Matarraña – Julio 2014

El 11 de julio es el cumpleaños de mi chico y como lo que más nos gusta es pulular, decidí que este año uno de mis regalos sería una mini escapada de fin de semana rural, que nos encanta. Así que, como nos habían hablado maravillas de Valderrobres, me puse manos a la obra y contraté, a muy buen precio, un apartamento fantástico en Casa Ferrás. No diré que el apartamento es céntrico porque Valderrobres no es un pueblo muy grande y todo me parece cerca, más teniendo en cuenta que cuando vas a visitar un lugar la idea es pasear todo lo que se pueda.

Como el día 11 era viernes y ambos trabajábamos, lo dejamos todo listo el jueves anterior para poder salir inmediatamente después de comer y en cuanto Alma se quedara dormida. Siempre que tenemos que ir en coche para hacer un trayecto más o menos largo, confabulamos contra nuestra pequeña para que se duerma antes de salir porque detesta viajar en coche y es tremendamente complicado mantenerla entretenida o tranquila durante todo el camino. Así que como teníamos casi dos horas de carretera, en cuanto la enana cerró los ojos sobre las tres de la tarde, nos fuimos corriendo al coche y salimos a la carretera.

No había podido “estudiarme” el recorrido antes de salir así que seguí a ciegas al GPS que nos regaló un maravilloso tour por las montañas de Cataluña y Aragón que estoy segura que nos podríamos haber ahorrado en gran medida. Ya lo siento pero yo soy más de Autopista hasta último momento. La amable señorita del satélite nos envió por la N-420, así que pasamos por Riudecols, Falset, Móra d’Ebre, Gandesa y Calaceite entre otros. Vaya, que si echáis un vistazo a las posibles rutas desde Tarragona, nosotros fuimos por la más larga.

Llegamos a Valderrobres sobre las cinco y la casera nos estaba esperando. Nos enseñó el apartamento (enorme para sólo 3 personas) súper completo y acogedor, y salimos a pasear y a comprar algo para cenar.

El apartamento está en la calle Toledo, perpendicular a la Avenida Hispanidad. Salimos a la Avenida y seguimos caminando en dirección al casco antiguo que se encuentra justo al final de ésta. En seguida nos encontramos con el imponente puente de piedra gótico del siglo XIV/XV que da acceso a lo que podríamos llamar el barrio medieval o intramuros.

Merece la pena detenerse a sacar unas cuantas fotos porque la estampa es espectacular. Aunque había llovido los días anteriores, el Matarraña no bajaba con fuerza y aún así el paisaje era precioso, así que imagino que en otras épocas del año en las que el río lleve más caudal tiene que ser de postal.

Nada más atravesar el puente y el portal de San Roque, nos encontramos con el Ayuntamiento presidiendo una recogida y hermosa plaza de bares y una tienda de souvenirs encantadores, coronada por escaleras y muros de piedra que conservan el aire medieval que se respira en todo el casco antiguo.

Decidimos empezar nuestra ascensión en busca de la Iglesia y el Castillo por las escaleras que quedaban a nuestra izquierda y en el primer descansillo seguimos por las escaleras de la derecha. Alma a sus apenas dieciocho meses se empeñó en subir escalón por escalón a pie, y creedme que eran unos cuantos… ¡es una crack! Eso sí, se paró en todos los portales con reja –que eran casi todos-, es una pasión que tiene.

Por fin llegamos a la base de la Iglesia de Santa María la Mayor y es imponente. Después de serpentear por las calles y escaleras estrechas de corte medieval, encontrarse con tan enorme construcción presidiendo el paisaje impresiona.

A la derecha de la Iglesia encontramos los Jardines del Calvario. No es nada del otro mundo pero nos pareció curioso entrar. Como su propio nombre indica se trata de un recorrido por los pasos del Calvario de Jesús. Está un poco dejado de la mano de Dios (¡qué bien traído! Aplauso para mí) pero tiene su encanto, además de que me sirvió para darle el pecho a Alma cómodamente bajo la sombrita.

Después nos fuimos hacia el Castillo-Palacio que se encuentra contiguo a la Iglesia. No entramos ni a la Iglesia ni al Castillo, simplemente porque no se nos ocurrió entrar, pero se puede entrar en ambos sitios con el mismo ticket (4 € adultos / 2 € niños de 4 a 11 años). La verdad es que la idea era volver el sábado pero nos surgieron planes mejores.

De todas formas, lo que sí pudimos disfrutar fueron las maravillosas vistas que ofrece el balcón donde descansa el castillo y que imaginamos que tienen que ser alucinantes desde la parte más alta de éste.

Como estábamos un poco cansados y teníamos que pasar a comprar algo para la cena, sobre las siete empezamos a desandar camino para volver al apartamento. Además, nosotros que somos de horario un poco inglés, acostumbramos a cenar sobre las 20/20:30h y hacernos esperar a nosotros pase pero cuando Alma tiene hambre… TIE-NE-HAM-BRE.

Nos paramos a comprar algo de pan y carne envasada en un pequeño supermercado de franquicia en la misma Avenida Hispanidad pero, sinceramente, no lo recomiendo. Aunque nosotros volvimos a comprar en él al día siguiente por comodidad, si podéis buscar otro súper o comprar en la carnicería y/o en la frutería que hay un poco más abajo (cerca del puente) mejor.

Volvimos al apartamento, cenamos, planeamos un poco el día siguiente y cuando Alma dijo basta o mejor dicho dijo “¡TE-TA!” nos fuimos a dormir.

El sábado amaneció un poco feo: nublado y fresquito. Así que los planes que teníamos de ir a bañarnos en alguna piscina natural de las que abundan por la zona se desvanecieron como el humo. Aunque no hay mal que por bien no venga. El día anterior había visto un indicador que situaba Arnes a apenas diez kilómetros en dirección Tortosa y como hacía mucho tiempo que mi cabeza iba detrás de este lugar, allí que nos fuimos.

En realidad lo que íbamos buscando era El Toll de Vidre. Se trata de un enclave maravilloso rodeado de bosque, es como un pequeño oasis. Lástima que hiciera un día poco caluroso porque nos quedamos con muchas ganas de chapotear en el “charco” (que sería la traducción literal de toll), sobre todo Alma a quien le gusta más el agua que comer con las manos y así lo demuestra con su incombustible “¡ABUA!¡ABUA!¡AAAAA-BUAAAAA!”.

Yo no soy muy de campo pero estos lugares, especialmente las fuentes y saltos de agua naturales, me hipnotizan. Me encantan. El silencio roto por el ruido del agua, el piar de los pájaros y el movimiento de las hojas, de vez en cuando tendría que ser algo obligatorio para los que vivimos rodeados de asfalto. Por no decir que Alma ha sacado su afición por el agua (por más fría que esté) de algún lado… o sea de moi.

Eso sí, aunque está muy bien señalizado y gran parte del camino se trata de una pista asfaltada de agradecido recorrido, el tramo final es de tierra y está lleno de desniveles, pedruscos y socavones y no es muy agradable si vas en un sencillo Focus Trend. Aunque para lo poco que le gusta a Alma ir en coche tengo que decir que se quedó roque con tanto traqueteo. Así que si tenéis niños más grandes que ya caminan con soltura, podéis dejar el coche al inicio del camino e ir paseando. De hecho, si cuando Alma sea más grande volvemos a visitar este lugar, haremos el camino como a San Fernando… un  ratito a pie y otro ratito andando.

Estuvimos un buen rato descubriendo y disfrutando este precioso lugar y después fuimos a visitar el pueblo que tiene también un encanto especial. La verdad es que sus calles estrechas y acogedoras me recordaron bastante a las de Godall, el pueblo de mi familia por parte de mi abuela materna y que tiene su encanto también. Antes de llegar al Ayuntamiento, hay una plaza alargada con bancos y árboles, donde podemos encontrar un mapa de situación del pueblo con sus distintos puntos de interés. Alma se lo pasó en grande correteando por debajo de su estructura metálica. Además, desde esa misma plaza tenemos unas vistas maravillosas de las montañas del Parque Natural dels Ports.

Al final de la plaza encontramos unas pocas escaleras que nos llevan a la Iglesia de Santa Magdalena, de estilo barroco, y al Ayuntamiento, de estilo renacentista, que están uno en frente del otro. Nos llamó la atención que en el mástil ondeaban la Estelada (bandera independentista catalana) y la bandera europea… por supuesto, ni rastro de la bandera española.

Por detrás de la Iglesia corre una callejuela (Carrer Sant Antoni) que delimita el ábside de la iglesia actual dejando visible el ábside anterior.

Esta callejuela muere en un parque con columpios levantado sobre lo que antaño fue el huerto de la abadía.

El paseo por las calles de Arnes se hace muy agradable y se puede hacer tranquilamente sin invertir demasiadas horas, así que nos dio tiempo a volver a Valderrobres para comer.

Comimos en la terraza del Bar de la Plaza de donde recomendamos muchísimo las croquetas caseras: ¡deliciosas! ¡tremendas! Y después, siguiendo los ritmos de nuestra pequeña, volvimos al apartamento para que durmiera su siesta en condiciones.

En cuanto Alma se despertó, nos volvimos a poner en marcha. Esta vez, nos subimos de nuevo al coche y fuimos dirección Beceite. Una vez sales a la Avenida Hispanidad es muy sencillo ubicarse porque están todas las direcciones muy bien señalizadas y porque no hay mucha pérdida: o izquierda o derecha.

Justo antes de llegar a Beceite, en la entrada, hay un pequeño parking donde encontraréis una caseta de información. En un principio me dio la impresión de que debía ser un puesto lleno de folletos informativos y poco más pero me equivoqué rotundamente. Dentro de la caseta nos atendió una chica muy amable que nos explicó el mapa y los puntos de interés del pueblo.

La verdad, es que después de todo lo que nos explicó confieso que nosotros no vimos prácticamente nada, pero quien tenga bebés sabe que las visitas por la tarde tienen que ser un poco más light y relajadas. Así que renunciamos de entrada a la “odisea” que suponía llegar a las piscinas naturales de donde se sacan las bellísimas fotos de los folletos turísticos y nos limitamos a descubrir un poco el pueblo que tampoco tiene desperdicio.

Aunque se puede dejar el coche en el parking del punto de información y llegar al pueblo andando, cosa que supone caminar apenas unos cientos de metros, como nosotros no teníamos muy claro todavía qué íbamos a hacer y qué no, entramos al pueblo con el coche. Pasamos por delante de la Ermita de Santa Ana y aparcamos en seguida justo al final del Puente de Piedra, al lado de unos contenedores.

Desde el Puente de Piedra hay unas vistas preciosas de los Puertos que envuelven toda la zona del Matarraña y además se puede acceder a la parte baja del puente junto al lecho del río. Parece algo muy sencillo pero, la verdad, es que nos fascinó poder contemplar el río desde debajo del puente, es una bella estampa con un salto de agua que es música para los oídos.

En lugar de adentrarnos en el pueblo, seguimos por el Arrabal del Puente y la calle Ronda, hasta que encontramos un indicador que señalaba que a la derecha se encontraba la Font de Rabosa que es lo que íbamos buscando, ya que habíamos renunciado a las piscinas naturales que se encuentran fuera del pueblo (Pesquera). Y la verdad, no nos decepcionó en absoluto. Es un lugar maravilloso que está ahí mismo en el pueblo. Cuando vas por la calle Ronda, si no te fijas en el indicador, nunca dirías que está ahí este paraje natural. Además, el acceso es una minicallejuelilla a la que es fácil acceder si porteas como nosotros pero que  si llevas carro será un rollo, así que mejor dejarlo en el coche.

La Font de Rabosa es un precioso salto de agua donde te puedes bañar. La pena es que como había refrescado por la mañana no nos habíamos puesto la ropa de baño y no habíamos cogido las toallas, así que nos quedamos sin entrar al agua. Es cierto que el agua estaba fría pero como en toda fuente o río de montaña. Yo me quedé con muchas ganas de bañarme, sobre todo porque había gente en el agua, pero Alma se quedó con muchas ganas más, ¡pobre!

Después de pasar un rato disfrutando de ese hermoso lugar, desandamos el camino para visitar el pueblo. Entramos al casco antiguo por el Portal de Vilanova y enseguida nos encontramos con unas calles encantadoras, con balcones adornados con flores y en las aceras bancos de piedra donde Alma se sentó a ojear el mapa. Estuvimos dando vueltas por las calles de Beceite y nos dejamos perder un poco por ellas. Rodeamos el casco antiguo y pasamos por el Arco de San Gregorio cuya calle nos llevo hasta La Acequia, los antiguos lavaderos públicos.

No fue un paseo largo pero como Alma lo quiso hacer todo andando (es un pueblo con cuestas y escaleras), tardamos un poco más. Sobre todo, porque tiene la “maravillosa” costumbre de caminar sola (sin darnos la mano) un tramo para, cuando a ella le parece, darse la vuelta corriendo…y vuelta a empezar.

Cuando volvimos al coche debían ser cerca de las 19 o 19.30h, es decir, hora de pensar en volver para preparar la cena, bañarse, cenar, amodorrarse un poco y a dormir. Así que nos pusimos en marcha y volvimos al apartamento en Valderrobres.

Para la mañana siguiente, la de regreso a casa, habíamos pensado salir sobre las 11 o 12h cuando Alma se durmiera, pero como el día anterior habíamos llevado el tema del coche mucho mejor decidimos arriesgarnos, salir sobre las 9.30 o 10h y que los astros se conjuraran para que la peque se durmiera durante el trayecto. No nos salió del todo mal la jugada pero no fue un camino de rosas. Digamos que los astros nos abandonaron y tuvo que entrar en juego la fina muñeca del padre que se dedicó a “mecer” la silla de Alma durante más de media hora mientras se hacía el dormido. Un espectáculo que nos llevó a casa sanos, salvos y sin llantos.

 

P.D.: el queridísimo GPS volvió a hacer de las suyas y en la bifurcación que te da a escoger entre Pinell de Brai y Tortosa, aunque yo SABÍA que quería ir dirección Tortosa para salir a la Autopista cuanto antes, me mandó para Pinell de Brai, lo que se traduce en MÁS y peor carretera de montaña y no oler la Autopista hasta Hospitalet de l’Infant cuando ya no merece la pena tomarla. Así que en Hospitalet salimos a la Autovía y santas pascuas.

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2 Comments

  1. prestamos dificiles says

    A ver si tengo el placer de ir a ese pueblo porque conforme has hablado de él me han dado ganas de hacerle una sorpresa a mi chica para hacer algo distinto, tengo que verlo!

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Claro que sí! No dejes de visitarlo porque es precioso.

      Un abrazo 🙂

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