Semana Internacional de la Crianza en Brazos #SICB2014

Un año más, la organización Babywearing International promueve la celebración de la Semana Internacional de la Crianza en Brazos (International Babywearing Week), este año bajo el lema “Share the Adventure!” o lo que viene a ser lo mismo “¡Comparte la aventura!”.

Supongo que, a estas alturas, ya a nadie se le escapa que soy muy fan una yonki del porteo, de la crianza en brazos y de sus múltiples beneficios y ventajas. De hecho, la silla de paseo sólo la utilizo para “velar” por las siestas de mi peque cuando tengo algo que hacer y no puedo siestear con ella (si no fuera por ella dormiría muchísimo menos de lo que duerme); y si algún día, por el motivo que sea, me he tenido que llevar la silla a la calle, acabo maldiciéndola y echándola mucho de más. La crianza en brazos va mucho más allá de una mochila o un fular, pero hoy me centraré en el porteo.

Nota: Siempre que me refiero a porteo, me refiero a porteo ergonómico respetuoso con la postura natural del bebé y que favorece su desarrollo motriz. No considero como porteo el uso de colgonas por ser tan irrespetuosas como terriblemente perjudiciales para la postura del bebé y del porteador. Hay muchas webs de venta e información sobre mochilas ergonómicas pero para mí la más completa es Mochilas Portabebés.

¿Crisis de porteo?

Hasta hace muy poco, mi hija (20 meses) detestaba la silla de paseo y se subía encantada a la mochila. Ahora que ya ha consolidado (con creces) su habilidad de caminar, sigue pasando de la silla pero también se ha vuelto algo reacia a meterse en la mochila. A mi peque le chifla caminar. Camina como si no hubiera mañana, sube escaleras interminables y no se amedrenta por una cuesta empinada. Eso sí, no perdona su ración de brazos… y yo, encantada (como dicen por ahí: jodida pero contenta). Estoy segura de que esta fase pasará y volveremos al porteo con fuerza porque realmente nos encanta a los tres. Del mismo modo que existen las crisis de lactancia, creo que puedo afirmar que existen las crisis de porteo.

Por el momento, cuando sé que está cansada e incluso que tiene sueño, lo que hago es tomarla en brazos y relajarla. Una vez relajada la coloco en la mochila y si aun así se resiste pero quiere brazos, le ofrezco el pecho y santas pascuas: tetea en la mochila y se duerme tranquilamente. Lo que no hago JAMÁS es forzarla u obligarla, si nunca lo permitiría si de meterla en la silla de paseo se tratara, mucho menos la obligaría a ser porteada por más que mi espalda cruja por llevarla a “brazo pelado”.

¿No te duele la espalda?

Esta es la pregunta estrella si decides portear a tu bebé y si encima se trata de una bebé de 20 meses más bien alta (85 cm +/-) y corpulenta como la mía, pues más recurrente es. Aunque realmente no importa qué tamaño o qué peso tenga tu bebé… también te lo preguntarían aunque fuera un prematuro peso pluma. En fin, la cuestión es cuestionar, valga la redundancia, a todo aquél que actúa diferente (aunque realmente no creo que sea una actitud diferente porque sé que somos muchísimos los que porteamos y cada vez somos más).

Volviendo a la preguntita, la respuesta es ROTUNDAMENTE NO. No me duele la espalda por portear a mi hija. Me duele la espalda ahora, con 20 meses y casi trece quilos, cuando no le apetece ser porteada y me pide brazos (que por supuesto le doy encantada de la vida y con una amplia sonrisa llena de amor) pero aun así me compensa y, al fin y al cabo, es mi espalda y la única que tiene derecho a cuestionar lo que hago con ella soy yo… bueno, y mi chico que es el que tendrá que aguantar mis quejas y darme mimitos.

El porteo ergonómico consiste precisamente en favorecer posturas y velar por el bienestar de la anatomía, pero no sólo de la del bebé (posición “ranita”, espalda en “C”, evitar plagiocefalias, etcétera) sino también de la del porteador. Un buen sistema de porteo no te hará forzar la espalda, repartirá bien el peso del bebé o niño y no te obligará a adoptar malas posturas. Pero para ello es muy importante que antes de elegir un sistema de porteo te informes bien e incluso, si tienes oportunidad, pruebes diferentes tipos: fular, bandolera, mochila, mei tai, pouch… las posibilidades son casi infinitas.

Si le acostumbras a ir en brazos, no caminará

Ya he comentado más arriba que mi hija de lo que tiene “vicio” precisamente es de caminar aun habiendo recibido -y recibe- brazos a tutiplén, pero creo que es importante profundizar en este punto.

Hay quien piensa que al llevar todo el tiempo a tu bebé encima tardará más en caminar o no querrá caminar nunca. Además de ser una soberana estupidez barbaridad, es imposible: no conozco el caso de ningún niño que sin tener problema motriz alguno no quiera caminar. ¿Os imagináis un tiarrón de quince años que no se quiere ir de fiesta con los amigos si no lo lleva su madre a cuestas? Mejor ni os lo imaginéis porque la imagen es de traca.

Pero vamos un poco más allá, ¿por qué se supone que un niño porteado tardará más en caminar que un niño que pasa horas y horas sentado en un cochecito? Yo opino que si en alguno de los dos casos hubiera un niño con más posibilidades de empezar a caminar más pronto, sería precisamente en el caso del niño porteado. Lo que voy a exponer a continuación es una opinión totalmente personal basada en mi experiencia (mi bebé se puso de pie sobre los diez meses y caminó perfectamente a los trece) y en los casos que conozco:

los niños porteados suelen tener más posibilidades de practicar una movilidad libre: muchos (por no decir la mayoría) de los papás que deciden portear lo hacen al llegar a la conclusión de que quieren llevar a cabo con sus hijos una crianza respetuosa (con sus necesidades, con su crecimiento, con su desarrollo intelectual y motriz, etcétera). Esto les lleva a menudo a prescindir de parques, cunas o cualquier espacio que encierre al bebé y a no forzar nunca posturas en los pequeños que no hayan alcanzado por sí mismos (sentar a un bebé que no se sienta solo o poner de pie y/o a caminar a niños que todavía no lo intentan por iniciativa propia), lo que se traduce en dejar que el bebé se mueva libremente en el suelo o en la cama o en cualquier superficie segura y amplia y que pueda tocar todo lo que no suponga un peligro para él aunque no sea un juguete (utensilios de cocina, botes, controles remotos, teléfonos, cepillos, etcétera). Sin duda, esta libertad de movimientos contribuye a una adquisición, si no temprana sí natural, de las habilidades motoras del bebé y favorece la consolidación de tales habilidades de un modo más rápido (se caen menos al aprender a caminar, por ejemplo).

Además, al portear cuando tienes que “soltar” al bebé por el motivo que sea, tienes que dejarlo sobre cualquier superficie medianamente segura o con alguien que lo sostenga el tiempo que necesites. Eso hace que tu hijo experimente sobre distintas superficies y texturas (un banco de piedra, un banco de madera, césped…) y que socialice con otras personas (incluso con alguien que no conoces pero que te inspira confianza, por ejemplo en la sala de espera del médico).

Obviamente, hay niños que no son porteados que empiezan a caminar “muy pronto” y niños que son porteados que empiezan a caminar “muy tarde”, y todos son absolutamente normales.

Si siempre va contigo a todas partes no querrá quedarse con otras personas

Partamos de la base de que, portees o no, las personas favoritas de tu hijo/a sois tú y tu pareja (si la tienes) y que con quienes más le gusta estar en este mundo es con vosotros. Se puede quedar con otras personas pero siempre preferirá estar con vosotros o que estéis cerca. Es así y punto. Y más vale que así sea porque si tú que le has llevado dentro, que le amas más que nadie en el mundo, que darías la vida por él, no eres su persona favorita en su primera infancia es que algo está fallando; en serio.

Ahí van otras opiniones personales:

los niños porteados suelen ser muy sociables: sin duda, el hecho de ver la vida desde la perspectiva de sus padres ayuda, y mucho. No es lo mismo encontrarse con alguien por la calle y que papá/mamá se ponga a hablar con esa persona a más de un metro de distancia de ti que estás en tu cochecito, que no te hacen mucho o ningún caso y que no te enteras de lo que dicen, que estar a la misma altura que papá/mamá y te hagan partícipe de la conversación aunque no te hablen directamente. No es lo mismo.

los bebés porteados sufren menos cólicos y lloran menos de media: eso sí que no lo digo yo, eso lo dicen los expertos en la materia (como siempre me remito a Carlos González, Rosa Jové, Laura Gutman, entre otros) que se fundamentan en estudios recientes que demuestran que el hecho de que el recién nacido permanezca en continuo contacto con el cuerpo de la madre reduce el estrés que le causa la separación, la etapa perinatal y la exterogestación y con ello se ven reducidos los cólicos del lactante. Sin embargo, no lo puedo corroborar puesto que, a pesar de que mi hija pasaba 24 horas al día en brazos y/o en el pecho, sufrió unos cólicos tremendos o por lo menos a nosotros nos parecían tremendos por no poder hacer nada (más) para mitigarlos, aunque también podría tener algo que ver el puerperio tan tormentoso que viví y del que aún quedan brasas.

los bebés porteados suelen ser más seguros e independientes: el hecho de estar en continuo contacto con su cuidador facilita la pronta respuesta de éste a la hora de satisfacer las necesidades del bebé. Esto provoca en el pequeño una sensación de seguridad y calma que más adelante facilitará su camino a una independencia real y segura, ya que tiene la certeza de que siempre podrá volver a puerto (su cuidador) y será recibido con todo el amor y comprensión del mundo: sin reproches, sin burlas (“tan mayor y pegado a mamá/papá”).

tu bebé aceptará quedarse al cuidado de otras personas cuando esté preparado: ¿y cuándo creo yo que un bebé está preparado para quedarse con otras personas? Cuando ya puede comunicarse y razonar con cierta soltura, probablemente sobre los tres o cuatro años cuando ya es capaz de decirte (por iniciativa propia) por ejemplo “mamá/papá quiero quedarme a dormir en casa de X”. Para mí no vale preguntarle a un niño de dos años que apenas puede explicarse “¿quieres quedarte en casa de X?”, porque aunque puede que responda que “Sí”, es muy probable que al cabo de un buen rato (o de cinco minutos), cuando se canse de jugar tranquilo con X, lo que quiera es volver a casa contigo. Y ahí pueden darse dos situaciones cuya importancia debes calibrar y tener en cuenta:

*que X sea realmente respetuoso y empático con el niño y te llame para decirte que tu hijo te echa de menos y que quiere volver contigo.

*que X se crea con el derecho de decidir por tu hijo y por ti y que decida que “ya se le pasará” y que se queda ahí, sí o sí.

 

Resumiendo, el porteo y la crianza en brazos –que, por supuesto, no se limita al porteo- son tremendamente beneficiosos para tu bebé y su bienestar físico y emocional, y desde luego, también para el tuyo. Son una forma de entender la crianza, una forma de relacionarse, una forma de entender la vida. Pero lo más importante es que yo no porteo o crío en brazos a mi hija sólo porque crea que es lo mejor o lo correcto, ni porque quiera que el día de mañana sea cariñosa, sociable o independiente, sino que lo hago porque me nace, porque lo siento, porque me hace feliz y porque nunca se me pasó por la cabeza actuar de forma distinta.

collage_porteo

comentarios-blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *