Treinta y dos

Treinta y dos otoños como treinta y dos soles. Quizá por eso me gusta tanto esta estación, su temperatura, sus colores; al fin y al cabo, es lo primero que vi y sentí cuando abrí los ojos a este mundo por primera vez: el otoño (bueno, en realidad, lo primero que debí ver era material médico, una cuna de plástico, un montón de personal vestido de verde y al fondo, con cara de necesidad de mí, a mi madre. Pero ahora no viene al caso).

Hoy sumo otro año al expediente. Otro año que ha sido, en su mayor parte, muy bueno. Ha habido de todo: trabajo, lectura, escritura, tatuajes, viajes y, lo mejor, mucho tiempo con mi pequeña gran familia de tres.

El año pasado, por mi cumpleaños, subí una entrada al blog con treinta y una cosas sobre mí. Bien, que sepáis que me dejé unas cuantas, muchas. Como éstas:

-Me gusta cantar y no lo hago nada mal.

-Me gusta bailar aunque ando muy oxidada.

-Soy vaga… mucho (creo que esto sí lo puse, pero es que soy tan vaga que tengo que volver a ponerlo).

-Procastino. Mucho. Demasiado.

-Pienso. Mucho. Demasiado.

-Doy demasiada importancia a lo que dicen los demás, sobre todo a las críticas. Y eso que a la hora de actuar me resbala. Mucho. Demasiado Muchísimo.

-No termino ninguna de mis novelas y/o relatos extensos porque soy una cagada y una ignorante que cree que si su obra no llega a mucha gente no es una buena obra. Autoboicot.

-No me decido a recopilar mis entradas del blog en un libro porque me da miedo que no lo quiera ni mi madre, a pesar de que varias lectoras me han “pedido” que lo haga y a pesar de que la persona que más me quiere y más confía en mis posibilidades me anima todos los días a hacerlo.

-No escribo más a menudo en el blog porque siento que cuando me fuerzo a escribir sólo por mantener un ritmo de entradas al mes me estoy traicionando a mí misma. Yo no vendo nada, no doy clases de nada, nadie depende de lo que yo escribo. Yo escribo porque lo siento, cuando lo siento; si, además, ayuda a alguien, pues mucho mejor.

-No busco marcas para comprometerme y monetizar el blog porque no soy capaz de comprometerme conmigo misma como para que otros decidan cuándo, cómo y sobre qué tengo que escribir (este punto desespera a mi chico que ve en el blog y en mí un potencial que yo no termino de ver –autoboicot se llama-, pero sé que escribir así secaría mi tinta y, entonces, ¿qué me quedaría?).

-Soy la madre perfecta hasta que algo se sale de lo habitual y me tengo que volver a reinventar y volver a ser la madre perfecta.

-Nunca había confiado tanto en mí misma como ahora que soy Madre.

-Antes era muy de las de “consejos vendo que pa’ mí no tengo”. Antes. Qué ignorante.

-No doy consejos no solicitados.

-He aprendido a diferenciar entre alguien que quiere tu opinión/consejo y alguien que sólo quiere que lo escuches, que lo consueles.

-Intento no verter juicios. A veces, incluso lo consigo.

-Me alejo concienzudamente de racistas, fascistas, sexistas y xenófobos en general. Me desespero y me frustro cuando los tengo tan cerca que me es “imposible” borrarlos de mi vida de un plumazo.

-Cuando me apetece me doy tanto que apenas me queda nada, y soy feliz con ello.

-Cuando me crispan soy muy cabrona retorcida jodida cabrona.

-Cuando alguien se me mete entre ceja y ceja, no hay nada que hacer.

-Me gusta aprender sobre pseudo-ciencias, energías, reikis, astrologías, astronomías y espiritualidades varias, aunque no creo demasiado en ninguna de ellas y no me parecen nada funcionales.

-Dicho lo anterior… me gusta leer el horóscopo, los significados de los nombres, el significado de los números. No me creo nada pero es divertido buscar las coincidencias dónde uno las quiere ver.

-Estoy convencida de que si miramos una de esas listas sobre “gente tóxica”, en algún punto doy el perfil. No asientas con tanta ligereza, seguro que tú también das el perfil en algún punto. O en varios. Seguro.


Para este nuevo año que empiezo hoy, voy a proponerme algunas cosas:

-Escribir más en el blog o por lo menos intentar plasmar más a menudo todo aquello que me pasa por la cabeza y que no siempre me paro a escribir.

-Terminar de una vez mis relatos “serios”… si es que a alguno sólo le falta ponerle “FIN” pero, oye, que no me animo.

-Reanudar la novela. Seweryna me llama.

-Revisar y reanudar mi conjunto de relatos distópicos. Berta, te lo debo.

-Bailar más. Mucho más. Sola y acompañada.

-Reír más. Sin límites, sin pensar.

-Leer más, aunque últimamente tengo el listón bastante alto teniendo en cuenta el tiempo para la lectura del que dispongo.

-Enfadarme menos. En serio, con un carácter como el mío no es cosa fácil.

-Dejar de autoboicotearme. En todos los ámbitos.

Follar más Hacer más el amor. Siempre se puede hacer más y es la mejor medicina que existe.


Venga va, lo dejo aquí que esto de ponerme en plan egoblogger puede ser peligroso 😛 Estoy segura de que alguna de las cosas que pongo aquí, ya las puse en la entrada de los treinta y uno pero, ¿qué queréis?, soy la misma persona con un año más. Más guapa, más alta, más lista, más mala buena, pero la misma.

Gracias por estar ahí 🙂

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2 Comments

  1. Y, además, mamá says

    Laura, ¡muchísimas felicidades! Hacía mucho que no me pasaba por aquí y me encuentro con esto, me ha encantado. Yo también te voy a animar a que dejes ese puñetero autoboicot que no te hace ningún bien y publiques y publiques. Relatos, novelas, posts, lo que quieras. Ya te censurarán otros si quieres, no te censures tú. ¿No crees?
    Espero que disfrutes muchísimo tus 32 primaveras. Por cierto que el viernes que viene las cumplo yo, quinta mía 🙂

    1. laurablanch
      laurablanch says

      ¡Idoia corazón! Muchas gracias 🙂 Creo que va siendo hora de superar el vértigo y lanzarme al vacío… ¿qué clase de mensaje le estaré dando a mi hija si no lo hago?

      Un abrazo fuerte y, ahora, ¡a por el tuyo!
      🙂

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