sea genético». Pero viendo que nunca se daba el caso (afortunadamente), que mi hija raramente ha tenido fiebre (creo que si digo que ha tenido fiebre cinco veces me paso) y sabiendo que si bajan al pecho se oye (se produce un silbido cuando respiran) y se ve (el tórax se hunde de forma exagerada con cada respiración), he perdido el miedo. Además, el riesgo de contraer una bronquiolitis disminuye al acercarse a los dos años, así que más motivo para que no me preocupe demasiado que mi hija lleve semanas más o menos acatarrada.

Dale algo a esa criatura

Si partimos de la base de que la tos es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo que se encarga de expulsar cualquier elemento extraño de nuestras vías respiratorias y que los mocos hacen una función similar, y si sabemos (y cualquier médico os lo dirá) que contra los resfriados no hay medicamentos y que «hay que pasarlos», sólo nos queda el premio de consolación que es «aligerar los síntomas». Es decir, nada de lo que te tomes te curará el catarro pero si tienes una tos insoportable puedes tomarte un antitusivo que te aliviará durante X horas o, depende del caso, durante X minutos.

He ahí el porqué soy tan reacia a medicar a mi hija. Sabiendo que lo que tiene es un simple catarro y que tampoco es que se pase las veinticuatro horas tosiendo, no voy a medicarla porque no lo necesita.

¿Que llevo toda la semana durmiendo muy poco y mal? ¿Que llevo toda la semana durmiendo sentada durante horas para procurar que mi hija mantenga una posición semisentada que no le provoque tos y que además tenga la teta «a punto» para hidratarse cada vez que le pique la garganta y así evitar otro «ataque» tusivo? Sí, totalmente cierto. Soy YO la que no está descansando, soy YO la que tiene un problema y NO ELLA. Por eso mismo, porque el problema lo tengo yo, es por lo que no la voy a medicar a ella. Ella está durmiendo bien porque su madre se encarga de que así sea, ella no sufre por la tos porque durante el día apenas tose y por la noche su madre procura que su postura sea la correcta para evitar la tos recurrente (cuando estamos tumbados tosemos mucho más, no sé explicarlo clínicamente pero podéis hacer la prueba cuando queráis. No por nada en caso de resfriados y catarros todo el mundo recomienda poner una almohada bajo el colchón para elevar el torso del bebé). Resumiendo, mi hija no está sufriendo por estar acatarrada, somos nosotros los que estamos «preocupados» buscando soluciones.

Lo máximo que le doy a mi pequeña cuando tiene una tos repetitiva es Expecto Dhu. Se trata de un jarabe homeopático y aunque no soy muy fan ni creo demasiado en los efectos de la homeopatía, reconozco que, a veces, parece calmarle un poco la tos. Eso sí, hay que dárselo cada hora o no le hace ni cosquillas. Supongo que al ser dulce y un poco «espeso» debe hidratar la garganta y por eso hay que dárselo cada hora porque el efecto lubricante dura poco. No sé, lo desconozco. La cuestión es que eso es lo más cerca que está mi hija de los medicamentos para el catarro.

El padre de la criatura

¡Ay, el padre de la criatura! Cada vez que oye toser a la niña le entran los siete males. Bueno, cuando toso yo también le entran los siete males. Lleva muy mal lo de vernos «sufrir» y nos sugiere (una y otra vez) que podríamos ir al médico (eso sí, el no quiere ni oír hablar de pisar una consulta).

No creáis que en casa mando yo y bla bla bla bla bla. En absoluto. Al médico vamos a ir, por supuesto, y ya que el lunes tiene consulta por un control puntual aprovecharemos y que le miren este catarro a la mocosa que ya se está alargando mucho y aunque sé que no es siempre el mismo y que va enlazando uno con otro, sí que soy consciente de que debe tener las defensas algo bajas.

 

Resumiendo, que llevamos unos días de tos nocturna que me tienen bastante fuera de juego y con el cerebro seco cuando me quiero sentar a escribir, nunca encuentro el momento. Así que ahí tenéis la razón de que esta semana haya habido un post único y de que éste llegue por los pelos a última hora del viernes. ¿Qué queréis? Cuando una no da para más, no da para más 😛

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2 pensamientos sobre “¡Vaya tos!”

  1. Dichosos mocos…. Celia ha vuelto a «recaer» tos…. Mocos … Y claro está, mami la siguiente q cae… Pero no nos duele tanto como sus mocos y su tos. Yo tampoco soy de medicarla, mucho suero y hace poco me recomendaron un jarabe q se llama vigorpec. Es natural y le encanta, y este sí q dura 8h. Pero como tu dices, se suaviza pero los 5 o 7 días no lo quita nadie !!! En fin, ya tendremos tiempo de dormir!! Besos

    1. Eso espero Bea, que tengamos tiempo de dormir jejeje Supongo que es muy mala época para los resfriados. Con estos cambios de temperatura, los únicos que viven bien son los virus 😛

      Un beso 🙂

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