Lactancia materna, esa gran incomprendida (Parte I  – establecimiento y lactancia exclusiva)

Tú, futura madre primeriza. Tú que asistes ufana a las clases de preparación al parto. Tú que, desde que le descubriste al mundo tu estado, eres bombardeada con las bondades y ventajas de la lactancia materna. Tú que atiendes diligentemente a ese discurso que casi te hace sentir culpable por simplemente haber llegado a dudar si dar el pecho o no. Tú que; consciente como eres de los beneficios que la leche materna tendrá sobre la salud física, emocional y mental de tu futuro bebé has decidido que le regalarás a tu retoño el valioso oro blanco de tus entrañas. Tú, sí tú, prepárate para escalar la montaña más agotadora a la que te vas a enfrentar en toda tu vida.

Sí querida amiga, todo tu entorno te felicita por tan acertada decisión pero pronto ese mismo entorno será quien ponga palos a tus ruedas. Y es que la primera pregunta y consecuente aclaración que se le hace a una embarazada cuando anuncia estarlo ya empieza mal:

-¿Le vas a dar el pecho? Bueno, sí puedes, es lo mejor.

Sí, ya empezamos mal. Porque a ti, primípara inexperta y temerosa con muchas ganas de hacerlo bien, nunca se te ocurrirá responder con un “Y, ¿por qué no iba a poder?”. No, sólo se te ocurrirá decir:

Claro, si puedo y todo va bien… Yo lo intentaré.

No amiga, olvídate de repetir frases hechas: salvo impedimento médico imposible de sortear no lo harás si puedes, no lo intentarás; lo harás si quieres y estás convencida de que pese a las dificultades no tirarás la toalla: por ti, por tu bebé, por los dos.

Tu pareja y tú que, decididos a ser dueños y señores de vuestro proceso de embarazo y posterior crianza de vuestro bebé, devoráis páginas y páginas llenas de información sobre lactancia materna, sabéis perfectamente que todas las mujeres pueden dar de lactar a sus hijos; sabéis perfectamente que la falta de leche (hipogalactia) es una circunstancia extrañísima que se da en casos contados. Y entonces, ¿por qué hay tantísimas mujeres que abandonan la lactancia en los primeros días o semanas? Algunas alegan retirada de leche, otras alegan dolores insoportables y otras simplemente se sienten agotadas y piensan (muchas veces inducidas por comentarios de otros) que es mejor estar frescas para poder dedicarse a sus hijos… todas se equivocan y todas tienen razón, su razón; pero curiosamente las que deciden “abandonar” reciben muchas más muestras de respeto, consideración y contención que las que deciden seguir adelante. De éstas se suele decir que “sufren porque quieren”, “no sé por qué se quejan tanto”, “ni que fuera la primera mujer en el mundo que da la teta”, “que den biberones y se acabó el problema”.

Los comienzos con lactancia materna son durísimos (al menos en mi caso y en los casos que conozco) pero, claro está, eso nadie te lo explica o por lo menos no te lo explica demasiado. Y, por supuesto, no es la única dificultad con la que te enfrentas tras el parto: un punto encarnado; una cicatriz que no termina de curar; el descenso abrupto de hormonas que te hace sentir abatida, inútil, incapaz y algo triste; los sentimientos contradictorios que hacen que te invada una sensación de culpabilidad (mi mayor admiración a la que no haya pensado aunque sólo sea una vez: “¿dónde me he metido y por qué?”); las noches sin dormir; los cólicos y la dedicación absoluta a ese nuevo ser que depende única y exclusivamente de ti (olvídalo, por más ayuda que recibas, lo único que necesita –en el más estricto significado del verbo- un bebé es a su madre). Todos estos factores y muchos otros hacen el camino muy cuesta arriba.

Y ahí viene la lactancia. Tú, convencida, feliz por dar la vida todos los días a tu bebé, te llevas un golpe de realidad. Aquella imagen angelical de una mujer con su retoño en el regazo, envueltos en un halo de luz mientras el bebé mama plácidamente de su pecho se convierte de repente en la imagen de una mujer agotada, sin peinar, ojerosa a quien se le entrecierran los labios de dolor cada vez que su pequeño se engancha furibundo a su pezón. Entonces es cuando entra en juego la importancia de una buena información y un buen apoyo para que la lactancia sea un éxito. No ayudan los comentarios de familiares y amigos (siendo los comentarios de los primeros los que más duelen) enfocados a lo que consideran que haces mal. No ayudan los “¿otra vez le vas a dar el pecho? Eso es que se queda con hambre, tu leche no lo alimenta suficientemente, deberías darle algún biberón de refuerzo”, o los “deberías ponerle horarios o no serás nunca dueña de ti misma”, o los “no es normal que solo quiera estar contigo todo el tiempo”… todo ello refiriéndose a un bebé rollizo de mes y medio. No ayuda.

