El instinto es progreso

El mercado está lleno de infinidad de cacharros para “facilitarnos” la vida cuando tenemos hijos. La mayoría de ellos están pensados para sustituir nuestro contacto, nuestra interacción intelectual e, incluso, nuestra presencia, que –dejadme que lo diga- son insustituibles. El mercado está lleno de cunas y hamaquitas que se mecen solas, cacharros con música para hipnotizar a bebés desconcertados, cuentos que se cuentan solos, juguetes que hablan y casi mantienen conversaciones, vigila-bebés con sonido de retorno para que puedas tranquilizar con la voz a tu bebé sin moverte del sofá, dudús y otros objetos de apego; y una lista interminable de trastos que, en muchos casos, terminan vendiéndose de segunda mano, casi nuevos y muy por debajo de su valor de mercado.

Según con quién hables, te dirá que se trata de objetos que forman parte de nuestra evolución y progreso como especie. Algo así como que si no los usas y no los entiendes como algo positivo y liberador, te estás quedando atrás.

Nosotros no hemos usado ninguno de esos trastos. Nuestros brazos siguen acunando; mis pechos siguen consolando, alimentando, ayudando a conciliar el sueño, conteniendo y divirtiendo; nuestros cuerpos portean y son un parque de atracciones; las batidoras no se han enchufado y los aviones no han volado; ningún muñeco ha entrado en nuestra cama porque para muñecos ya estamos nosotros, y más calentitos y guapos que somos; muy ocasionalmente, algún muñeco cruza el umbral de la puerta con nosotros pero, casi siempre, termina olvidado a los pocos minutos en el asiento trasero del coche o en el bolso más cercano. Y no, no somos mejores padres que los demás, pero tampoco nos estamos quedando atrás ni vivimos en una caverna. El progreso no tiene nada que ver con mecanizarlo todo, el progreso consiste en ser feliz y hacer felices a los demás.

La tranquilidad de no temer por la vida

Es evidente que en nuestra sociedad no hay ningún peligro inmediato y urgente que nos quite el sueño. Está claro que si dejo a mi hija durmiendo en otra habitación no tendré que montar guardia en la puerta para que no se la coma un lobo o un león. Sé que puedo dejar que mi hija se lleve cosas a la boca (siempre vigilando que los productos tóxicos no estén a su alcance) sin preocuparme de que vaya a envenenarse hasta morir aunque sí puede que pille una buena diarrea. Sé que, si el día que tiene muchos mocos, no pongo el humidificador antes de acostarnos, puedo tener por seguro que esa noche me tocará dar cabezazos mal-durmiendo sentada para procurarle a ella un sueño reparador. Sé que hay muchos momentos en que los objetos nos pueden echar una mano a sobrellevar una situación pero también sé que nadie puede hacer las cosas por nuestra hija mejor que nosotros mismos.

Estamos tan seguros de que no nos pasará nada, tan seguros de que cuando abramos los ojos cada mañana veremos a nuestros hijos, ya sea para reírnos, besarnos, abrazarnos o reñir, que hemos caído en la trampa de no pensar que cada segundo cuenta. Nos han contado esa historia del tiempo de calidad mejor que la cantidad de tiempo (que sí, que más vale calidad que cantidad, pero que ver a tus hijos una hora al día, por mucho que os riáis durante ese rato, no es suficiente para ellos ni para ti; pregúntatelo, pregúntaselo), esa historia que podría asemejarse a esa otra que nos contaron sobre que para ser una mujer liberada debías dar un portazo y huir de tu casa, de tu pareja y de tus hijos para ser sólo tú (cómo si ellos no formaran parte de ti y de ese tú que sientes que eres).

Está bien, si el problema es que hemos perdido la noción de la importancia del contacto y del tiempo, os propongo un ejercicio aprovechando mi pasión por la Historia y, sobre todo, por la II Guerra Mundial y todo lo que se relaciona con ella: imagina.

Imagina

Intenta situarte en la Cracovia de 1939. Imagina que eres una ciudadana judía, miembro de una comunidad emergente y próspera. Imagina que vives en uno de los barrios más bellos y culturalmente ricos de la ciudad a orillas del Vístula. Imagina que no te falta de nada, que tu familia ha prosperado con su negocio familiar o que, simplemente, vuestra buena formación os ha permitido gozar de un nivel de vida más que aceptable. Imagina que, a menudo, tu familia es de las primeras en disfrutar de las novedades en lo que se refiere a ropa, zapatos, libros, música, aparatos de radio. Imagina que, incluso, habéis conseguido comprar para vuestro primer retoño un nuevo carrito de paseo precioso y dificilísimo de encontrar en toda Polonia.

Ahora, imagina que un día enciendes tu modernísimo transistor y el locutor anuncia que <<por última vez>> sonará el himno nacional Polaco, puesto que el ejército nazi está a las puertas de tu ciudad. Imagina al coloso nacional-socialista tomando tus calles, aplastándolo todo.

Imagina que una mañana te levantas entre gritos, empujones y los llantos de tu bebé porque los soldados de Hitler han decidido que tu casa les pertenece, que tu negocio es ilegal y que todos tus bienes quedan requisados.

Imagina que esa misma tarde te suben a un camión junto a tu marido y tu hijo y, con una pequeña maleta en la que te han dejado meter cuatro cosas mal contadas, te obligan a instalarte en un pequeño gueto delimitado por verjas junto a tus antiguos vecinos y miles y miles de personas que no conoces y con las que convivirás en un espacio inimaginablemente reducido durante meses.

Vamos a dejarlo aquí. ¿Qué crees que pensarías en una circunstancia así? ¿Crees que echarías en falta todas esas moderneces que te facilitan el día a día o crees que querrías ocuparte personalmente de todo lo que tuviera que ver con tu hijo? ¿Crees que querrías dejar a tu hijo en una cuna en otra habitación o que querrías tenerlo todo el tiempo contigo y no perderlo de vista ni un segundo? ¿Crees que necesitarías sacar un tiempo para hacer “tus cosas” y buscarías a alguien a quién dejarle a tu hijo desesperadamente o crees que no querrías despegarte de tu pequeño ni un momento? ¿Crees que pensarías en todas las cosas que te estás perdiendo por ocuparte al cien por cien de tu bebé o crees que pensarías en todas esas cosas junto a él que no querrías perderte por nada del mundo y no sabes si conseguirás vivirlas?

Que cada uno/a viva su paternidad/maternidad como le haga feliz

Está bien, puede que sea poco probable encontrarse en una circunstancia como la descrita anteriormente (aunque, sin ánimo de alarmar, nunca puede descartarse mientras sigamos viviendo entre depredadores) pero dónde yo quería llegar era, precisamente, a intentar hacer balance y valorar el tiempo y la infancia de nuestros hijos en su justa medida. Por supuesto que verás a tu hijo más tarde, pero ¿por qué no verlo antes si tienes la posibilidad? Es cierto que tenéis toda una vida por delante pero los cimientos se construyen ahora y es muy difícil reconstruirlos sin derribar paredes maestras.

Nuestro ritmo de vida nos lleva muchas veces a “necesitar” sustitutos de cualquier tipo. Todos hemos necesitado un momento de distracción para nuestros pequeños aunque sea para darnos una ducha fugaz sin la banda sonora de un llanto desgarrador y no todas estamos dispuestas a amamantar a nuestros bebés mientras hacemos de vientre (no te rías, sé que también lo has hecho); pero entre dejarlos un momentito y dejarlos por sistema aprovechando que tiene tal o cual cosa que lo distrae, son cosas muy distintas. Dejarlo con la abuela una mañana porque ya no puedes faltar más al trabajo y tu pequeño sigue malito o dejarlo, fin de semana sí fin de semana también, con cualquiera que se ofrezca para iros de hoteles o de tapas o de fiesta o de lo que sea para lo que os estorba vuestro hijo, son cosas muy muy distintas.

Que sí, que cada uno hace lo que puede o quiere, cómo puede o quiere y con lo que tiene. Que unos no quieren más a sus hijos por verlos todo el día y que los otros no quieren menos a sus hijos por verlos poco. Que igual que yo quiero que me respeten por decidir pasar todo el tiempo posible con mi hija porque creo que es el mejor regalo y el mejor legado que puedo dejarle, debo respetar a aquellos que deciden trabajar de sol a sol (no me refiero a quienes no tienen más remedio) para dejarle un imperio (¡?) a sus hijos porque creen que es lo mejor para ellos y la mejor herencia que pueden dejarles, aunque prefieran pasar su tiempo libre sin ellos y aunque sin ser del todo conscientes decidan perderse gran parte de la infancia de sus pequeños y en consecuencia los ratos que pasen juntos tampoco sean del todo satisfactorios porque la falta de contacto tiene que salir por alguna parte. Que sí, que lo sé, que hay muchas formas de maternar/paternar y ninguna es la definitiva, pero, en la era de la información, el que ignora es porque quiere.

