¡No al colecho! Se malacostumbran… los padres (II)

Que nadie se asuste, no me he vuelto loca de la noche a la mañana. El título de esta entrada es, por supuesto, un juego de palabras con mucha intención.

Como ya expliqué en la primera parte de esta serie de dos post, desde que nuestra bebé llegó a nuestras vidas, más concretamente desde la primera noche en el hospital, ha dormido con nosotros. Sí, en la misma cama. Por eso de lo que quiero hablaros es del colecho, de sus beneficios y de mi experiencia.

Beneficios del colecho

¿Quién puede practicar colecho? Esta pregunta tiene fácil respuesta: salvo contadas excepciones, todo el mundo. Solamente se desaconseja practicar colecho, por resultar inseguro, en las siguientes situaciones (que además son situaciones riesgosas en cualquier otra faceta de la vida en la que tengas a cargo a un bebé):

si los padres son fumadores: de todos es sabido (y si no lo es ya podemos preocuparnos todos) que la exposición de las mujeres no fumadoras al humo ambiental del tabaco durante el embarazo reduce el crecimiento fetal y que la exposición posnatal de los lactantes a dicho humo aumenta enormemente el riesgo de muerte súbita del recién nacido (SMSRN). El humo del tabaco también causa efectos inmediatos en los bebés y niños como irritación de ojos y nariz, dolores de cabeza, dolor de garganta, mareo, náusea, tos y problemas respiratorios. Si pensáis que exagero podéis buscar información por internet que es extensa y, ciertamente, importante. Y si aún os parece una afirmación exagerada pensad en el tamaño de los pulmones inmaduros de un recién nacido y recordad que los pulmones no funcionan en el vientre materno sino que empiezan a funcionar cuando la cabeza del bebé se asoma al mundo por primera vez. ¿No os parece demasiada agresión a sus pequeños órganos?

si se han consumido bebidas alcohólicas, drogas, somníferos y/o medicación que altere el nivel de conciencia: me parece que este punto no necesita puntualización.

si se padece obesidad mórbida: es obvio que en estos casos la movilidad se reduce y se complica bastante por lo que pasa a ser un riesgo a la hora de compartir un espacio reducido con un bebé.

si se padece alguna enfermedad que disminuya la capacidad de respuesta: entiendo que este caso es igual de riesgoso para el colecho que para la cuna.

Salvando estas cuatro excepciones, todos podemos colechar. Pero el compartir cama no sólo es comodísimo, sino que tiene muchas más ventajas como:

es baratísimo gratis: seguro que antes de nacer vuestro/a hijo/a ya teníais una cama más o menos grande, así que no tenéis la necesidad de comprar minicunas, cunas y/o camas con sus respectivas minisábanas, minimantas y miniedredones, hasta mucho más adelante. Por no hablar de chichoneras, cojines antivuelco, móviles para cuna, etcétera. Un ahorro importante.

favorece la instauración y mantenimiento de la lactancia materna y facilita las tomas nocturnas: este punto es clave porque, durante los primeros meses, sin las tomas nocturnas es más difícil que la lactancia sea un éxito. Sé que es muy cansado despertarse infinidad de veces o tener a un bebé ya no tan pequeño colgando de los pezones TODA la noche, pero las tomas nocturnas son fundamentales para mantener la lactancia a demanda y duradera basada en un destete natural. También sé que no todo el mundo entiende lo que digo e incluso mi chico me ha sugerido el destete nocturno alguna vez, pero me siento incapaz por dos razones: si mi hija busca el pecho porque necesita contacto conmigo, no seré yo quien se lo niegue (si quisiera dormir toda la noche agarrada a mi mano o a la de papá recibiría más comprensión y es igual de incómodo) y porque para mí la lactancia es sumamente importante y, del mismo modo que defiendo amamantar a demanda, defiendo con uñas y dientes que sea mi hija la que decida gradualmente cuando disminuir sus tomas o cuando destetarse cuando llegue el su momento.

el contacto con el cuerpo de la madre ayuda a regular la temperatura corporal del recién nacido: esto es importantísimo sobre todo durante los primeros meses de vida y doy fe de ello, mi bebé no tuvo fiebre NUNCA hasta que empezó a ir a la guardería con siete meses y medio. Mi hija sí se resfrió muchas veces antes de comenzar la guardería pero nunca tuvo fiebre y a día de hoy creo que puedo contar con los dedos de una mano la cantidad de veces que la ha tenido y JAMÁS por encima de los 38’5 grados que sólo alcanzó una vez. Puede que sea casualidad o no, pero creo firmemente que la lactancia y el colecho tienen mucho que ver en la buena salud de mi hija que sólo ha “pillado” un par de gastroenteritis y algún que otro resfriado inofensivo. Y no será porque en la guardería no hay “pasas” de todo tipo de virus e infecciones (boca-mano-pie, conjuntivitis y bronquiolitis, entre otras, están a la orden del día).

aumenta los episodios de sueño REM, disminuyendo o corrigiendo los episodios de apnea del sueño tan peligrosos para el bebé.

reduce el riesgo de hipoglucemia en el bebé.

disminuye la frecuencia y duración del llanto del bebé: incluso diría que la atención inmediata de sus necesidades contribuye a la ausencia del mismo.

el bebé se duerme más fácilmente en los despertares nocturnos: puede que el colecho, y más si va acompañado de lactancia materna, provoque en el bebé más despertares nocturnos pero la rapidez con la que se solucionan juega muy a favor de dormir juntos frente a que el bebé duerma en otra cama y/o otra habitación. No tener que levantarse de la cama para atender al bebé facilita en gran medida que todos volváis a coger el sueño con rapidez.

Siempre que me preguntan que cómo puedo dormir con mi bebé sin miedo a aplastarlo, respondo lo mismo: cuando duermes con un bebé, duermes sin dormir. Es decir, cuando duermes con un bebé o niño pequeño puedes dormir profundamente pero enterarte de todos y cada uno de sus movimientos o ruiditos. Eso contribuye a que, en una noche mala, tengas la sensación de no haber dormido absolutamente nada; pero en una buena noche, hace que los despertares sean tan cortos que resulten apenas imperceptibles.

sincroniza los ciclos de sueño del bebé y la madre: si algún día mi bebé está excesivamente nerviosa o reacia a dormirse cuando llega la hora de acostarse (que puede oscilar entre las 21:30h y 23:30h), me la llevo a la cama y mientras está en la teta me hago la dormida. El 90% de las veces suele funcionar, aunque el 70% de las veces me termino durmiendo de verdad.

disminuye el riesgo de muerte súbita del lactante: los detractores del colecho achacan a esta forma de dormir que aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante por aplastamiento (?!), pero la posibilidad de reacción instantánea ante cualquier postura peligrosa que ponga en riesgo al bebé juega a favor de compartir cama. Si tu bebé se pone boca abajo en su cuna mientras tú duermes en otra habitación, es imposible que te enteres de que se está asfixiando porque no puede darse la vuelta; en cambio, si esto ocurre en tu misma cama, las probabilidades de darte cuenta y ponerle solución son infinitamente mayores.

favorece el bienestar del bebé, su desarrollo neuronal, el desarrollo de su autoestima y su posterior autonomía personal: el hecho de reaccionar instantáneamente a sus demandas, hacen que el bebé no sufra ningún tipo de estrés que pueda dañar el frágil desarrollo de sus capacidades neuronales, además de contribuir a que se sienta querido, seguro y atendido en la medida de sus necesidades.

potencia el vínculo entre el bebé y sus padres: para mí este punto es el más importante, sobre todo, cuando los padres tienen que reincorporarse a la vida laboral. Para un bebé que, de la noche a la mañana, pasa de estar las veinticuatro horas con sus figuras de apego (mamá y/o papá) a dejar de estar con ellos y tener que quedarse al cuidado de un tercero durante X horas, es muy duro tener que separarse de sus padres también durante todas las horas que tiene la noche y estoy convencida (porque yo lo siento así) de que para los padres también es muy duro tener que despedirse otra vez de su hijo/a. Dormir con tu bebé es una forma maravillosa de recuperar el tiempo perdido que ha supuesto vuestra separación durante el día, máxime cuando el bebé lacta.

 

¿Quieres conocer más de cerca mi experiencia personal con el colecho? ¡No te pierdas la primera parte de esta serie de posts!

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8 pensamientos sobre “¡No al colecho! Se malacostumbran… los padres (II)”

  1. Hola! lo mío no debe ser colecho del todo…yo tengo la cuna sin una de las barreras, pegada a la cama. Lo que me preocupa es que soy fumadora, he intentado dejarlo pero por el momento no he podido…Un golpe de mi aliento puede matar a mi bebé? Siempre, cuando fumo, me lavo las manos y los dientes para coger a mi hijo. De verdad es tan peligroso? me he quedado un poco trastocada. Gracias!!

