Lactancia materna, esa gran incomprendida (Parte II – a partir de los 6 meses y alimentación complementaria)

Pasados los primeros meses, la lactancia ha pasado a ser deliciosamente placentera a pesar de todas sus dificultades (sí sí, las dificultades siguen y en mi caso puedo decir que las crisis de crecimiento no son solo dos o tres, mi bebé tenía una prácticamente cada semana o cada dos semanas –así está de enorme también, claro-).

Pero amiga, la hostilidad del entorno no ha desaparecido, ahora es cuando realmente se vuelve feroz y realmente molesta. Tu bebé ha cumplido unos bellísimos cuatro meses y familiares y amigos se empeñan en preguntar (semana sí, semana también) “¿cuándo le vas a dar papillas?” y a sentenciar “Ya le toca”, acompañado de un “pero si YA tiene cuatro meses”. Comentarios que vienen a ser algo así como: eres una irresponsable que estás matando a tu hijo de hambre y le estás privando de una vida saludable. Aunque algo sí ha cambiado para bien: tú eres más fuerte que nunca, estás más segura, más feliz, más confiada y, sobre todo, más informada y respondes con firmeza “los bebés lactantes, especialmente los bebés amamantados, deben mantener la lactancia exclusiva hasta los seis meses”, citas a la OMS, a la AEPED y a UNICEF y te quedas más ancha que alta y libre de más explicaciones. Y si tus argumentos no funcionan y te siguen atacando (los que no han hecho las cosas igual que tú tienden a hablarte como si lo que tú hicieras estuviera mal y su forma de actuar fuera la correcta y, por consiguiente, tienen tendencia a faltarte el respeto con intención o sin ella) siempre puedes recurrir al tan tajante como hiriente “es mi hijo y yo decido”.

Crees que la tormenta ha pasado pero tu hermoso retoño cumple seis meses y ahora, no sólo quieren atiborrarle con cualquier cosa, sino que empieza a planear sobre tu cabeza la sombra del destete. Qué poco oportunos son algunos comentarios cuando tú estás convencida de mantener una mal llamada lactancia prolongada, lo que quiere decir básicamente que tu bebé se destetará cuando él quiera. Los que te rodean empiezan a preguntar cuánto come, qué come, con qué frecuencia… Si has decidido respetar los tiempos de tu bebé e introducir la alimentación complementaria -que como bien indica el término, complementa a la lactancia- de un modo relajado y salvaguardando y priorizando siempre la teta a demanda (que tiene que ser el alimento principal hasta el año), lo único que puedo aconsejarte que respondas a tal batería de preguntas es una evasiva tras otra; es decir, responde sin responder demasiado o entrarás en discusiones absurdas que no llevan a ninguna parte. Si además, como en nuestro caso, has decidido practicar BLW (baby led weaning) y que tu hijo coma lo mismo que tú sin inventar mejunjes raros, agárrate los machos.

Si los que preguntaban sobre la introducción de sólidos en la dieta de mi bebé hubieran sabido qué cantidad comía (y come) y hubieran visto que manteníamos prácticamente el mismo ritmo de lactancia a demanda (que en el caso de mi bebé, hasta aproximadamente el año, se traducía en  teta cada dos horas y siempre antes y después de los sólidos), se echarían las manos a la cabeza y se entrometerían una vez más en lo que no les incumbe*1.

Para muchos desinformados, a partir de los seis meses –para la mayoría de ellos esto ocurre antes- la teta no alimenta. Nada más lejos de la realidad. Desde un punto de vista estrictamente nutricional, (exceptuando el hierro) la leche materna contiene todos los nutrientes que un bebé necesita y se va adecuando a sus necesidades a medida que éste va creciendo. Tomando prestado un texto de mi biblia particular “Un regalo para toda la vida: guía de la lactancia materna” del siempre magnífico pediatra pro-lactancia Carlos González: “Aunque tal vez no es perfecto, la leche materna está más cerca de ser el alimento perfecto, a cualquier edad, que cualquier otro alimento conocido. Un náufrago en una isla desierta podría sobrevivir mucho más tiempo si sólo tuviese leche materna que si sólo tuviese pan, o sólo manzanas, o sólo garbanzos, o sólo carne…Si algún ignorante le vuelve a decir: <<Quítale el pecho, porque tu leche no tiene suficientes proteínas>>, contéstele: <<Ah, bueno, entonces le quitaré también la fruta y la verdura, que tienen menos proteínas todavía>> […] o mejor no conteste nada, porque algunos ignorantes tienen muy poco sentido del humor.”