Es importante saber que las mastitis remiten y, a veces, con una simple corrección de la postura del lactante. Las grietas se curan, no sin antes derramar unas cuantas lágrimas de dolor. Incluso sin necesidad de tener grietas ni infecciones y con un buen enganche del bebé desde el minuto cero, es posible sentir un dolor intenso en los pezones (a quienes dicen por ahí que si la postura y el enganche del bebé son buenos el pecho no duele, le invito a ver la furia e insistencia con la que se agarra mi hija desde el mismo paritorio). Por lo tanto, el dolor tiene solución y, aunque parezca que no va a remitir nunca, pasa, no se olvida pero pasa.

Por otro lado está la falta de leche o directamente la retirada de la misma. Antes de nada es imprescindible decir que de esos casos se dan uno entre un millón, son muy improbables. Aún así es posible que sientas que la leche se retira o que tienes poca, tranquila porque tiene solución: para producir más leche hay que poner más al pecho al bebé. Y tú dirás: “¿Más? Si se pasa las veinticuatro horas colgado de mis pechos?”, pues sí: más. Puede que tu bebé esté colgado las veinticuatro horas pero también es posible que no realice succiones nutritivas, aunque al principio es muy difícil diferenciar cuándo lo son y cuándo no. Además, debes tener en cuenta que en el pecho encuentra otras muchas cosas aparte de la comida. El pecho es calor, amor, contacto, consuelo, etcétera. Date tiempo. También puede que tu bebé esté atravesando una de las tantas crisis de crecimiento que puede tener en las que a base de aumentar la demanda regula la cantidad de leche que tú produces para cubrir sus necesidades: la naturaleza es sabia. Es muy importante que te informes bien sobre las crisis de crecimiento porque la sensación de que el bebé se queda con hambre suele ser uno de los principales enemigos de la lactancia materna.

Lo único para lo que no hay solución querida amiga (y ya lo siento) es para el cansancio. Ése, lejos de desaparecer, va in crescendo. Pero entonces llega el día en que tu bebé te responde con una sonrisa y el agotamiento pasa de ser doloroso a ser parte del proceso de la felicidad. Y de repente, tu  bebé ya no pasa horas enteras al pecho si no que come y se suelta satisfecho, feliz, pleno. Y tú, querida amiga; que pensabas que ese día no iba a llegar nunca; que sentías que la lactancia era algo pesadísimo y terriblemente cansado; descubres que se ha convertido en una de las mejores cosas que has hecho y que vas a hacer en la vida, descubres que te sientes plena, realizada, inmensamente feliz, casi invencible. Sí amiga, has vencido. Has vencido a los malos consejos (bien intencionados o no), has vencido a las críticas siempre destructivas cuando se trata de la relación mamá-bebé (qué manía tiene todo el mundo de separar tan bello binomio: que si déjalo en el moisés, que si déjalo en la cuna, que si déjalo en la hamaca, que si déjalo en la trona, que si déjalo en el taca-taca…pero eso sí, cuando está presente el “aconsejante” reclama tener al bebé en brazos. Esa sería otra nota a escribir, todo llegará).

Sobre todo, recuerda algo muy importante y que es clave para tu bebé (y para la lactancia): lactancia exclusiva mínimo hasta los seis meses, ya sea materna o artificial, y como alimento principal hasta el año (la comida no sustituye tomas sino que las complementa: la teta no es el postre es el plato principal).

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6 pensamientos sobre “Lactancia materna, esa gran incomprendida (Parte I  – establecimiento y lactancia exclusiva)”

    1. ¡Gracias Alba!

      A mí me ayudó mucho en los momentos duros leer blogs y foros de mamás como soy yo ahora que me tranquilizaban y me sirvieron para comprender que TODO lo que nos pasa a nosotras y a nuestros bebés es NORMAL aunque no sea habitual.

      Un abrazo

  1. Hola Laura, te felicito por esta maravilla de blog y por este artículo en concreto, has descrito la historia que llevo viviendo estos últimos meses punto por punto y de una manera asombrosa, todas las madres que estén en cualquier momento de la lactancia materna deberían leerlo, a mí me ha ayudado a sentirme un poco mas comprendida, un beso y enhorabuena

    1. Hola Sara,

      Muchísimas gracias por tu comentario, me hace inmensamente feliz saber que mis palabras pueden ayudar a alguien porque yo eché mucho de menos esa comprensión al principio.

      Un beso y feliz crianza 🙂

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