Lo que las marcas de artículos para bebés no quieren que te cuente (Parte I – Lactancia)

Queridísima amiga que te sonríes emocionada ante el espejo del baño porque acabas de ver el positivo en tu prueba de embarazo: esta nota te la dedico especialmente a ti.

Tú, que todavía no has tenido tiempo de salir a comprar como una posesa todos cuantos artículos de bebé hay a la venta (créeme, alucinarás cuando veas todo lo que inventan para sacarte los cuartos, no te lo acabarás), tómate unos minutos y siéntate tranquila a leer lo que tengo para decirte. No te quedes sólo con mi opinión, sigue sondeando en la red porque, aunque seguramente termines más desconcertada y perdida que antes de empezar, puede que algún día recuerdes estos post y me sonrías en la distancia.

Para empezar, creo que es mi obligación aclarar que la mayoría de armatostes y artilugios varios para bebé de los que voy a hablar me los prestaron, así que voy a argumentar su inutilidad desde la cómoda posición que ocupo al no haber invertido el dinero y haberme quedado con cara de tonta o haberme forzado a usarlos aunque sea “un poquito”. También quiero aclarar que, aunque hasta que no tengas a tu bebé en brazos –por mucho que tengas una idea preformada- no sabrás de qué pie calzas en esto de la maternidad, esta nota está escrita desde el prisma de una crianza respetuosa, con apego y que defiende con uñas y dientes la importancia de la exterogestación (nueve meses dentro, nueve meses fuera), el porteo y la lactancia materna.

Recuerdo que durante mi embarazo devoré y devoré información. Un día cayó ante mí un post que no he conseguido recuperar y que argumentaba lo innecesario que es un carrito de bebé. Cuando terminé de leerlo me quedé algo escéptica y pensando que la autora del post exageraba pero hoy casi suscribo sus palabras a la par que confecciono mi propio listado. Con lo que voy a exponer a continuación no quiero decir que no haya que usar ciertos artilugios o que son “malos”, lo que quiero decir es que son, bajo mi punto de vista, del todo innecesarios y prescindibles.

Voy al grano, así que empezaré por las cosas que a mí me resultaron inútiles:

Biberones de todos los tamaños, materiales y colores: de más está decir que alguien que sigue amamantando a su bebé después de 14 meses y que vive comprometida con la defensa y concienciación sobre la importancia de la lactancia materna más allá del aspecto nutricional y científico, no puede decir más que los biberones son un artilugio inútil, innecesario y contraproducente. Yo, como primeriza y neófita en estos temas de la maternidad, sabía que quería amamantar a mi bebé y aun así recibí agradecida distintos biberones de familiares y amigos, ya sea como regalo o como préstamo, que guardé a mano en la cocina: “por si acaso”. Bien, si hoy en día tuviera que tener otro/a hijo/a, todos y cada uno de esos botecitos que cayeran en mis manos irían directamente al trastero o donados. Básicamente porque no los necesito, nadie los necesita y si las circunstancias (a vida o muerte) hicieran que los necesitara, saldría a comprar uno. ¿O acaso a alguien que decide que va a alimentar a su bebé con fórmula le regalan una teta por si algún día le hace falta?

Digo que son contraproducentes porque los inicios en la lactancia –hasta que cambias el chip y aceptas tu nuevo rol- pueden ser muy duros (sobre todo si no estás bien informada), y aunque jamás caí en la tentación, sí entendí a aquellas mamás temerosas y estranguladas por la sociedad, las estadísticas, los pediatras no-reciclados y la sombra de los percentiles que deciden sucumbir ante los biberones a pesar de sentir que han perdido una importante batalla y a quienes, afortunadamente para ellas, se les brinda más apoyo y consuelo social que a aquellas que decidimos seguir adelante contra viento y marea.

Es cierto que los biberones también se pueden rellenar con leche materna pero en mi caso seguían siendo inútiles porque lo más que conseguí sacarme alguna vez fueron 50 ml. Y, la verdad, si estás tú para dar la teta ¿para qué necesitas un biberón? Otro tema es si tienes que separarte inevitablemente incomprensiblemente de tu bebé por causa de fuerza mayor o empiezas a trabajar antes de la introducción de la alimentación complementaria, pero para eso hay otras soluciones como vasos de entrenamiento, pipetas, cucharas, paladais, excedencias de un par de meses, etc., que son mucho más respetuosas con la lactancia materna.

