Ausencia justificada

No, no me he cansado de escribir. No, no me he cansado de que mis letras estén y vayan a ninguna parte. No. Escribir me mantiene viva y mentalmente en forma y no he dejado de hacerlo ni uno sólo de éstos días de ausencia. Pero entonces, ¿por qué estos casi dos meses de práctica inactividad en la página?

Toda demora tiene una justificación y la mía es una de las mejores que podría argumentar.

Dicen que los tres primeros meses de un embarazo son los más duros en lo que se refiere al malestar general (los tres últimos son los más duros en lo que se refiere al agotamiento físico) y, todo y que en mi caso no puedo quejarme de mi primer trimestre (efectivamente, en esta casa se están contando los meses hasta la llegada de un nuevo miembro), hay por lo menos dos factores que me han dificultado la escritura y sobre todo la concentración.

Como digo, no puedo quejarme pues estoy teniendo un embarazo bastante plácido y desde hace unas tres semanas vuelvo a sentirme prácticamente como si nada estuviera ocurriendo dentro de mí (excepto por la continua sensación de vejiga llena y la incipiente barriga cervecera que asoma sobre la cintura de mis pantalones), pero durante los dos primeros meses y medio y desde el primer día, los mareos, moderados o no, me han acompañado mañana, tarde y noche (a veces concediéndome una tregua y a veces no). Por no hablar del sueño voraz y la sensación de cansancio irremediable. Como es obvio, estos factores me dificultaban en gran medida la escritura; los mareos, porque mirar continuamente hacia abajo era un lujo que no podía permitirme y el sueño, porque ponerme frente al ordenador con la intención de teclear lo que antes hubiera escrito a mano terminaba inevitablemente en siesta. Todo esto sumado a una continua sensación de que todo aquello que salía de mi bolígrafo era poco más que basura (llámenlo auto exigencia u hormonas en pie de guerra).

Aun con eso, debo decir que me siento afortunada. Ni un vómito, apenas un par de náuseas y no muchos más ascos que los que vengo sufriendo con según que olores desde que dejé de fumar hace ya dos años y medio. Sin embargo, no sólo los mareos y el sueño paralizaban mi bolígrafo. Inevitablemente, mi mente se distraía continuamente dándole vueltas siempre al mismo tema, y es que voy a ser madre. He estado casi más embarazada mentalmente que físicamente, sobre todo durante los primeros tres meses en los que guardamos un difícil pero absoluto silencio.

Por supuesto que me sigue ocupando y preocupando lo que ocurre en el país y en el mundo y no he desconectado un solo día, pero hay cosas en la vida más importantes que provocarse una úlcera viendo los informativos o leyendo la prensa: la vida es lo más importante. Y si hay algo que tengo claro es que, sin olvidar el mundo que nos rodea porque es parte importante de nosotros, lo esencial para mí en esta etapa de mi existencia es asegurarme de mi bienestar y el de mi pareja porque es lo que asegurará un bienestar para nuestro futuro bebé.

De todas formas, no he vuelto porque nunca me fui y mi bolígrafo sigue cargado y escupiendo todos los días a la espera de que un momento de concentración me permita transcribirlo y compartirlo con el mundo. La felicidad absoluta que me embarga desde hace meses no empaña mi capacidad crítica y de reflexión. Hace tiempo que llegué para quedarme, no será tan fácil deshacerse de mí.

 

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