Sin embargo, sí quiero destacar algunas cosas y para ello vuelvo a la importancia de tomar conciencia sobre el tiempo:

– sólo se es bebé que ni siquiera se aguanta sentado una vez

– sólo se aprende a caminar una vez

– sólo hay una primera fruta que morder

– sólo se tienen los maravillosos dos años una vez

– sólo hay un primer pañal que dejar

– sólo hay un primer pipí en el wc

– sólo hay un primer día de colegio

– sólo hay una primera fiesta de fin de curso

– sólo hay un primer cumpleaños (y un segundo, y un tercero…)

– sólo hay un primer diente que ver salir

– sólo hay un primer diente que cae

– sólo hay una primera frustración que termina en pataleta de emociones desbocadas

– sólo hay una primera vez en la playa

– sólo hay una primera vez en la nieve

– sólo hay una primera vez en autobús, en tren, en avión, en barco…

– sólo hay una primera vez en la biblioteca

– sólo hay un primer cuento

– sólo hay una primera canción cantada

– sólo hay un primer baile

– sólo hay una primera vez de dormir fuera de casa (y en plan excursión o viaje con los padres no tiene punto de comparación)

– … sólo somos niños una vez…

No te pierdas las primeras veces de tus hijos, no vuelven.

Nadie dice que tengas que olvidar proyectos, sueños, aficiones; lo que sí es importante que alguien diga es que esta época de primeras veces en la que nuestros hijos nos necesitan tantísimo (y nosotros a ellos) termina y pasa volando; que esa novela que te espera en el cajón seguirá ahí cuando estés preparada para retomarla; que esa tienda de ropa que quieres montar será todo un éxito si te encuentra en un momento de tu vida más tranquilo y en el que no sientas que estás abandonando nada; que esas tardes de cine que tanto disfrutabais volverán e, incluso, un día podréis disfrutar todos de la misma película y compartir más momentos maravillosos… que todo pasa, lo malo pero también lo bueno, y que es necesario que exprimamos todos los momentos porque éstos nunca volverán.

Y, no. No eres ermitaño/a, ni anti-social, ni anticuado/a, ni cavernícola, ni siquiera eres hippie. Eres madre/padre, eres insustituible por más que te digan lo contrario, eres humano/a, eres mamífero/a. Eres instinto. Eres libre. Eres amor… Disfrútalo. Progresa.

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12 Comments

  1. Bea says

    laura, me has hecho llorar, porque hoy justo lo hablé con mi compañera. Donde se han quedado esos 3 meses de verano q íbamos con nuestra madre de la playa a la piscina, al parque y llegar a casa, cenar y al día siguiente vuelta a empezar?? Me doy cuenta q a veces me pierdo muchas cosas y por eso en cuanto salgo del trabajo me voy pitando con ella. Y hay veces q me siento culpable por no poder estar más, no poder ir a buscarla o llevarla… En fin… A ver si m toca la lotería… Jejeje

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      Sí, Bea. Yo sólo la dejo por las mañanas y aún así muchas veces me pregunto cómo serían las cosas si no tuviéramos que separarnos y no depender tanto de horarios y rutinas. En fin… que a ver si nos toca a ambas 😛

      Un abrazo 🙂

  2. Madre primeriza says

    Ay, Laura, Laura… ¡Menudo post!
    Yo creo que he pasado mucho tiempo con Emma, a pesar de llevarla unas horas a la guardería, y no tengo ningún arrepentimiento porque he sido testimonio de todas sus primeras cosas.
    Sin embargo, lo que echo de menos de, digamos, la vida de antes es el sentimiento de tribu o vecindario. Antes los bebés crecían muy cerca de su familia y, cuando se convertían en niños y podían trepar y correr, iban muy a su aire, muy entre otros niños y hermanos y primos, y tenían otros adultos/familiares/vecinos de referencia.
    Ahora hay muchos bebés que pasan poco tiempo con sus familias y que de niños pasan mucho tiempo con sus padres (o peor: con extraescolares) y poco tiempo con otros iguales (niños) y sin otros adultos de referencia. O al menos es lo que noto…
    ¿No es contradictorio?
    No sé, como te digo es lo que siento porque Emma, que ya tiene cuatro años y ya no quiere pasar las tardes conmigo: ¡quiere aprender con otros niños! Quiere ¡¡¡paaarque!!! Desnudarse, ir a la fuente y bañarse, corretear, ir en bici, escalar, etc. Saber que yo estoy cerca por si tiene problemas es suficiente para ella y eso a mí me llena de alegría porque la veo segura de sí misma. Ahora bien, luego a la noche bien pegadita a mamá y papá. Esa ración diaria de amor la sigue necesitando y nosotros se la damos con mucho gusto (que también la necesitamos, a qué engañarnos, sobre todo yo 🙂 ).
    Un besazo preciosa y muy interesante post!

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Hola bonita!

