Época de regalos

La Navidad está a la vuelta de la esquina y se nota en el ambiente. Las tiendas y calles ya empiezan a engalanarse para la ocasión y los familiares ya atacan con la pregunta estrella de estas fechas “¿Qué le compramos al/a la niño/a?”.

Yo también suelo hacer esta pregunta, ya no por falta de ideas o imaginación, sino más bien para no incomodar a los padres con regalos repetidos o enormes o plagados de piezas pequeñas que acaban desperdigadas sin remedio, y porque nadie mejor que ellos conoce a sus hijos y lo que para mí puede ser un regalazo (una colección de cuentos, por ejemplo), para ellos puede ser un bodrio.

A mí ya me va bien que me lo pregunten aunque a veces a menudo no les guste mi respuesta. Es que si no echas el freno, muchas veces se cumpliría eso de “burro grande, ande o no ande”. Nuestra hija cumple los dos años en enero y, sinceramente, los dos años, a mi modo de ver, es mala edad para comprar juguetes. Yo entiendo que a la gente le hace ilusión comprar los juguetes cuanto más grandes mejor, cuanto más luminosos mejor y cuanto más ruidosos mejor pero seamos prácticos: no los usan. Este año ya han planeado sobre nuestras cabezas: cocinitas, triciclos (de esos que llevan un palo para que los empujes), bicicletas sin pedales (que no es que yo no confíe en las capacidades motrices de mi bebé… es que es pequeña, simplemente), supermercados y un largo etcétera. Estos regalos los hemos descartado por distintos motivos que paso a explicar:

Cocinitas: vaya por delante que me parece un juguete maravilloso y que me encantan, pero vivimos en un piso más bien pequeño, tenemos mucha terraza pero sólo dos habitaciones. Nosotros entendemos que la vida se hace en el salón y las habitaciones son para dormir, por lo que no le vemos mucho sentido a eso de convertir la futura habitación de la niña (colechamos) en una sala de juegos. En primer lugar, porque nos parece un sinsentido estar cada uno en una habitación y porque nos gusta hacer vida en común y pasar el tiempo juntos y, en segundo lugar, porque es más que probable que no quiera irse a jugar a la habitación (sola) y el trasto acabe en medio del salón… y no cabe.

Además, de igual modo que no le compramos una caseta ni una tienda de indios ni nada parecido y le hicimos nosotros mismos (con su maravillosa ayuda) una caseta de cartón súper bonita (aunque esté feo que yo lo diga) que podéis ver en mi Instagram, hay infinidad de tutoriales y DIY en internet de cocinitas de cartón varias que me parecen mucho más baratas, sostenibles, edificantes y gratificantes para todos. Aquí, aquí y aquí podéis ver algunos ejemplos, y si buscáis en San Google “cocinitas carton diy” no os las acabaréis. Vaya, que próximamente nos pondremos manos a la obra con ello y si en el salón no nos cabe (porque me da mucha pena desterrar la caseta) cabe la posibilidad de hacerle un hueco en la cocina y así a lo mejor conseguimos que la peque nos deje cocinar “tranquilos” mientras ella hace sus propios pinitos.

Triciclos: se rió mucho el día que probó el triciclo de su primo, pero me juego un guisante a que sacarlo a la calle sería un fracaso estrepitoso. A mi hija le gusta caminar, correr e ir en brazos y comprar un triciclo nuevo para ir terraza arriba, terraza abajo dos o tres veces, no tiene ningún sentido. Y sacarlo a la calle para pasearlo pues tampoco me apetece, prefiero tener las manos libres para cuando me las pide ella.

Bicicletas sin pedales: no es lo mismo una moto de esas de plástico con las ruedas bien gruesas que parecen más un correpasillos que una bici, que una bicicleta sin pedales de esas que se venden como “mi primera bicicleta”. Esos cacharros tienen ruedas de bicicleta, es decir, ruedas finitas y un manillar ligero. En fin, que no me parecen para nada adecuadas para niños/as de apenas dos años, y no sólo porque los fabricantes ya especifiquen que son para niños/as de tres a cinco años. ¡Qué manía con querer correr cuando se trata del crecimiento y el desarrollo de los más pequeños!

Supermercados: estamos en las mismas de la cocinita. Mucho trasto de plástico para que lo use más bien poco (de momento) y nos ocupe mucho. ¡Vivan los DIY con cartón y viva internet que alimenta nuestra creatividad!

Regalos que SÍ

Y diréis, ¿entonces que le van a traer el Gordete y los Reyes a vuestra hija? Pues bien, como nuestra bebé es pequeña para pedir nada y, afortunadamente, vemos muuuy poquito la tele y si la vemos intentamos que no trague anuncios, por el momento somos nosotros quienes “hacemos” la carta basándonos en sus gustos y preferencias. Y, a día de hoy, así van las cosas:

Moto correpasillos: o lo que comúnmente conocemos muchos como Moto Feber (por aquello de que la marca acaba nombrando al producto). La peque tiene una de estas motos porque nos la dieron pero está rota, así que ahora que recién empieza a hacerle algo de gracia subirse en ella, es buen momento para comprarle una que no se desmonte a la tercera vuelta por la terraza. Además, este año en la guardería nos pedirán que asistan a clase con ella los viernes, así que vamos adelantando deberes.

Colección de cuentos: no es nada nuevo si os digo que me encanta leer, amo escribir pero leer es una pasión total. Afortunadamente, y como supongo que a muchos niños, a mi hija le encantan los cuentos y disfruta muchísimo cuando nos sentamos juntas a leer uno y otro y otro más. A los dos años es importante elegir bien los cuentos porque si son extensos los peques desconectan enseguida, si tienen mucho texto no aguantarán ni el primer asalto (les encanta pasar las hojas), los dibujos tienen que estar cuidados y ser armónicos y, muy muy importante, hay que vigilar que la temática sea respetuosa. Estamos en el S.XXI y las princesas que necesitan a sus príncipes me ponen enferma (de hecho me pone enferma que la llamen princesa, demasiadas connotaciones negativas para mí… qué le vamos a hacer). Hay unos cuentos maravillosos  llamados “Érase dos veces” de Cuatro Tuercas que ya quisiera yo para mi biblioteca, o cualquiera de los cuentos respetuosos de Elena Mayorga como puede ser “La Estrella Pepita”. Pero, vaya, que me sirve cualquier cuento que huya de estereotipos, tabúes absurdos (como que los/las niños/as guapos/as no lloran… ¡GRRR!) y roles de género pre-impuestos, y que sea respetuoso con la naturaleza y los animales.

-Es muy probable que caiga algo de ropa: la ropa nunca viene mal y teniendo en cuenta que todos (excepto la madrina que tiene un ojo clínico y nosotros, claro) le compran la ropa grande enorme (una e incluso dos tallas), siempre es bienvenida. Este año ha estrenado bastantes pantalones y camisetas que le regalaron el año pasado (¡el verano pasado!) y que aún le durarán unos cuantos largos meses y eso que nuestra hija no es precisamente canija.

Peluches y muñecos varios: lo sé, son inevitables. La suerte es que, como no vemos apenas televisión, todavía no hay ningún dibujo que la tenga abducida y del que nos vayan a llenar la casa de merchandising. El inconveniente es que ya tenemos millones de peluches por casa y solo le hace caso a un par… y muy poco. Pero bueno, si cae algún personaje de Barrio Sésamo será bien recibido por todos.

DVDs molones: por “culpa” de Port Aventura, a nuestra hija le encanta Barrio Sésamo y yo encantada de la vida porque estoy absolutely in love con los personajes de Jim Henson desde siempre. Así que si alguien tiene la maravillosa idea de regalarle los DVDs de la serie, ocuparán un lugar de honor en nuestra estantería de greatest hits… y si no se los regala nadie, como dicen las malas lenguas que los Reyes son los padres, no me quedará más remedio que comprárselos yo misma.

Puzzles: no hay mucha variedad cuando se trata de encontrar puzzles adaptados a la edad de nuestra peque, pero me parecen una actividad maravillosa para su destreza motriz fina y su destreza mental. Tenemos uno que le regaló mi madre pero es de dos piezas y se frustra muchísimo, por lo que no me parece una buena idea para introducirla en el mundo de los puzles porque: si no es divertido no sirve.

Conclusión

En definitiva, nuestra idea de los regalos ideales dista mucho de llenar las cajas registradoras de los grandes centros comerciales y se ajusta un poco más a la practicidad y a la conciencia de la vida útil que tiene cada juguete. Sinceramente, la mayoría de juguetes que hay en el mercado no valen lo que cuestan.

Dentro de unos límites (término que dejo para los adultos), que cada uno regale lo que le apetezca pensando en nuestra hija y no en ellos mismos y su necesidad de demostrar nada. Eso sí, espero que nadie tenga la “brillante” (y a mala leche) idea de comprarle un bolso rosa y/o cursi porque me corto las venas… aunque si digo esto quizá contribuyo a que caiga uno, por eso de comprobar si cumplo mi palabra.

 

Vosotros/as, ¿tenéis algún regalo preferido para vuestros hijos? ¿tenéis algún regalo vetado que os pondría de muy mala uva que les compraran tipo pistolas o maquillajes? ¿os habéis planteado hacerles los regalos a mano en lugar de comprarlos? ¿tenéis ideas chulas de regalos DIY que les puedan entusiasmar?

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4 Comments

  1. Aina feltBABY says

    Hola Laura!
    Gracias ^_^ por la mención del tutorial de la cocinita de cartón. Tienes razón, hacer un@ mismo ciertas cosas (y encima con ayuda de ell@s!) es genial: yo creía que sería temporal lo de jugar con esta hasta llegar Navidad pero resiste tan bien que no la vamos a sustituir 😉
    Muy sabio lo de moderar los regalos de los bebés, un abrazo y gracias de nuevo por visitarnos!

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Hola Aina!

      Desde que tuve a mi hija que San Google es lo más maravilloso que hay jejeje Es fascinante la cantidad de cosas que podemos hacer nosotros mismos: más barato, más ecológico, más divertido y más personal.

      Gracias a ti por pasarte por aquí y comentar.

      Un abrazo 🙂

  2. En10salgo says

    Hola!
    Sinceramente, opino lo mismo respecto de los regalos para los niños/as. Lo he vivido con mi ahijado, y he tenido una experiencia no muy linda con algo tan divertido como lo es comprar/regalar/recibir regalos. Yo estaba comprándole un camioncito de plástico irrompible (duravit, otra marca que ha ganado) y él ya tenía autos a control remoto y de colección, por lo que no le interesaba en lo más mínimo lo adecuado a su edad :s Además ya a los 4/5 años ¡nadie sabía qué más comprarle! Ni hablar de películas, ya las tenía todas para verlas en su propio reproductor de DVD (WTF???) jaja.

    Un gran saludo Laura,
    M. Laura
    * En10salgo *

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Hola tocaya!

      Gracias por pasarte por aquí y comentar.

      La verdad es que es terrible que tengan tantas cosas (materiales y con tan poco valor) que ni sepan qué hacer con ellas ni les interese nada más. Están tan saturados que todo les parece poco o malo. Aunque la culpa es de los adultos que tendemos a olvidar que el regalo más importante que podemos hacer a nuestros pequeños es nuestro tiempo.

      Un abrazo 🙂

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