Si en tu caso, te ves obligada a suplementar, debo decirte dos cosas: busca una segunda, tercera, cuarta opinión y recuerda que existen artículos específicos para la suplementación y/o relactación pensadas para preservar la lactancia y no para destruirla. Infórmate bien.

Ten en cuenta que los mayores enemigos de la lactancia materna son: la desinformación, los miedos de la inexperta mamá, el entorno “bienintencionado” (especialmente el familiar) y el biberón.

En este punto podemos añadir otros cacharros como son el esterilizador de biberones, el escurrebiberones y el calientabiberones: si tienes la intención de amamantar es obvio que no los necesitas. Si tienes algo que esterilizar siempre puedes hervirlo, no te tomará mucho más tiempo que con el bendito cacharro y si tienes algo que calentar, puedes hacerlo en el microondas removiendo bien.

Chupetes: si bien es cierto que al cuarto día de vida le plantamos a nuestro bebé un chupete monísimo, más cierto es que, teniendo a mamá cerca (que afortunadamente fue las veinticuatro horas hasta que agoté mi excedencia y tuve que reincorporarme al trabajo a los siete meses y medio), nunca le hizo demasiado caso a tan popular pedacito de plástico. De hecho, tan poco lo usaba que a partir de los cuatro/cinco meses decidió que no quería volver a usarlo y hoy por hoy solamente lo utiliza la media hora de siesta que duerme en la guardería por la mañana y si fuera por mí, una vez pasado el terremoto de la adaptación, se lo habría retirado definitivamente.

Si tienes la suerte de poder permanecer junto a tu pequeño mucho tiempo, no los necesitarás en absoluto. No necesitamos los chupetes y puede que acaben como los que tiene mi pequeña: en un bote junto al portachupetes y las cadenitas como parte de su arsenal de juguetes.

Ten muy presente que los bebés no usan la teta de chupete como se dice despectivamente por ahí, más bien todo lo contrario: usan el chupete de teta.

Sacaleches: con este cacharro tengo un dilema y es que así como puede ser muy útil en caso de necesidad, en caso de no-necesidad puede ser tu peor enemigo. Hay muchas mamás que por distintos motivos se ven obligadas a sacarse leche hasta que la lactancia está bien establecida (frenillo sublingual del bebé, grietas imposibles de soportar, bebés perezosos o débiles, bebés ingresados en unidades neonatales no respetuosas con el puerperio, entre otros) pero si tu caso es como el mío y lo que parece es que tu bebé siempre tiene hambre (mi monstruo pedía teta cada media hora –cada hora, con suerte- y como mamaba durante más de cuarenta minutos empalmábamos una tetada con otra, además de pasar por todas y cada una de las crisis de crecimiento que se le ocurrían) no seas tan boba como yo y no te empeñes en sacarte leche entre tetadas para aumentar la producción, porque sólo conseguirás dos cosas: no descansar mientras tu bebé duerme en lugar de aprovechar para dormir porque te dedicarás a sacarte leche (en mi caso a intentarlo sin éxito) y que, como la producción no es controlada por tu bebé, notes que tu pequeño/a hace cosas raras en las tetadas posteriores a la extracción (incluso en las de los días posteriores). Además, en mi caso, me extraía más cantidad y con más facilidad con mis propias manos que con el cacharro sorbiéndome los pezones.

Si parece que tu bebé se queda con hambre y quiere más teta, la solución es sencillísima: más teta. Si le dieras fórmula no dudarías en darle otro biberón, no dudes en dar más teta. Aunque te parezca mentira, siempre se puede dar más teta. Pon atención a su técnica, muchas veces chupan sin succionar, lo que recibe el nombre de succión no nutritiva, y eso, por supuesto, no es hambre así que no dejes que nadie sugiera los biberones. Y ten muy presente que tu bebé busca en el pecho muchas otras cosas además de alimento (cariño, calor, confort, etc.), plantéatelo como si fuera su cordón externo.

Debes saber desde ya que si decides dar el pecho tendrás que estar dispuesta a defender la lactancia con uñas y dientes, todos los días y ante las personas que menos te esperas; o bien tendrás que hacer un dificilísimo ejercicio de oídos sordos y/o ignoración  que por desgracia nunca conseguí llevar a la práctica. Tendrás que ser una loba pero el esfuerzo merece la pena.

