Lactancia: la realidad a (mi) pie de calle

La semana pasada tuvo lugar la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Finalmente, no escribí ningún post nuevo al respecto porque si hay algo que podéis encontrar en mi blog son, precisamente, montones de posts sobre lactancia. Por ello, me limité a compartir en las redes sociales algunas entradas sobre el tema y a compartir una bonita foto de nuestros hermosos treinta meses lactando.

A estas alturas de nuestra lactancia, una siente que ya no necesita justificarse, razonar o alzar bandera alguna. De algún modo, pensaba que después de dos años y medio, la cosa en el campo de la lactancia, quizá, podría haber experimentado un giro excepcional y se hubiera convertido en lo “normal”, habitual y mayoritario. Esta impresión que empezaba a formarme tiene, sin duda, su origen en las redes sociales. Frecuento  tantos grupos sobre crianza respetuosa, lactancia, porteo y maternidad en general que he perdido la cuenta, y, en ellos, abundan las lactancias exclusivas respetadas, las lactancias de varios meses y las de varios años.

De hecho, en estos grupos, periódicamente aparecen varios casos de mujeres que lamentan la gran presión social que reciben al no amamantar a sus hijos y la grave intolerancia que sufren por parte de otras madres. Incluso, una llega a plantearse si realmente es así; si nos hemos convertido de repente en la otra parte, en esa otra parte que tanto daño nos ha hecho; si realmente la normalidad con la que las tetas han tomado las calles ha hecho que pasara desapercibido tal fenómeno ante mis ojos.

Afortunadamente, no me paso la vida encerrada en casa o sentada frente a una computadora. Cada día salgo a la calle y tomo dos autobuses. Hay días, como hoy, en los que el autobús se llena de cochecitos de bebé y sillas de paseo. Y es en este tipo de días en los que una aterriza en el mundo real y se lleva una bofetada de las gordas: biberones por doquier y consejos espantosos.

<<Al mío tuve que darle biberones porque quería pecho todo el día y como no se lo daba se quedaba con hambre>>, claro, si no se lo dabas… <<Al mío le doy un biberón con cereales para desayunar porque por la mañana no me sale leche>>, ¿por la tarde sí?… <<Dale un biberón y verás cómo se tranquiliza>>, ¡!… <<Mi leche era pura agua y le tuve que dar leche de bote>>… y así hasta la extenuación.

Pero, lo de hoy no es un caso aislado. Hace unas semanas, volví a casa con la sangre hirviendo y enfadada conmigo misma por no haber intervenido en esta situación:

*Bebé de pocos días en capazo de cochecito llorando desde hacía más de diez minutos.

*Mamá amamantadora, puérpera perdida, angustiada y claramente confusa con cómo “tenía” que actuar.

*Vieja cotilla y entrometida que no tuvo tantos reparos como yo a la hora de no meterme donde no me llaman.

Vieja entrometida: -Pobrecito, ¿qué le pasa?

Mamá puérpera: -Tiene hambre.

V.E.: -Siéntate y dale el biberón, mujer.

M.P.: -Es que no tengo biberón porque toma pecho.

V.E.: -¡Bueno! Claro, por eso está muertito de hambre, ¡criaturita! Dale un buen biberón y verás cómo se le pasan todos los males.

M.P.: -Me tendría que haber sacado leche para dársela con el biberón.

V.E.: -Nada, nada, mujer. Una buena leche de farmacia y verás cómo se pone.

Y, claro, la vieja se bajó del autobús y la chica se quedó ahí meneando el cochecito y con la cara desencajada.

¿Y yo? Pues yo me quedé con una rabia dentro que no puedo explicar. Porque a la vieja le hubiera dicho cuatro cosas como, por ejemplo, que no se metiera en la vida de los demás así tan alegremente, pero, sobre todo, porque moría de ganas por decirle a esa chica que su bebé sólo la necesitaba a ella, que quería estar entre sus brazos, que ella tenía la solución a sus llantos, que en su pecho estaba su felicidad, que su leche es el mejor alimento que su hijo recibirá jamás, que es la mejor madre que su hijo puede tener, que ella puede. Pero, claro, yo no voy por ahí profetizando y metiéndome en vidas ajenas y cuando una está puérpera puede ser herida por cualquier cosa, y esa no era mi intención.

¿Qué no hay información?

Muchas veces, lamentamos la falta de información correcta y veraz que hay sobre la lactancia materna, y llenamos páginas y páginas de internet hablando sobre falsos mitos. Nos quejamos de la cantidad de profesionales mal informados o desactualizados que campan por ahí como si fueran los únicos responsables del fracaso de muchas lactancias deseadas.

No es mi intención cargarnos con más culpas pero que, en la era de internet y las telecomunicaciones, me digan que no hay información, pues como que no me cuadra.

Del mismo modo que mi lactancia no es un éxito de mi comadrona, o de la pediatra de mi hija, tampoco hubiera sido toda su culpa si ésta hubiera fracasado o se hubiera terminado precozmente. Yo me informé, sé que no es fácil, sé que muchas veces la información (si no sabes bien dónde buscar o de qué pie cojea) es contradictoria pero está ahí para todo aquél que quiera tomarla.

La realidad de MI mundo real

La realidad  a pie de (mi) calle es que, de todos los bebés y niños que hay a mi alrededor más inmediato (cuando tienes un hijo se multiplican como los panes y los peces), podría contar con los dedos de una mano los niños de la edad de mi hija o mayores que fueron amamantados o que siguen tomando pecho. Y, lo que es más doloroso, de todos los recién nacidos que conozco y que son varios, sólo uno toma pecho y no es porque sus madres se negaran a amamantar.

Por otro lado, nunca he visto a nadie darse la vuelta para ver cómo le están dando un biberón a un recién nacido, nadie se escandaliza por eso (yo, un poco sí, lo confieso) pero sí he visto a mucha gente darse la vuelta para ver cómo le doy el pecho a mi hija de dos años y medio donde me da la gana. A veces, veo que comentan sotto voce con más o menos mala leche; a veces, me miran con sorpresa; a veces (las menos), me miran con gesto desaprobador; a veces, me sonríen; a veces, me lanzan un gesto de complicidad y, muchas otras veces, no veo porque no miro, porque me importa un pimiento, porque me gusta más mirar a mi hija, acariciarle el pelo o tomarle la mano cómo si estuviéramos bailando. Pero a nadie le deja indiferente ni le parece lo habitual ver a una niña “grande” tomando vida del pecho de su madre diosa.

Puede que en el mundo 2.0 el lobby de la teta tenga un poder asfixiante que hace sentirse señaladas a todas esas madres que no amamantan, pero la realidad es que, en el mundo real, el lobby de la teta no es tal y las tetas no han tomado las calles.

En conclusión (que me voy por las ramas y no termino nunca), lo que realmente creo que le hace falta a las madres no es información. La información está por todas partes, hoy en día la llevamos en el bolsillo o en la mano todo el día con nuestros smartphones. Lo que las madres necesitamos no es que nos digan que nuestra leche es lo más sano, que el calostro es la mejor vacuna, que dar el pecho es un acto de amor (se puede dar el biberón con el mismo amor que se da la teta, por eso es tan importante que también lo dé la madre)… No, lo que las madres necesitamos es que nos digan que podemos. Un <<Tú puedes amamantar>>, <<Lo estás haciendo genial>>, <<¿Te acompaño a buscar ayuda?>>, <<Conozco a alguien que te puede ayudar>>, <<Eres la mejor>>… eso sí que ayuda.

Pues eso, Mamá. Tú puedes.

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4 Comments

  1. Almudena Martínez says

    Opino como vosotras. La falta de información es un recurso pmuy fácil hoy día para responsabilizar al mundo de tus actos o no actos.para generaciones pasadas puede pero hoy…el ser padres conscientes es decisión tuya,no puedes delegar,para bien o para mal.mamis mamiferas!?

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      Hola Almudena,

      Yo entiendo que hay muchas veces que no todos/as tenemos los mismos recursos a la hora de buscar información y discernir cuál es la más adecuada. El problema está cuando alguien te sugiere que quiere una información y cuando se la brindas ni siquiera la mira. Eso sí me parece culpable porque en ese caso sí hay desidia y dejadez por un tema que se supone que es el que más te interesa en el mundo.

      Un abrazo 🙂

  2. Almudena Martínez says

    Opino como vosotras. La falta de información es un recurso pmuy fácil hoy día para responsabilizar al mundo de tus actos o no actos.para generaciones pasadas puede pero hoy…el ser padres conscientes es decisión tuya,no puedes delegar,para bien o para mal.mamis mamiferas!?

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      Hola Almudena,

      Yo entiendo que hay muchas veces que no todos/as tenemos los mismos recursos a la hora de buscar información y discernir cuál es la más adecuada. El problema está cuando alguien te sugiere que quiere una información y cuando se la brindas ni siquiera la mira. Eso sí me parece culpable porque en ese caso sí hay desidia y dejadez por un tema que se supone que es el que más te interesa en el mundo.

      Un abrazo 🙂

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