Tu cuerpo es tuyo

A medida que mi hija crece, mis preocupaciones se van renovando y van cambiando. Cada vez se hacen más complejas.

Nada más nacer, mi mayor preocupación era proporcionarle todo el contacto y todos los cuidados que ella necesitaba y que, pese a quien pese, dependían en mayor parte de mí. Establecer la lactancia fue una gran batalla a nuestro favor que copó gran parte de mis esfuerzos durante los primeros meses (y gran parte de los esfuerzos de mi chico). Después empecé a preocuparme por respetar su libertad de movimientos, que nadie forzara su postura para sentarla o para ponerla de pie, por ejemplo. Después llegó la sombra de la introducción de la alimentación complementaria y mi mayor preocupación fue la de mantener la lactancia exclusiva hasta como mínimo los seis meses, desoyendo intromisiones y desechando malas miradas. Cuando estuvo preparada para iniciar la alimentación complementaria, mi mayor preocupación era que nadie le diera nada de comer, sobre todo, que no le dieran guarradas (y para un bebé de seis meses, que además toma pecho, un quesito tipo Caserío me parece una guarrada) y, sobre sobre todo, que nadie le diera de comer en la boca; nada de aviones, nada de mejunjes triturados, nada de darle a la comida más importancia de la que tiene, nada de azúcar… ¡nada de chocolate, nada de helado! (estas cosas siguen preocupándome bastante aún a día de hoy). Más tarde, mi preocupación pasó por evitar que nadie le inculcara el miedo a caerse o a golpearse, primero cuando empezó a gatear y después cuando echó a andar. De la guardería ni hablo porque os podéis imaginar que mi preocupación no era una sola… eran muchas y muy diversas.

Pues bien, mi hija va creciendo y vamos quemando etapas. Hasta ahora nos hemos asegurado y, creo que puedo decir que hemos conseguido con éxito, que se le respetaran todos sus hitos y sus ritmos. Sin embargo, nuestra pequeña cada día es más compleja, su mundo se extiende y nuestro margen de acción y de reacción se reduce.

NO ES NO

A todos nos gustaría ver, de vez en cuando, por un agujerito cómo se comportan nuestros hijos cuando están con sus compañeros lejos de nuestras miradas. Bien, no he tenido ocasión, aunque me encantaría, pero sí que estuve en una actividad que se hizo en su escuela infantil en la que coincidimos con varios de sus compañeros y mejores amigos de clase.

Es maravilloso verla reír y abrazarse con sus amigos. Es maravilloso ver como se besuquean y juegan juntos. Lo que no es tan maravilloso es ver que a tu hija la estiran en lugar de acompañarla o le dan órdenes o la “obligan” a hacer algo en lugar de compartir el juego.

Sinceramente, me quedé bastante preocupada porque vi que mi hija no dice NO, no limita su espacio vital, no se defiende. Ya la había visto actuar así con su primo mayor pero pensé que era fruto de la fascinación que siente por él y que con sus iguales la cosa sería distinta.

Cuando la “obligaban” a hacer algo que no quería o que no quería hacer de ese modo, como mucho me miraba con cara de <<Mama, no quiero>>. Y, claro, una no quiere intervenir, así que me limité a decirle <<¿Qué pasa, cariño?¿No quieres? Si no quieres no lo hagas, no tienes que hacer nada que no quieras. Cuando te apetezca, ve.>>. Después la agarraron entre dos compañeras, estirando una por cada lado y discutiendo “de quién era” mi hija, si de una o de la otra. Pues, lo siento, pero ahí sí que no me pude aguantar e intervine con  un <<¡Basta! Esta no es manera de jugar y no es divertido. Mi hija no es de nadie, es sólo suya.>>

Pero, claro, yo la entiendo. A mí también me costaba mucho decir que NO. Nuestra sociedad no lleva bien el NO y sabemos que podemos herir o molestar a gente que queremos si nos negamos a hacer algo que ellos quieren, incluso cuando se trata de algo que ellos consideran que es por nuestro bien pero que nosotros sabemos que no queremos o no nos conviene realmente. Tememos al rechazo, a quedarnos solos. Yo misma llevo mal los NO, y ¿quién no? Pero no por ello debemos vivir a voluntad de otros, y es una cadena que todos deberíamos empezar a romper. Yo llevo tiempo cascarillando eslabones.

Yo lo estoy poniendo en práctica, a veces con más determinación, a veces con menos. Soy adulta, y es complicado. Imaginaos cuán complicado ha de ser para unas personitas pequeñas que apenas llegan a los tres años, cuatro, cinco, seis, los que sean. Unas personitas que todavía hay quien está convencido de que no son personas completas, como si por estar aprendiendo a vivir no estuvieran completos… Disculpadme, pero las únicas personas que conozco que han dejado de aprender a vivir están muertas y a ésas sí que creo que poco de personas completas les debe quedar.

Cada vez que un niño dice que NO a un adulto y ése adulto no sólo lo ignora sino que lo toma a risa y sigue actuando según su voluntad, estamos mermando su capacidad de auto-defensa y auto-valoración. Y no me refiero a <<no quiero esa chaqueta, quiero el abrigo>> o <<no quiero acelgas>>, me refiero a <<no quiero que me achuches así>>, <<no quiero cosquillas>>, <<no me gusta que me agarres así>>, <<no me apetece que me apretujes y besuquees>>, entre otras cosas.