Dentro de este punto podemos incluir las pezoneras. Las usé una sola vez y se me quitaron las ganas de volver a intentarlo y creo que mi hija me lo agradeció. A no ser que te las recomiende un/a experto/a en lactancia que haya descartado previamente problemas de posición y/o abertura de la boca del bebé, entre otros contratiempos solucionables, pasa de las pezoneras porque se pueden convertir en un obstáculo más que en una ayuda.

Cojín de lactancia: si lo quieres usar para apoyar a tu bebé durante las tetadas, siento desilusionarte (ya sé que los venden muy monos y mulliditos) pero es del todo innecesario. No te aportará nada que no pueda solucionarte una almohada normal y corriente correctamente colocada, es más, puede inducir a tu pequeño/a a adoptar una postura incorrecta y que tus pechos se resientan, y si además es de los que tiene forma de herradura te será aún más inútil puesto que no te servirá ni para ayudarte a dormir cómodamente en los últimos meses de embarazo. Así que si quieres comprarte uno sí o sí, elige uno de los que son en forma de cilindro alargado y al menos te servirá para descansar mejor en la recta final antes de la llegada de tu bebé.

4 pensamientos sobre “Lo que las marcas de artículos para bebés no quieren que te cuente (Parte I – Lactancia)”

  1. Hace poco me ingresaron (al final no fue nada) y lo único que atiné a decir fue: dame unas horas que necesito un sacaleches!!! y corriendo a por biberones, que tampoco tenía ¿para qué si estaba a teta? Acudí a la enfermera a que me explicara cómo se preparaba un bibe (como el ingreso fue exprés no había podido hacer banquito de leche) y una pediatra que por allí pasada flipando en plan «con 11 meses no sabes hacer un bibe??»
    Todo quedó en anecdota, el hospital fue bastante respetuoso y menos por la noche mamó todo lo necesario.

    Razón total tiene tu artículo. Hay mucha necesidad inventada en el mundo de la puericultura.

    1. ¡Menos mal que no fue nada! Suerte que el hospital respetó vuestra lactancia a pesar de ser un “bebé grande”.
      Hay muchos objetos que te venden como comodidad y después no sabes ni dónde meterlos, suerte que nosotros también leímos mucho durante el embarazo y suerte que nos dejaron todos los trastos excepto el cochecito.

      Un abrazo

  2. Qué necesarios me parecen estos artículos. Te dejo, de nuevo, mi opinión.
    Tener biberones y demás al lado puede ser contraproducente porque será más fácil que alguien te lo pase delante de los ojos en los momentos de debilidad. Yo utilicé biberón para leche y agua cuando mi hijo se incorporó a la guarde y para todo ese tiempo solo usé realmente dos biberones de los que nos regalaron de muestra no sé dónde. Dos. El sacaleches me vino bien al principio (para descargar) y más adelante (para hacer mi banco de leche materna), pero cuando aprendí a sacarme a mano lo dejé de lado. Aún no sé si venderlo, regalarlo o guardarlo por si las moscas. El calientabiberones lo usó mi marido dos veces y el termo está sin abrir (aunque nos vendrá bien si vamos de camping).
    Yo empecé con una almohada normal y me resultó muy incómodo, tanto que pedí a gritos un cojín de lactancia, porque además nuestras tetadas eran eternas y con él me descansaba muchísimo la espalda.. Me regalaron uno de los grandes (alargados, como una serpiente) y le he sacado muchísimo partido. Además, se puede usar como almohada de embaraza para ahorrarse ponerse cojines y almohadas por todas partes. Se lo dejé a una amiga y dormía con él muy bien cuando estaba embarazada. Por tanto, no es imprescindible pero a mí me vino bien. Eso sí, hay que vigilar porque a veces dan lugar a una mala postura y contribuyen a que salgan grietas.

    1. Totalmente de acuerdo, Patricia. En mi caso el cojín no me sirvió de mucho porque por la forma de mis pechos, al descansar al bebé sobre él, adoptábamos una mala postura y era peor el remedio que la enfermedad.

      Una amiga me comentó después de leer este post que ella no había podido vivir los primeros meses sin su cojín de lactancia debido a las molestias de la cesárea. Seguramente no habría seguido adelante con su lactancia sin él.

      De todos modos, así como a mí no me sirvió, si se quiere adquirir uno sí que desaconsejo el que tiene forma de herradura y aconsejo comprar el alargado como una serpiente, como dices tú. Mucho más versátil y útil, a mi parecer.

      Un saludo y ¡gracias por comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *