Treinta y dos otoños como treinta y dos soles. Quizá por eso me gusta tanto esta estación, su temperatura, sus colores; al fin y al cabo, es lo primero que vi y sentí cuando abrí los ojos a este mundo por primera vez: el otoño (bueno, en realidad, lo primero que debí ver era material…

Hace treinta y tres meses que me convertí en madre con todas las letras, y cuarenta y dos meses que mi cuerpo, en toda su sabiduría, es mucha más madre de lo que yo seré jamás. En este tiempo he conocido física o virtualmente a muchas madres, porque si algo tiene la maternidad es que,…

Cuando uno/a trabaja y tiene a sus hijos escolarizados, no puede tomarse días libres a la ligera sino que se ve obligado/a a cuadrar vacaciones y días sueltos con los festivos del centro escolar (y dejarse días guardados para imprevistos). Pero, por suerte o por desgracia, trabajo fuera –pero cerca- de mi lugar de residencia…