Condenada a ser libre

Malena había cumplido su sueño. Tras muchos años de abandono social, tras muchos años sufriendo el castigo que suponen el silencio, la incredulidad y el mirar hacia otro lado de familiares y amigos, por fin se había decidido. Por fin, había dicho basta. Sabía que seguiría amándole toda su vida, no en vano había sido el hombre con quien se hizo mujer, pero también sabía que permanecer a su lado sería su perdición.

Tras los barrotes de su celda contemplaba el paisaje soleado que adornaba el muro más alto de la prisión. Le buscó mirando al cielo y con una sonrisa tierna cruzando su rostro, murmuró: <<espero que algún día puedas perdonarme como yo te he perdonado a ti>>. Y, por primera vez desde ya no recordaba cuándo, volvió a sentir el dulce escalofrío de la libertad.

Malena había cumplido su sueño: apartar el miedo de su vida.

 

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