¡Feliz Lactancia!

Mi bebé tiene ya dieciocho meses –el tiempo pasa volando- y esta ha sido mi segunda Semana de la Lactancia Materna como Madre, amamantadora, veladora y defensora a ultranza de la lactancia materna y por ello quiero despedir esta semana con otro post para desear a toda madre que apueste por ella, una ¡Feliz Lactancia!

Pienso que, como todo en esta vida, lo más importante es que la lactancia venga dada por una decisión personal pero en el caso de la ardua tarea que supone amamantar a un mini-homínido recién llegado al mundo y desde mi propia experiencia personal –que, por supuesto, no tiene por qué ser siquiera similar a la de otras mamás- añadiría que es casi imprescindible que se trate de una convicción razonada y con grandes dosis de tozudez, amor incondicional y una reducción total de prioridades a una sola: el bebé. Si se cumplen estos requisitos, la posibilidad de éxito es casi absoluta. Y digo casi porque aún poniendo todo de tu parte, se te puede hacer tan cuesta arriba que vayas cayendo despacio hasta abandonar.

Durante el embarazo todos te animan a dar el pecho pero cuando nace el bebé es precisamente cuando muchos van minando tu moral y puedes encontrarte con el principio del fin. A veces tienes la sensación de que todos a tu alrededor trabajan para Nestlé.

Tú, que has decidido que lo harás cueste lo que cueste, que tienes la más absoluta convicción de que conseguirás que el primer biberón que vea tu bebé sea en la tele, empiezas a escuchar a tu alrededor frases como “si está tan cansada que le dé un biberón”, “si está todo el día en la teta es que se queda con hambre”, “dale un biberón por la noche para que duerma”, etcétera. Es entonces cuando te das cuenta de que has llegado a un punto de no retorno: o te dejas vencer por tus lógicas inseguridades y decides no tener que discutir más por este tema con nadie a pesar del sabor a derrota, o bien, entran en juego tu orgullo, tu cabezonería y tu inmenso instinto de mamífera y como una hormiguita buscas y buscas información con la que te sientes cada vez más empoderada.

La información es extensa y está al alcance de todos pero te quedas mucho más tranquila si todo lo que has leído en tus horas de amamantamiento insomne te lo corrobora un experto. Ahí entra en juego la importancia de contar con unos buenos profesionales bien preparados, que no hablen sin saber y que velen por tu bienestar y el de tu bebé y no por el beneficio de las grandes marcas comerciales.

Pero llega el gran día en que, en la revisión del primer mes de tu bebé, acudes al pediatra quien observando a tu retoño rechoncho y feliz te dice que si sigue haciendo tantas tomas habrá que controlarle el peso y plantearse un suplemento…y se queda tan ancho mientras tu miras desconcertada al pequeño buda regordete que trajiste al mundo.

Preocupada, informada y ofendida consultas con tu comadrona quien echándose las manos a la cabeza lamenta que haya tanto profesional tan poco ídem. Y cómo no…vuelves a casa llena de dudas, otra vez, pero segura de no sucumbir ante la leche artificial.

Aunque llega el día, y creedme que llega, en que das un puñetazo sobre la mesa y por fin crees en ti y en tu capacidad de alimentar a tu bebé y te convences de que si tu bebé y tú sois felices es que lo estáis haciendo de maravilla. Y sólo entonces, con toda la seguridad de tu lado decides hacer algo que deberíamos hacer todos desde un principio (salvo contratiempo en el crecimiento y salud del pequeño) y es confiar en nuestro instinto, en nuestro hijo e ir al pediatra a consultar temas estrictamente médicos (como enfermedades, heridas, cortes…). La crianza (alimentación, sueño, demanda de atención, etcétera) corre de nuestra cuenta, para bien y para mal.

Dicho esto, el pequeño Via Crucis por el que pasamos las madres lactantes merece tantísimo la pena que volvería a pasar por él una y mil veces sólo por ver lo feliz y sana que crece mi hija y los momentos tan irrepetibles que me brinda la lactancia y que tanto echaré de menos cuando ésta termine. Todo lo que he ganado en seguridad, confianza y autoconocimiento como mujer y mamífera vale todo lo que ha quedado por el camino en forma de cambio en algunas relaciones. Volvería a hacerlo, sin dudar.

 

Volviendo a la Semana Mundial de la Lactancia 2014, este año su lema ha sido: ¡Un triunfo para toda la vida!. Me imagino que este lema se refiere principalmente a un triunfo para la salud, no me voy a entretener enumerando las infinitas ventajas que tiene la lactancia materna para la salud de nuestros bebés y para la nuestra sino que voy a ir un poco más allá; y es que quizá a vosotras os pasaba como a mí y en los momentos de debilidad de los duros inicios con la teta sentíais que sucumbir ante un biberón sería una derrota dolorosísima y un fracaso absoluto que os haría profundamente infelices. Por eso, hoy más que nunca, con una lactancia de dieciocho meses que seguirá mientras mi bebé quiera, me siento triunfante. Siento que seguir contra viento y marea con nuestra lactancia es uno de los triunfos más importantes que conseguiré en  toda mi vida y eso me hace sentir inmensamente feliz y orgullosa.

¡Feliz Lactancia!

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