Por otro lado, la Asociación Española de Pediatría, a través de su Comité de Lactancia Materna, en su apartado Documentos sobre lactancia materna, pone a disposición de todo aquel que pueda estar interesado un “documento de la Organización Panamericana de la Salud en el que se exponen los principios básicos demostrados que orientan las recomendaciones alimentarias de los niños de pecho” del cual recomiendo su lectura por completa e interesante y que, resumiendo, viene a decir que no es necesario atiborrar a los bebés con comida que no necesitan, ellos mismos nos guiarán haciéndonos saber qué quieren comer y cuánto*2. Una introducción de alimentos exagerada y a destiempo no sólo puede jugar en contra de la lactancia (tan importante para tu bebé y para ti mínimo hasta los dos años) sino que puede causar trastornos alimenticios tempranos. Un exceso de proteínas no es nada beneficioso para nadie, cuánto menos en un bebé.

El éxito de la lactancia materna depende única y exclusivamente de dos factores: tu bebé y tú. Mientras vosotros dos seáis felices y sigáis disfrutando de todos y cada uno de los momentos que ésta os brinda, venceréis en vuestra lucha particular. Y aunque no se necesita más que una madre y un hijo para dar de mamar, quiero destacar la importancia transcendental que supone el apoyo del papá y que en mi caso estoy orgullosa de decir que es total y absoluto y que me siento profundamente reconfortada por contar con un ser humano tan especial a mi lado.

 

No arrugues mamá. Tanto si estás embarazada como si ya estás lactando con alguna dificultad, si dar el pecho es realmente lo que quieres, adelante: que nada ni nadie te detengan. Puedes, por supuesto que puedes. Las mujeres somos capaces de crear vida, ¿cómo no íbamos a poder salvar todo tipo de dificultades?

 

*1: efectivamente esto ocurrió. Mi pareja y yo tuvimos que escuchar que nuestra bebé no estaba bien nutrida porque a sus siete meses y medio no comía papillas; que si no le dábamos papillas con carne triturada, la niña no recibía las proteínas necesarias justo en ese momento en que tiene que empezar a caminar. Ni siquiera perdí tiempo en explicar que nuestra pequeña chuperreteaba los bistecs ingiriendo así parte de sus nutrientes a la par que entrenaba los mecanismos necesarios para masticar y tragar. Y por supuesto, nuestra hija se puso de pie y empezó a caminar con diez y trece meses respectivamente…vaya, cuando estuvo preparada para ello y le dio la gana. 
Hoy, un año después, las mismas personas que criticaron nuestro método o lo vieron con malos ojos, alaban lo bien que come nuestra bebé. Eso sí, nadie ha reconocido que se equivocaba: si las cosas salen mal será tu culpa, si salen bien será mérito exclusivo del bebé.
*2: por supuesto, me estoy refiriendo siempre a niños sanos y que crecen a su ritmo. En caso de pérdida abrupta de peso o disminución de la calidad en la salud y bienestar de cualquier ser humano, EVIDENTEMENTE, hay que seguir a pies juntillas las indicaciones de un profesional. Pero de no ser así, un médico no tiene por qué decirte qué darle de comer a tu hijo, igual que no tiene por qué decirte dónde y cómo tiene éste que dormir.

 

comentarios-blog

6 pensamientos sobre “Lactancia materna, esa gran incomprendida (Parte II – a partir de los 6 meses y alimentación complementaria)”

  1. Puff, la batalla de la lactancia. Qué entrometida es la gente. A mí también me decían «¿Aún le das teta?» con ese tono tan molesto. Opté por sonreir y decir que sí y punto, sin tener que dar más explicaciones. Y es que no hay que darlas. Yo dí el pecho hasta los 15 meses y tan feliz. Me daba igual lo que me dijeran, es por ignorancia y prejuicios, lo importante es que le estás dando lo mejor a tu pequeño y que tú estés bien. Así que nada, a seguir haciendo oídos sordos y que dure lo que dure.
    ¡Un beso!

  2. Sí, Idoia. A la hora de hablar de crianza todo el mundo se siente con derecho a opinar y a «decidir», cuando en la teta (como en todo lo demás) los únicos que deciden son el niño y los papás (y en esto de la lactancia ni siquiera la opinión del padre es definitoria).

    Un abrazo

  3. Me sorprende y mucho que las mujeres que habéis decidido dar pecho os sintáis juzgadas y cuestionadas. Yo decidí no dar pecho a mi hija. Durante mi embarazo le di mil vueltas. La realidad es que yo no quería hacerlo. Pero había infinidad de personas que me presionaban para hacerlo, incluso diciéndome que si no lo hacía no sería una buena madre, o que mi hija y yo no tendríamos el famoso vínculo. (huelga decir que mi hija y yo estamos absolutamente unidas, y que dicho sea de paso, con su padre también lo está, quien también es partícipe de su alimentación). Bueno, que me voy por las ramas. Al final decidí hacer lo que realmente quería YO. No le di pecho, cosa de la que no me arrepiento. Entiendo perfectamente los pros y los contras de todo, y me parece estupendo que toooodo el mundo haga lo que quiera/pueda. El caso es que, por no hacerlo, me sentí extremadamente juzgada. Juzgada por toooodo el mundo. Criticada sin piedad. Tanto es así, que una enfermera del centro de atención primaria me dijo que tenía que asegurarse de que no tenía alguna «patología mental» o «trauma». Lástima que me pilló en un día muuu flojito, y suerte que mi marido saltó rápido y la envió a la puta mierda, que es donde tiene que estar.

    A lo que íbamos, que cuando leo que la gente te juzga si das pecho, si das pecho mucho tiempo, si duermee con tu hijo, si lo tienes durmiendo a los tres días en su habitaciónm o si no das pecho, si das cereales, si come carne, si quiere bracitos, si porteas, si llevas carro… En fin… Mi conclusión es que la gente critica y juzga en general, por tocar las narices, para tener un momento de superioridad vital o vete tú a saber.

    Así que lo mejor será hacer lo que una considere oportuno, lo que cada familia decida, porque unos padres saben lo que a su hijo le conviene, o como mínimo, intentan procurar lo mejor para él. Y eso es injuzgable.

    1. Hola Juliet,

      Pues no te sorprendas porque es lo que ocurre. Las miradas se te clavan por todas partes y ver como comentan por lo bajini está a la orden del día, pero a mí: ¡plin!.

      Tienes razón, al final te juzgarán y criticarán hagas lo que hagas. Siento mucho que te sintieras tan presionada. Supongo que hay formas y formas de decir las cosas (igual que hay formas y formas de interpretarlas). Si recibiste toda la información necesaria sobre lo que supone amamantar y lo que supone no hacerlo y aún así decidiste no dar pecho, la decisión es realmente tuya y es tan respetable como cualquier otra. El problema está en que hay muchas madres que deciden no dar el pecho porque no cuentan con toda la información necesaria y cuando se informan y es tarde lo lamentan, mucho. Hay muchas que lo hacen por una simple cuestión de comodidad (creo firmemente que no hay nada más cómodo y rápido que dar el pecho), hay otras que apelan a la liberación femenina (te aseguro que yo no me he sentido más libre en toda mi vida).
      En muchos casos la información que recibimos es nula o distorsionada por intereses de terceros. No habré oído veces eso de «lo importante es el calostro de los primeros días, después cualquier leche es igual» y es tan rotundamente falso y tendencioso que asusta.

      La cuestión, que si la decisión fue tuya y sólo tuya, ¡chapeau!

      Un abrazo

      P.D.: lo de la enfermera que te dijo eso… tela marinera.

  4. Hola Juliet!! Si, la gente es entrometida y mucho!!! Estoy convencida (convencidísima) de que la lactancia es lo mejor para el bebé pero también respeto a aquellas mamás que han decidido dar el biberón. Te cuento que cuando nació mi primer hijo, tuve como compañera de habitación una mamá que daba biberón a su bebé y mientras ella y su bebé descansaban yo me tiraba la noche sentada con mi bebé al pecho. Que duro será esto!!!, pensé y así fue y con mi segunda hija repetí y no me arrepiento. Cada mamá tiene sus motivos y razones y todos son respetables. Seguro eres una mamá fantástica!

    1. Tienes razón Karina, la chica que tenía al lado cuando nació mi beba daba el pecho pero pedía biberones continuamente a las enfermeras porque el bebé se quedaba con hambre. Me dio mucha pena porque yo también tenía a mi gordita colgando de los pechos sin parar pero jamás se me pasó por la cabeza pedir un biberón, al contrario me apetecía muchísimo estar así… después del parto me entró un subidón animal mamífero increíble que perdura en el tiempo jejeje

      Digo que me dio mucha pena porque estaba claro que esa chica no estaba bien informada, si quería seguir con la lactancia lo que necesitaba su bebé era más teta y no más bibes. Si se tiene claro que se quiere dar biberón y los contras que puede acarrear esa decisión, ok, adelante, pero cuando la decisión va acompañada de una mala o nula información, entonces sí creo que se comete un grave error.

      Un abrazo 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *