Lo que quieres oír

Hace treinta y tres meses que me convertí en madre con todas las letras, y cuarenta y dos meses que mi cuerpo, en toda su sabiduría, es mucha más madre de lo que yo seré jamás. En este tiempo he conocido física o virtualmente a muchas madres, porque si algo tiene la maternidad es que, de repente, tu círculo de influencia se llena de mamás presentes y/o futuras.

Cuando una empieza a frecuentar a otras madres, se da cuenta de lo condicionadas que estamos todas por nuestros entornos y nuestros bagajes personales. Y, peor aún, se da cuenta de lo predispuestas que estamos todas a juzgarnos entre nosotras para intentar que duela menos ese juicio al que también nos vemos sometidas constantemente.

A mí me miraban mal por defender con uñas y dientes nuestra lactancia exclusiva hasta lo seis meses (aunque presentara argumentos y datos incontestables) pero no puedo obviar que yo pensaba en ese momento que peor me parecía a mí que quienes me juzgaban no hubieran luchado por la lactancia materna y hubieran alimentado desde el principio a sus bebés con leche artificial; a ver si se creen que para mí fue un camino de rosas. A mí me miraban mal por no dar triturados a mi hija (bueno, y se me dijo que no la estaba alimentando y que jugaba con su salud) pero no puedo obviar que a mí me parece una asquerosidad darle a un niño/a que está descubriendo el placer y la necesidad de comer, un mejunje raro con todo tipo de alimentos distintos con el que no aprenden a comer sino a engullir, y, además, a hacerlo sometidos al criterio de otras personas. Pero oye, mientras los niños no sufran y se les trate con respeto y amor, cada una sabe lo que funciona mejor en su casa.

Podría pasarme así toda la tarde. Porque la lista es larga, mi memoria sublime y mi rencor palpitante. Como diría una gran mujer: “Tengo una memoria horrible. Me acuerdo de todo”.

Lo que quieres oír

Y, de repente, te bombardean con aquello que ahora llaman “guerra de madres”. Esa guerra contra la que luchan abanderadas y, por qué no decirlo, blogueras de éxito que no buscan en absoluto repercusión en las redes (léase la ironía), como la dulce Gwyneth Paltrow. Y, ojo, que no me parecen mal todos esos vídeos que corren por los grupos de maternidad llamando a la solidaridad y a la paz social entre madres. No me parece mal que llamen a ponerse en el lugar de la otra, que llamen a no juzgar a la ligera, que llamen a entender que cada familia tiene unas necesidades y unas soluciones distintas. ¡Cómo me va a parecer mal cuando yo misma sufro juicios a diario!¡Cómo me va a parecer mal que dejemos de meternos en vidas ajenas!¡Cómo me va a parecer mal que dejemos de justificar las cosas que hacemos intentando dilapidar a quien actúa distinto!

No, no me parece mal. Me parece fantástico y ojalá note sus efectos pronto porque, por muy segura que una esté de sus motivos y de sus actos, la paciencia tiene un límite. Y la mía nunca ha aparecido en mi lista de virtudes.

Pero cuidado, todos esos vídeos me parecen muy emotivos e incluso divertidos hasta que, al final, resulta que firma la lección una marca de leche artificial o de mejunjes envasados para niños que no os comeríais en la puñetera vida por iniciativa propia o de portabebés menos recomendables que llevar a tu hijo colgando directamente en una bolsa del supermercado. ¿Qué tengo que entender entonces?¿Cuál es el mensaje: queridas madres que os informáis, dejad de condicionar a nuestro público y dejad de bajarnos las ventas? O ¿es éste: queridas madres que os informáis, todo lo que habéis leído es falso, nosotros somos lo mejor para vuestros hijos y no vosotras?

Ahora en serio. Me parece terrible que tomemos como palabra divina algunos mensajes que corren por ahí para beneficiar a unos pocos en detrimento de la salud y el bienestar de muchos. Que yo le diga a una madre que decide no dar el pecho en absoluto a su bebé por X motivos, que la leche artificial por más conseguida que ésta esté no tiene ni punto de comparación con la leche materna; que yo le diga a una madre que ese potito que en la etiqueta se hace llamar “natural” lleva cantidades ingentes de aditivos y/o sal; que yo le diga a una madre que ese portabebés no es ergonómico y que si tiene que usarlo mejor que no lo lleve mucho rato porque sería perjudicial para su bebé; que yo le diga eso a una madre es limitarme a dar una información veraz y contrastada. No le estoy diciendo que hace las cosas mal, no le estoy diciendo que es mala madre, sólo le estoy diciendo que hay alternativas y que la información es abundante y gratuita.

De todas formas, ¿quién va por ahí aleccionando hordas de madres? ¿Qué os creéis que las madres que lactamos o que porteamos o que no damos triturados o que colechamos o que lo hacemos todo a la vez vamos por ahí con panfletos para captar adeptas a nuestra causa cuales testigos de Jehová? Pues ya lo siento, pero no. Todo lo que he dicho en el párrafo anterior jamás ha salido de mi boca porque no tengo la costumbre de meterme dónde no me llaman y cuando he dado alguna información como la citada ha sido porque se me ha preguntado al respecto. Otra cosa es que quién ha preguntado se haya visto complacida con la respuesta o en su disonancia cognitiva haya interpretado un ataque donde no lo hay.

En estos treinta y tres meses son varias las veces en que se me ha preguntado sobre lactancia exclusiva, o lactancia nocturna, o sobre sistemas de porteo, o sobre <<¿qué le das de comer si no se lo trituras?>> o sobre <<si no la castigas, ¿cómo sabe lo que ha hecho mal?>>, o sobre muchos otros temas. Y no, no es que por ello me crea que soy una eminencia en el tema -de hecho, estoy muy pez- pero es evidente que cuando me preguntan a mí es porque soy la que lo hace distinto (o la que lo reconoce y lo pregona a los cuatro vientos para intentar que a otras no las miren como el bicho raro que se me considera a mí). Lo que no parece tan evidente es que si preguntas a otra persona su opinión y/o le pides la información contrastada que maneja, esta persona te dará su opinión y/o te entregará la información contrastada que maneja. Parece una estupidez de frase pero, creedme, no lo es.

Si vienes a mí para preguntarme sobre crisis de lactancia y cómo superarlas, lo siento pero no esperes que te lleve de la mano a comprar leche artificial para suplementar. Si vienes a mí a preguntarme si me parece lo más y una ganga ese portabebés nada ergonómico que te has comprado, lo siento pero no esperes que te pida que me acompañes a la tienda a comprarme uno igual. Si vienes a mí para decirme que has destetado a tu hijo a fuerza de frotarte sabores desagradables en los pezones, lo siento pero no esperes que te haga la ola, te felicitaré si realmente no ha sido traumático para él pero, si es así, es que no hacía falta tu intervención porque tu hijo ya lo tenía decidido. Si vienes a mí a preguntarme qué cereales de cuya marca no quiero acordarme son mejores para empezar, lo siento pero no te hablaré bien de ellos y de la cantidad de azúcares atiborrantes que llevan. Si vienes a mí a decirme que la enfermera de tu hijo te ha dicho que le metas entre pecho y espalda a un bebé de cuatro meses un biberón de 200 ml cargado de cereales azucarados antes de acostarlo para que duerma toda la noche, lo siento pero no te voy a hablar bien de esa enfermera; de hecho, los consejos de esa enfermera son los que peor hablan de ella.

Si vienes a mí, te diré que las crisis de lactancia (siempre que el bebé gane peso de forma regular y esté visiblemente sano) se “curan” con mucha teta y grandes dosis de nervios acumulados y llantinas desesperadas. Si vienes a mí, te diré que en esa tienda no te han asesorado bien y ese portabebés es de todo excepto lo más adecuado para tu bebé, ni para ti. Si vienes a mí, te diré que no hay mejor cereal que un poco de arroz hervido aplastado para que pueda gestionarlo bien tu bebé cuando esté preparado para ello, y el pan, no hay cereal mejor que el pan. Si vienes a mí, no sabré darte ideas para destetar pero sí te preguntaré cuál es el motivo de la decisión; puede que esa pregunta te ayude más que cualquiera de mis respuestas. Si vienes a mí, te diré que las tomas nocturnas son claves para una lactancia exitosa y, dependiendo de la edad del bebé, te diré que son claves para su crecimiento y bienestar. Sí, lo siento, si vienes a mí no te hablaré sobre atajos y caminos de rosas. Si vienes a mí te hablaré de sacrificios, esfuerzos, crisis de identidad, crisis de sueño, guerras internas y victorias aplastantes. Si vienes a mí te hablaré de trascendencia en vida, te hablaré de entrega sin condiciones ni límites, te hablaré de amor sin tapujos ni tabúes. Si vienes a mí te hablaré de feminidad, de fortaleza, de divinidad terrenal, de tetas invencibles, de lobas bípedas y de mujeres salvajes.

Todos sabemos a quién nos dirigimos cuando pedimos “ayuda”. A mí nunca se me ocurriría mostrar mis debilidades o mis dudas ante alguien que sé que habla pestes sobre nuestra lactancia, nuestro colecho, nuestro BLW, nuestro porteo, nuestros no-castigos, nuestros abrazos y besos tras una rabieta, nuestros malabares para que nuestra hija pase escolarizada el menor tiempo posible, mi empeño en no “aprincesar” a mi hija o nuestra obsesión por librarla de comentarios violentos y/o xenófobos. Yo también dudo a veces pero se me suele pasar observando a mi hija. Después sigo haciendo lo que a nosotras nos da la gana o, lo que es lo mismo, lo que nos hace felices. Sin manuales, sin gurús, sin interesados, sin largos plazos, sin moralejas.

Así que, si vienes a mí; tanto si lactas como si das biberones, tanto si colechas como si tu hijo duerme en su habitación, tanto si trituras las comidas como si no, tanto si porteas como si llevas el cochecito a todas partes, cuenta siempre con mi palabra amable y mi escucha activa (que no siempre con mi aprobación), pues, afortunadamente, he aprendido a diferenciar entre quién quiere mi opinión y quién quiere mi consuelo, y a actuar en consecuencia.


Si vienes a mí, te diré que, tú, todo lo puedes. Siento si eso no era lo querías oír.

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6 Comments

  1. Daniela says

    Gracias por tus palabras! Me encuentro identificada en mucho… Hace casi 9 meses que nació mi hija, y que nací tambien y abrí los ojos a este mundo de la teta, colecho, movimiento libre, fisiología… Y a veces me siento muy exigente conmigo misma y con las demás mamás… No puedo entender como a veces las costumbres instaladas en nuestra sociedad, le ganan al sentido común y a la fisiología…porque como bien decis, hay mucha informacion, pero hacia donde apuntar?Te felicito por tus palabras. Porque escuchar que todo lo podemos es lo que necesitamos, ojalá nuestros más cercanos también lo pronunciaran y ojalá confiemos siempre en nuestro instinto, en escuchar a nuestro hijo y aprender todo de el. Un afectuoso saludo para vos y todas las mamás que te leen.

    1. laurablanch
      laurablanch says

      Hola Daniela,

      Muchas gracias por tus palabras. Creo que muchas veces caemos en el juicio rápido por nuestra propia falta de apoyos. Todos necesitamos que nos digan que lo estamos haciendo bien y que podemos con todo, las madres también. Las madres, más.

      Un abrazo 🙂

  2. Helena says

    Sabias palabras las tuyas Laura. Un placer como siempre leerlas y sentir la fuerza de “quien no nada sola” 😉

    Uno de los aspectos que más siento que se me ha podido criticar en mi experiencia personal es precisamente la confianza que me ha llevado a dar cada uno de los pasos que nos han llevado hasta donde estamos. Lactancia, colecho, BLW, porteo, y en mi caso además el vegetarianismo para el peque. Siempre he sentido la mirada estupefacta, sobretodo de familiares muy cercanos, madres también, al ver la seguridad con la que he defendido cualquiera de mis posturas. El hecho de no dudar, de no necesitar de los consejos bien-intencionados de ellas, de no cuestionarme a pesar de sus experiencias, ha levantado ampollas en varias ocasiones, y aunque creo que al final ha devenido un respeto hacia mi forma de hacer, no ha sido fácil. Parece que como madre primeriza has de ser un mar de dudas y dejarte arrastrar por los consejos de “las que saben”, pero claro, cuando estos consejos van en dirección opuesta a tu filosofía de crianza, la “guerra” está servida.
    Por desgracia, he conocido a otras madres muy, muy influidas por su entorno, sobre todo por sus parejas y familiares muy cercanos, y eso las ha llevado a abandonar lactancias, a dejar de colechar, a dar triturados, y peor aún, a dejar de vivir plenamente esta etapa de transformación femenina, pasando someramente por ella y así, más acorde con lo que espera la sociedad.
    Y es que, ciertamente muchas de nosotras hemos agradecido unas palabras amigas, un apoyo moral en los momentos más bajos (que los ha habido y mucho), pero creo que cuando realmente te sientes en conexión con el proceso, cuando lo vives desde la raiz, surge esa confianza que nos hace creer en nosotras mismas y luchar contra viento y marea 🙂

    Gracias como siempre por compartir y por inspirar.

    Un abrazo

    1. laurablanch
      laurablanch says

      Wow Helena,

      Mil gracias a ti. ¡Qué comentario tan lleno de fuerza y energía! Gracias, gracias a ti por leerme, por entenderme, por acompañarme, por hacerme sonreír.

      Gracias 🙂

  3. Rosa says

    muchas gracias por tus palabras laura, que verdades tan bien expresadas. Me ha emocionado leerte y reconocerme, como casi siempre que te leo.
    Gracias porque esos momentos que dedicó a leer blogs de Mamas contracorriente me empodero, valido mis sentimientos y me siento orgullosa de cada paso que voy dando, porque me hacéis sentir acompañada en esas etapas que parece que lo que haces deja de tener sentido .
    Así que de nuevo, muchas gracias.

    1. laurablanch
      laurablanch says

      Hola Rosa,

      Gracias a ti por leerme y por dejarme saber que te sirve de apoyo lo que escribo. Yo también tengo mucho que agradecer mucho a la red, sobre todo en los primeros tiempos de mi maternidad.

      Un abrazo y adelante 🙂

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