De verdad, yo sé que son actitudes que tenemos muy interiorizadas y que hay a quién le parece muy gracioso eso de “hacer rabiar” a los niños, pero yo sigo sin verle la gracia a seguir haciendo cosquillas a alguien que te está gritando sin reír <<¡No! ¡No más!>>, o levantar por los aires a la fuerza a alguien que patalea mientras te dice <<¡Bájame!>>, o seguir chinchando con el dedo a alguien que mientras se queja te dice claramente <<¡Déjame!>>. También sé que se hace desde el cariño pero imaginad por un momento que eso se lo hace a vuestro hijo/nieto/sobrino/ahijado un completo desconocido, ¿os haría tanta gracia? ¿lo permitiríais o intervendrías de inmediato? Y si pensáis que un niño se sentiría indefenso ante un desconocido, ¿qué os hace pensar que se sienten menos indefensos con un conocido? ¿qué os hace pensar que no se sienten terriblemente indefensos cuando la persona que ignora sus necesidades y que no respeta sus propios límites es alguien que se supone que le quiere más que cualquier extraño?

Cuando un adulto no respeta el NO de un niño, el mensaje que éste recibe es nefasto. ¿Por qué le voy a decir que no a un amigo, al panadero, al tío de menganita o al profesor de taekwondo si ni siquiera las personas que más me quieren me hacen caso cuando lo digo, si mi NO no vale nada? ¿Por qué le voy a decir que NO a nadie si incluso para las personas que más me quieren paso de ser <<un sol>> a ser <<arisco>>, <<repelente>>, <<rancio>>?

En serio, ¿tan difícil es cambiar el <<¿Me das un besito?>> por el <<¿Te puedo dar un besito?>>? ¿Tan difícil es cambiar el <<Bueno, bueno. Que no, vale. ¡Rancio!>> por el <<Vale, cariño, perdona. Cuando quieras un abrazo/beso/cosquillas/X estaré aquí>>?

¿Qué es lo que tanto tememos del NO? ¿Tan frágiles somos? ¿Tan inseguros? ¿Tan poco empáticos?

TU CUERPO ES TUYO

Desde que mi hija nació, tengo la sensación (y casi la certeza) de que he pasado de ser la hija, la nuera, la hermana, la todo, a ser la Señora NO. Soy la Madre del SÍ y la “otra” del NO. Por no hablar de que a veces me siento como el enemigo, alguien de quién deshacerse, alguien que sobra (pero eso es harina de otro costal).

Soy la Señora NO y lo seguiré siendo porque tan importante es para mi hija aprender a decir que NO como aprender a luchar por el SÍ. Lo seguiré siendo porque he tenido la maravillosa suerte de parir una niña pero es una suerte que va intensamente ligada al hándicap que supone ser mujer. Lo seguiré siendo porque mientras un chico es decidido y tiene las cosas claras cuando dice que NO, una chica es una mojigata, una estrecha, una cagada o una estúpida. Lo seguiré siendo porque quiero que al decir que NO hoy, mañana sea capaz de decir que NO a la niña que pega a todos en el recreo, al maestro que está equivocado y no soporta que lo corrijan, a quién le mete mano sin preguntar, a quién le levanta la mano por primera y última vez, al médico que quiere inducirle el parto sin motivos contrastados, al jefe que quiere que trabaje diez horas pagándole seis y cotizando cuatro, al gobierno que le mete la mano en el bolsillo o a aquellos que le aseguran que matan a inocentes para protegerla. Quiero que mañana sea capaz de decir NO a todo aquello con lo que no esté de acuerdo y/o la perjudique, aunque ese NO tenga que comérmelo y digerirlo yo.

¿Creéis que no sé que hay quién dice que sobreprotejo a mi hija? ¿Creéis que no sé que el viento va silbando que, si la defiendo yo, nunca aprenderá a defenderse sola? ¿Creéis que me importa? Queremos niños que sean respetuosos con las personas, con los animales, con el planeta… pero no les respetamos. Queremos niños que cambien el mundo… pero no les dejamos salirse de lo establecido. Queremos niños creativos… pero no dejamos que se salgan de la raya. Queremos niños que no caigan en manos de depravados o de maltratadores pero no les enseñamos a decir que NO. Yo no quiero repetir el patrón, será difícil, requerirá dedicación y creatividad, pero lo intentaré. Por ella. Por mí.

Querida hija, seguiré defendiéndote siempre, de quién haga falta, cuándo haga falta, cómo haga falta. Soy tu Madre. No te adiestro, no te alecciono. Te cuido, te doy herramientas, intento darte el mejor ejemplo. Seguiré interviniendo cuando digas NO y no seas escuchada, seguiré recordándote en voz muy alta para que todos lo oigan que <<no tienes que hacerlo si no quieres>>. Seguiré recordándote a voz en grito hasta el día en que me muera que <<la única dueña de ti misma eres tú>> que <<la persona principal con la que tienes que estar de acuerdo es contigo>> que <<las explicaciones más elaboradas son las que tienes que regalarte a ti>> y que <<TU CUERPO ES TUYO. TUS EMOCIONES SON TUYAS. Y VALEN. LO VALEN TODO>>.

Yo no confío en quién no me respeta. Querida hija, sólo aspiro a que el día de mañana te sientas absolutamente libre de confiar en mí, sea lo que sea lo que pase por tu cabeza. Querida hija, sólo aspiro a que darte voz hoy sirva para que tu voz sea clara mañana. Querida hija, sólo aspiro a que sepas que estoy aquí, hoy y siempre, sin condiciones, sin medias tintas, sin influencias externas; sólo tú y yo en nuestro espacio común. Querida hija, sólo aspiro a que seas tú misma y que las influencias externas no te moldeen a voluntad. Querida hija, en realidad, sólo aspiro a que sepas que TE AMO.

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