Semana Mundial de la Lactancia Materna 2014

Ayer, 1 de agosto, se dio por iniciada, un año más, la Semana Mundial de la Lactancia Materna, bajo el lema Lactancia Materna: ¡un triunfo para toda la vida!. No me voy a extender hablando de los objetivos marcados para este año porque, sin duda, son los que se persiguen de algún modo cada año y cada día por aquellos que defendemos y promocionamos las bondades de la lactancia materna y la necesidad de brindarla al máximo número de niños posible (podéis echar un vistazo al programa oficial y a sus metas para 2014 aquí y aquí); pero resumiendo son éstos:

1 Informar sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y cómo se relacionan con la Lactancia Materna y la Alimentación Infantil.

2 Mostrar los logros hasta ahora y los grandes vacíos existentes y decisivos para la Lactancia Materna y la Alimentación Infantil.

3 Llamar la atención sobre la importancia de PRIORIZAR acciones para proteger, promover y apoyar la lactancia materna como una intervención clave para lograr los ODM y para la siguiente Era después del 2015.

4 Estimular el interés de la juventud para que tanto mujeres y hombres comprendan la importancia y relevancia de la lactancia materna en este mundo actual tan cambiante.

Por mi parte, prefiero hablaros un poco de mi punto de vista, obviamente condicionado por mi experiencia personal de lactancia exitosa y feliz (que no plácida) de 18 meses y sumando.

Si bien los inicios fueron muy duros –hacerte a la idea de que tienes que pasar sentada amamantando prácticamente las 24 horas del día y que tienes que cumplir con tus necesidades básicas como ducharte o ir al baño en un corre corre agotador no es fácil- gracias a mi convencimiento absoluto (y un poco de cabezonería) de que no quería que mi hija tomara ni una sola gota de leche artificial y el apoyo y confianza valiosísimos que me brindó mi pareja, fueron claves para un buen establecimiento de la lactancia materna. Y menos mal que fuimos insistentes porque es lo más maravilloso, importante y trascendente que he hecho jamás.

Al principio, una que tiene miedos e inseguridades tan arraigados a nivel social que es casi imposible arrancártelos a nivel individual, me fui marcando algo así como metas en el tiempo. Después de leer mucho y llegar a la conclusión de que lo más duro eran los primeros tres meses (cosa que corroboro), “me di” tres meses para acomodarme y si la cosa no funcionaba ya veríamos qué hacíamos. Pasados esos tres meses, todo se tranquilizó pero no porque disminuyera la frecuencia de las tomas –que se mantuvo en el tiempo- sino porque algo muy importante cambió dentro de mí: tenía mucha información y una confianza y seguridad en mí como madre que no he tenido jamás en ninguna otra faceta de la vida.

A partir de entonces, la meta pasó a ser los seis meses y la introducción de sólidos. A otras madres les llena de ilusión la idea de empezar a dar comida a sus bebés, a mí me angustiaba un poco y no tenía ninguna prisa por que llegara el día. Me ponía un poco triste pensar que la introducción de sólidos podía acabar con nuestra lactancia. Por suerte me equivoqué…y mucho. Nunca, ni siquiera antes de nacer mi hija, me atrajo mucho la idea de las papillas y “dar de comer” a mi bebé. Siempre dije que dejaría a mi pequeña experimentar con la comida y seguir sus tiempos y así lo hicimos. Descubrimos el BLW (Baby Led Weaning) que, además de ser inmensamente respetuoso con los tiempos de cada bebé, es inmensamente respetuoso con la lactancia que no hay que olvidar que se trata del alimento principal hasta el año, un alimento importantísimo hasta los dos años y un alimento maravilloso y poderoso hasta que bebé y/o mamá quieran. Aunque si el entorno es hostil con la lactancia materna ni os imagináis cuánto puede serlo con el BLW, pero de eso ya os hablaré otro día.

Pasaron los seis meses con éxito y mi pequeña no tenía dientes, cosa que me aliviaba bastante pero que fue el inicio de mis nuevas inquietudes. Entonces, como en cada etapa distinta de mi maternidad, las búsquedas en internet cambiaron de nuevo para convertirse en una constante búsqueda de información sobre “amamantar a bebé con dientes”. Y una vez más, después de tanto preocuparme, las cosas fluyeron de un modo natural y tranquilo.

Y aquí seguimos, algunos baches superados, 18 meses, 8 dientes y 4 muelas después, con una lactancia maravillosa, de alta demanda (7-10 tomas al día de media aproximadamente) y con la seguridad de estar dándole a mi hija lo mejor de mí en todos los aspectos: todo mi amor, todas mis sonrisas, todos mis abrazos, todos mis brazos, todos mis mimos, todo el tiempo del que dispongo, todo mi intelecto y toda mi vida en forma de alimento, salud y consuelo a través de mi leche.

Por eso, yo no voy a hablaros de la parte técnica y de los enormes beneficios que la lactancia materna tiene en los niños y en las madres, yo quiero hablaros de la parte emocional y de la experiencia vital que ésta supone. Yo hoy soy más feliz, me siento más importante, más fuerte, más poderosa, más mamífera, más animal, más natural, más primitiva, más viva…más libre.

Así que os animo a que si tenéis claro, a pesar de toda la información -si es que os ha interesado recibirla, que hay quien se cierra en banda y no le gusta leer (?!) ni escuchar-, que no queréis amamantar, adelante. Pero si tenéis la ilusión de hacerlo, si sentís como sentía yo que tirar la toalla sería un fracaso estrepitoso que me haría profundamente infeliz, hacedlo. Ánimo, informaos bien, leed mucho, acudid cuantas veces sean necesarias a ver a vuestra matrona, acudid a grupos de apoyo a la lactancia, pedid ayuda a amigas, conocidas e incluso a desconocidas que veáis amamantando, entrad en foros y páginas especializadas llenas de personas esperando con la mejor intención para ayudaros y, sobre todo, confiad en vosotras mismas y haced oídos sordos a consejos desinformados y contraproducentes.

Por último, quiero hacer mención al libro “Un regalo para toda la vida: guía de la lactancia materna” de Carlos Gónzalez, porque si bien estoy convencida de que el éxito de nuestra lactancia se debe a mi perseverancia y al apoyo incondicional de mi pareja, tengo que reconocer que leer este libro MA-RA-VI-LLO-SO me ayudó a creer en mí como madre y como mujer y a confiar en mi capacidad e instinto, así como a confiar en mi bebé. Si tuviera que hacer un regalo a una futura familia sería sin lugar a dudas un ejemplar de este libro, que junto a la mochila de porteo es la mejor inversión que he hecho por el bien de mi maternidad y nuestra felicidad.

¡Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna!¡Feliz lactancia!

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4 pensamientos sobre “Semana Mundial de la Lactancia Materna 2014”

  1. Cabezonería!!! Pues si, lo mío también fue pura cabezonería!!! Espero que muchas futuras mamás sean cabezonas y sigan su propio instinto!!!

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