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Soy Madre

Sí, Soy Madre. No me he exprimido mucho los sesos para bautizar esta sección, ¿verdad? Pues no lo he hecho por una simple razón, y es que ahora: Soy Madre.

Así, con mayúsculas, a tiempo completo. El terremoto de la maternidad ha supuesto para mí no disponer de mi tiempo, de mi cerebro, de mi cuerpo, de mi sueño ni siquiera de mi oxígeno desde que nació mi pequeña -no es una queja, es una descripción. Desde ese maravilloso e indescriptible momento en que pasó de mi vientre a mis brazos a mi pecho, todo mi mundo gira a su alrededor y todo aquello que no tiene que ver directamente con ella se hace en un “corre-corre” y “cómo quede, quedará” frenéticos.

Y ahí viene lo más hermoso de haberme convertido en Madre, haber descubierto que no soy una única persona; ahora sé que soy muchas personas. Soy escritora, soy trabajadora a sueldo, soy pareja enamorada, Soy Madre y, por encima de todo, he conectado con lo más profundo y primitivo de mi identidad: soy mujer, muy mujer.

Cuando alguien nombra la “operación pañal”, lo primero que se me ocurre es que unos adultos han decidido (previa valoración de que el niño está preparado o sin ella) retirar el pañal a su hijo/a, lo haya pedido éste/a o no, y a ver qué pasa. De hecho, los grupos sobre crianza están repletos de…

Si hay algo que tengo claro (tenemos) es que nuestra pequeña manzana será hija única (por lo menos biológicamente hablando). Ya se sabe que a medida que la vida nos va pasando por encima podemos modificar nuestras impresiones y necesidades pero, hoy por hoy, nuestro sentir es éste y es inamovible. Lo sé, y así…

Hoy no vengo a hacer una de esas disertaciones que me salen a menudo aunque mi intención no sea la de extenderme (lo siento, no tengo el don de la síntesis y todo me parece importante), simplemente, vengo a lanzar una pequeña reflexión y es que, queridos/as, como en otras tantas circunstancias de la vida,…

El mercado está lleno de infinidad de cacharros para “facilitarnos” la vida cuando tenemos hijos. La mayoría de ellos están pensados para sustituir nuestro contacto, nuestra interacción intelectual e, incluso, nuestra presencia, que –dejadme que lo diga- son insustituibles. El mercado está lleno de cunas y hamaquitas que se mecen solas, cacharros con música para…