    1. Hola Paula,

      No te asustes innecesariamente. Estás tomando las medidas adecuadas antes de coger a tu hijo y eso ya le proteje en gran medida.
      Intentaré buscarte la info sobre el tabaco y la muerte súbita y dejarte los enlaces correspondientes, pero sólo para que te informes no para que te asustes. Y fumar es malísimo siempre y no sólo para tu bebé, sobre todo para ti (soy ex-fumadora, que conste).

      Ah, por cierto, lo tuyo también es colecho 🙂

      Un abrazo

  2. Gracias por tu respuesta Laura!! Sí, me he puesto como fecha para dejarlo el primer cumpleaños de mi peque (dentro de 4 meses). Tengo bastante ansiedad y me cuesta mucho, durante el embarazo algún día no pude resistirme, me sentía super culpable. Un abrazo, te sigo por aquí!

    1. Hola Paula,

      Edité la parte en la que hablo de los padres fumadores. Disculpa que no te haya conseguido los enlaces que te dije pero ando muy escasa de tiempo. De todas formas, la información que se encuentra en la red es extensa, basta con buscar «tabaco bebé» y encontrarás mucho que leer.
      Yo fui fumadora de los 19 a los 26 y sé lo que es fumar medio a escondidas o mentir en el número de cigarrillos que fumas. También sé lo que es darse cuenta de que no respiras del todo bien y que tus uñas son amarillas o, peor aún, tus dientes. Además sé que el fumador no es consciente de ese maldito olor a tabaco que lo impregna todo, incluso por más que te laves las manos o los dientes, en tu pelo, en tu ropa y en tu piel sigue habiendo humo y nicotina. La pena es que uno no se da cuenta de todo eso hasta que lo deja.
      Celebro que te asees a conciencia antes de alzar a tu peque y ojalá que tu bebé esté creciendo en un espacio libre de tabaco (básicamente que nadie esté fumando en casa) pero hay algo que debes tener muy claro: si lo dejas tiene que ser porque TÚ quieres, ni por tu bebé, ni por el médico, ni por las amigas, ni por la familia… sólo por ti. Si te sirve de algo, yo estaba muy enganchada pero lo malo de dejarlo me duró apenas una semana. Créeme, el cuerpo se depura pronto de lo que le hace mal. Así que si estás decidida a hacerlo, ¡ánimo! A mí me sirvió como empujón y como parte de la reafirmación de mi decisión, leerme «Dejar de fumar es fácil, si sabes cómo», yo no lo considero un libro de autoayuda (porque huyo de ellos), lo considero un apoyo con argumentos a la mejor decisión que he tomado nunca para mi salud.

      (Vaya rollo te he echado)

      Un abrazo

  3. Hola! Desde que nació mi peque, hace algo más de cuatro meses, practicamos el colecho y estamos encantados. Para mi, la mayor ventaja es la comodidad a la hora de las tomas nocturma y lo tranquila que estoy teniéndolo tan cerquita. Lo malo es que la mayoría de días él quiere irse a dormir cuando yo todavía no puedo y se pone muy nervioso porque sin mi y su tetita no es capaz de dormir. Cómo lo hacéis los demás para adaptar los horarios de los peques a los de los adultos manteniendo el colecho? Gracias 🙂

    1. Hola Sara,

      Lo lamento pero creo que mi respuesta no te va a ayudar demasiado. Nosotros no hemos adaptado los horarios de la peque a los nuestros, sino los nuestros a los suyos. Así que, sobre las 21:45 o 22h, suelo estar en la cama. De todos modos, agradezco acostarme tan temprano y, de hecho, a esa hora ya estoy bostezando por los rincones.

      Si necesitas aprovechar mientras el peque duerme, puedes dormirle como siempre en su tetita y cuando esté roque intentar dejarlo acostado mientras tú haces cosas. En nuestro caso, fue misión imposible hasta hace muy poquito (tiene ya dos años), pero quizá el tuyo no se despierte.

      Un abrazo 🙂

      1. Hola de nuevo laura, gracias por tu respuesta. En nuestro caso el papi llega tarde de trabajar y no me gusta que nos pille en la cama pobre… Además el peque se despierta en cuanto me separo de él así que la única solución que he encontrado hasta ahora ha sido echarnos en el sofá hasta que llega la hora de ir a la cama. Saludos!

        1. Hola Sara,

          Ya te dije que mi respuesta no te serviría de mucho y es que: cada caso es un mundo. De todas formas, veo que tú misma has encontrado tu propia solución y mientras te funcione será la mejor… cuando ya no te funcione, a echarle imaginación de nuevo.

          Un abrazo 🙂

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