      Yo sólo llevo a Alma cuatro horitas a la guardería y aunque también he sido testigo de todas sus primeras veces y afortunadamente no tengo que “arrepentirme” o lamentar la ausencia (todos sus hitos de crecimiento los ha desarrollado primero en casa y después se ha “soltado” a hacerlo en la guardería), no quita que también sienta que me pierdo muchos momentos y que, muchas veces, tenemos que lidiar más con sus momentos malos debidos a la sobre-estimulación a la que se ve sometida (es una niña súper-movida a la que le encanta la actividad pero que, ya desde que nació, en seguida se sobre-estimula y eso la irrita. De ahí que nosotros seamos tan cuidadosos con sus momentos de descanso y, sobre todo, con sus momentos de sueño).
      Lo que lamento es no haber podido darle una vida más “slow” en sus primeros años de vida.

      Eso sí, en este momento no me plantearía, en absoluto, dejar de llevarla a la guardería porque, simplemente, LE ENCANTA y adora a sus compañeros y maestras.

      Tienes toda la razón en que hay situaciones contradictorias. También conozco personas que evitaban darle brazos a sus hijos recién nacidos para que no se acostumbraran y que a los tres años los “obligan” a permanecer pegados a sus padres.

      Por supuesto que Emma es una niña segura de sí misma. Os ha tenido siempre que os ha necesitado (incluso cuando no os ha necesitado ha sentido que estabais ahí). Su libertad y sus ganas de fiesta son el fruto de haber estado siempre cerquita 🙂

      Un abrazo 🙂

      P.D.: Ese “Ay, Laura, Laura…” ¿era una regañina? 😛 Un beso!

  3. Madre primeriza says

    Ay, Laura, Laura… ¡Menudo post!
    Yo creo que he pasado mucho tiempo con Emma, a pesar de llevarla unas horas a la guardería, y no tengo ningún arrepentimiento porque he sido testimonio de todas sus primeras cosas.
    Sin embargo, lo que echo de menos de, digamos, la vida de antes es el sentimiento de tribu o vecindario. Antes los bebés crecían muy cerca de su familia y, cuando se convertían en niños y podían trepar y correr, iban muy a su aire, muy entre otros niños y hermanos y primos, y tenían otros adultos/familiares/vecinos de referencia.
    Ahora hay muchos bebés que pasan poco tiempo con sus familias y que de niños pasan mucho tiempo con sus padres (o peor: con extraescolares) y poco tiempo con otros iguales (niños) y sin otros adultos de referencia. O al menos es lo que noto…
    ¿No es contradictorio?
    No sé, como te digo es lo que siento porque Emma, que ya tiene cuatro años y ya no quiere pasar las tardes conmigo: ¡quiere aprender con otros niños! Quiere ¡¡¡paaarque!!! Desnudarse, ir a la fuente y bañarse, corretear, ir en bici, escalar, etc. Saber que yo estoy cerca por si tiene problemas es suficiente para ella y eso a mí me llena de alegría porque la veo segura de sí misma. Ahora bien, luego a la noche bien pegadita a mamá y papá. Esa ración diaria de amor la sigue necesitando y nosotros se la damos con mucho gusto (que también la necesitamos, a qué engañarnos, sobre todo yo 🙂 ).
    Un besazo preciosa y muy interesante post!

  4. Madre primeriza says

    No, para nada! Era un ay, madre! en plan adulatorio porque es un post muy currado!
    Ya sabes que me encantan estos posts 🙂

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Buf! ¡Qué descanso! Ya pensaba que me había tirao’ al monte del lado oscuro jijiji
      Me encanta que te encanten 😉

      Un beso :*

  5. Madre primeriza says

    No, para nada! Era un ay, madre! en plan adulatorio porque es un post muy currado!
    Ya sabes que me encantan estos posts 🙂

    1. Laura Blanch
      Laura Blanch says

      ¡Buf! ¡Qué descanso! Ya pensaba que me había tirao’ al monte del lado oscuro jijiji
      Me encanta que te encanten 😉

      Un beso :*

  6. Mamá Koala says

    Me has leído el corazón al escribir esto..el tiempo pasa tan rápido y yo no quiero perderme nada. Inventan tantas cosas para dejarnos a las mamás “tiempo libre”, y yo cada día lo digo y lo reafirmo, mi tiempo es ahora, junto a mi niña. Que si que extrañar duchas más largas o salidas con amigas, pero más me compensa y recompensa estar con ella. Te leo hace mucho pero desde mi perfil personal y este post es, de lejos, mi preferido

    1. laurablanch
      laurablanch says

      Gracias Mamá Koala por seguirme <3

      Yo también siento a veces que me estoy perdiendo alguna cosa por el camino pero también siento que tendré toda la vida para retomar aquellas cosas que dejé de hacer. En cambio siento que cada momento que pierdo lejos de mi hija es irrecuperable e insustituible.

      Un abrazo 🙂

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